Oscar Cruz: La coalición/ algunas ideas

 

(Presentación de la antología The Cuban Team. Los once poetas cubanos. Hypermedia, 2016).

Acepté la invitación de Hypermedia de entregar “una selección de poesía cubana contemporánea, contentiva de poetas residentes en Cuba”, no con la idea de tramar una antología o un directorio de la camada más reciente; tampoco de fijar falsas simpatías con autores —que a la verdad, no me interesan—, sino de mostrar un proceso, una coalición que ha venido haciendo lo suyo en mitad de un charangón de poetines y princesas.

Decir poesía cubana contemporánea hecha en Cuba, ¿qué es? ¿Un grupo de autores? ¿Una institución? ¿Relaciones interprovinciales de poder? ¿Es el MINCULT? ¿El Estado? ¿La sumatoria de todas las fuerzas? ¿Es aquello que publica Unión y Letras Cubanas? ¿Es un sistema de Premios? ¿Escrituras situadas? ¿Una voz en particular? ¿O acaso hablamos de una tensión entre cultura mundial y tradiciones locales, entre la tendencia de construir grandes grupos de memoria colectiva o de resistencias marginales más inmediatas? ¿Hablamos de los Gourriel?

No voy a teorizar aquí sobre esto, pues no soy un ensayista ni un académico de mérito; hablaré desde mi simple condición de editor y tramador de poemetos, sobre los autores que escogí, porque son, como ya dije, una coalición contra la abulia y el gran aburrimiento, contra las formas precocidas de representación. No me refiero a un conjunto de escritores que se reúnen bajo un mismo objetivo o interés para complotarse contra algo que les resulta nocivo, sino todo lo contrario: me refiero a diez poetas que “cada uno a su manera, en su onda y en su tiempo”, ha logrado convertir su trabajo en una zona de resistencia e intervención, que se distingue por sus propios valores del resto indivisible que la rodea.

La maldita circunstancia de los bodrios por todas partes

Para nadie que haya estado al tanto del mundillo editorial cubano en los últimos años, es un secreto la proliferación de selecciones y antologías que bajo un pretexto, por lo general de índole temática, dan rienda suelta a las más terribles de las maquinaciones y ponen a circular tomos tras tomos de mazamba, que van desde la bandera cubana a la Virgen de la Caridad del Cobre, y de esta a la hoja tersa del tabaco, pasando por fetiches como el agua, los peces de colores o los nacidos después del ‛70, el ‛80 y más allá. No queda ante el llamado de estas intenciones “muñeco con cabeza”. Todos sin excepción entramos allí, en un juego tenaz convertido en modus vivendi por unos cuantos bienamados de la Terna. La mayoría de estos engendros adolece de lo mismo: no presentan un aparato crítico que haga factible su existencia, la calidad de los textos deja mucho que desear, pues no es eso lo que concierne y no tienen otro fin que convertirse, en un período brevísimo de tiempo, en papel moneda, en algo que conocemos como “más de lo mismo”. De ahí que hubiera rondado mi cabeza desde hacía algunos años, la idea de poner a circular una selección que apartara los ojos del tórrido barullo. Fue entonces que tramamos J. R. Sánchez y yo (finales de 2010), a partir del trabajo realizado desde la noria, armar La Invasión, una falange que reuniera cuando más a 10 autores de la mal llamada “Generación 0”, y que mostrara cómo esta estaba impactando el entramado nacional. Pero este proyecto se varó, se detuvo en el tiempo por razones de agua y tierra. Para ese momento, yo había reafirmado “La Purga”, un proceso que inició en febrero/marzo de 2009 y que vio culminación en el verano de ese año.

La Purga

Coloqué sobre la mesa, simulando “Las Petronas”, varios libros publicados por poetas de la “Bella”. Quería sobre todo sopesarlos. Me tumbé sobre el camastro como un Rey de los suburbios y sin mucho que exigirme comencé. Aquellos poetastros comenzaron a ablandarse, no lograron de primera, entenderse con el fibro, con las olas que en La Franja distribuyen el calor. Escrituras-Melaza. Escrituras de Leche. Boberías. Qué decepción. Bienvenido al país de Melancolia. ¿Una poesía del lenguaje? ¿Qué lenguaje? ¿Un compendio de lo bello? ¿Qué belleza? Intentos precarios de civilidad llevados a su cota más alta por Novás y Escobar, dos autores sobrados, que —amén de ya estar muertos—, en buena medida, pactaron también con la melaza. De aquellas “maravillas” me quedé con ‛cuatro gatos’, los otros con el fuego se expiaron.

La Selección 

Entonces convoqué a 5 del ‛80 y a 6 degenerados de la “Cero−Generación”, de manera que pueda entreverarse una relación, una fuerza que atraviese la muestra buscando una ilación no solo temporal, sino de perspectiva.

Inicia con Soleida Ríos, autora que se ha forjado (desde una estructura rota, que empezó a ejercer tiranía en su literatura a partir de El texto sucio y que encontrara su expresión más alta en Escritos al revés y posteriormente en Estrías) una escritura que, al igual que una concretera, mezcla prosa, verso libre, paréntesis, rupturas, diálogos; una suerte de collage muy contemporáneo. Textos que intervienen los espacios de la memoria y el sueño para llevarnos a sitios devastados y vueltos a fundar en el poema, con un lenguaje que no esconde su fluencia, su registro de cuerpos y de voces. Poesía instalativa, fragmentaria. En Soleida se percibe una libertad poco alegre, más bien de insumisión y contracanto.

Reina María Rodríguez, poesía de marcado lirismo, furgón de significados, páramos donde coinciden los pedazos de un mundo hecho de hallazgos y pérdidas, de encuentros y desencuentros, donde la muerte se camufla bajo las teclas de un piano para dejar escapar las melodías de una no-vida, la voz de un mundo tan frágil como el sexo o el amor. Ha publicado en los últimos años, libros gratificados por la crítica como Catch and release, El libro de las clientas y Variedades de Galeano, así como su antología poética personal Bosque negro. Reina ha sido protagonista del desarrollo y la evolución del pensamiento poético cubano desde los años ‛80; y los espacios de intervención creados por ella como Paideia o el proyecto editorial Torre de Letras, han sido vitales para la formación intelectual y poética de muchos autores de varias generaciones.

Juan Carlos Flores, poeta suburbano que ha edificado su vida respirando la aridez y el salitre de ese promontorio del este llamado Alamar; zapador de cañerías, escritor de lo real. Poeta conciso con un sentido subversivo del humor. Conocedor de los cantos tribales celtas y norteamericanos, ha descubierto en esa circularidad su camino hacia “El Dorado”. Autor de libros probados como Distintos modos de cavar un túnel y El contragolpe (y otros poemas horizontales). Ha estado vinculado a grupos experimentales como “Omni-Zonafranca”, cuyas acciones de intervención pública a partir del hip-hop, el rap y la performance, han servido de detonante para sus proyectos creativos.

Carlos Augusto Alfonso, ha firmado libros como Cabeza abajo y Cerval, con una perspectiva épica que hace que sus textos se desplacen como máquinas de guerra entre lo culto y lo popular, entre la Historia y las microhistorias cotidianas (escenas callejeras). Un poeta cuyas búsquedas formales han devenido en un hermetismo tal, que algunos críticos y/o poetas lo han considerado como un “neobarroco”. Su antología personal Protestante, publicada recientemente por Ediciones Unión, lo emparentan en calidad, con autores como Ángel Escobar y Raúl Hernández Novás.

Omar Pérez, escribió Algo de lo sagrado, poesía marcadamente civil, cuestionadora de las deformaciones político-sociales, que trata de rescatar para el poema una musicalidad que le había sido negada por la retórica insular y baldía que reinó en Cuba durante los últimos años. Su trabajo como traductor de varias lenguas ha potenciado en su escritura un territorio de constante experimentación formal y sintáctica, que puede verificarse en volúmenes como Lingua franca y Crítica de la razón puta.

La Renovación/ Seis (del 2000), sí

Asistimos a lo que puede llamarse: La Renovación poética cubana. Un conjunto de poéticas libertarias, despojadas de almidón y sentimentalismo. Generación del desencanto y el Período Especial. Arraigada en un fundamento marcadamente cívico y de reescritura de la Historia. Nacidos fundamentalmente después de 1970, comienzan a situar sus primeros libros en los años 2000, convirtiendo sus entregas en verdaderas zonas de conflicto, dada la forma descarnada y obscena de adentrarse en lo político−social. Hay en estos autores intentos brutales por “volver a lo real” por enfrentar a los lectores sin tapujos a una realidad asfixiante e ineludible, intentando destruir las ilusiones y los sueños, generando la mala conciencia que suele transformar el universo, y en este sentido, se establecen conexiones importantes con los jóvenes dramaturgos cubanos que, también han comenzado a incursionar en la poesía. Pero uno debería estar alerta e interpretar estos gestos como lo opuesto de aquello que afirman ser: “huidas de lo Real”, intentos desesperados por escapar de lo burdo que se revela por todas partes como una entidad abrumadora. Veamos:

José Ramón Sánchez, guantanamero, uno de los ideólogos de esta promoción. Ha tenido un papel protagónico desde su puesto de editor de la revista literaria la noria, plataforma de presentación y combate de estas poéticas emergentes. Sus libros Marabú y El Derrumbe, nos sumergen en una excavación antropológica que pasa la cuchilla a ras de la podredumbre cívica, política y moral que moviliza la materia del poema. La galería de personajes variopintos, casi todos corruptos, corrompidos, personajes-mierda, le impregnan al discurso una dosis importante de cinismo y humor tan necesarios a la poesía cubana de hoy. Ha trabajado en proyectos de libros aún inéditos donde destaca Gitmo, extenso volumen de poemas sobre la Base Naval de Guantánamo, donde se radicaliza su trabajo formal con el lenguaje y se incorporan soportes documentales que amplían los significantes del texto.

Marcelo Morales, habanero, formó parte de una avanzadilla de autores que hacia finales de los noventa y comienzos del 2000, perpetró sus primeras escaramuzas líricas (véase: Javier Marimón, Aymara Aymerich, et. al.). Ha mostrado una transición, un corrimiento desde sus primeros sondeos (El mundo como objeto y El círculo mágico), donde se observaba un planteamiento autorreflexivo, a ratos filosófico, de tono calmo, con una mirada casi objetivista sobre el mundo y la condición jodida de la existencia, hacia una mirada más radical en lo social y lo político (El mundo como ser), convirtiendo su laboreo poético en un ejercicio de marcada civilidad. Sus poemas han devenido formas breves, con una musicalidad y dinamismo singulares.

Jamila Medina Ríos, holguinera, residente en La Habana, espíritu díscolo y juguetón. Su labor: tensionar el cuerpo y el lenguaje. Escritura púbica/pública —como ella la nombra—, plena de referencias mitológicas, científicas, culturales. Escritura-río, fragmentaria, que hereda los aportes de las vanguardias y del neobarroco latinoamericano. Su incursión en el ensayo contemporáneo ha ensanchado de manera gradual sus posibilidades expresivas, dotando su discurso poético (marcadamente lírico) de una mayor contundencia y objetividad. Tiene publicados los poemarios Huecos de araña, Anémona y Del corazón de la col y otras mentiras.

Javier L. Mora, bayamés recalado en Santiago. Ocupado en el estudio y deglución de las vanguardias, entregó un libelo de franco planteamiento experimental: Examen de los institutos civiles. El aspecto anticonvencional de sus poemas no arraiga en un premeditado o metodológico automatismo psíquico. Es, así me parece, una mecánica de asalto que parte de la tradición, y va contra toda jerarquía de las formas. Modos discursivos (diálogos, notas al pie de página, enumeraciones, narración, escenas épicas) que se imbrican agresivamente, haciendo menos notables sus diferencias. Apoyándose en la distorsión de ciertos modelos imitados (clásicos o no), lo heterogéneo de su discurso se manifiesta en las cerradas unidades de los textos, cuyas particularidades aseguran un dispositivo paródico que incide de forma efectiva en la fluencia dinámica de estos. Desarrolla una importante labor como traductor de poesía italiana contemporánea.

Cierra esta muestra Legna Rodríguez Iglesias, escritora incendiaria. Ha incursionado en varios géneros literarios. Dueña de un herraje singular que ha marcado a fuego a varias bestias literarias a lo largo del país. Su discurso insolente, cuestionador y atravesado por altas dosis de sarcasmo, suele exasperar a mundele. Se mueve con facilidad desde un registro más personal a uno más exterior y mordaz con lo social, revelando su ingenio y poder asociativo. Emigró de Camagüey hacia La Habana, huyendo del conservadurismo y la ganadería local. Algunos años después, salió de la capital hacia Miami, —huyendo de qué—, no sabría decirlo sino en verso (verso libre), y dejando en la rada libros que registran su calidad como poeta: Tregua fecunda, El momento perfecto y La gran arquitecta.