Carlos Ferrera: Alicia y Vilma conversan

CF_03

(Historias tiernas de la Revolución. Hypermedia, 2016. Próximamente)

—¿Chica, y los niños?
—Ay, divinos, Ali. Deborita terminando la carrera en Madrid y Nilsita en la CUJAE.
—Sácala de ahí, que esa CUJAE está llena de negros. Los negros son muy conflictivos.
—Niña si yo estoy que no vivo, siempre pensando que me le van a hacer algo cuando coge esa 84, sola, de madrugada…
—Te le pueden sacar una sevillana. O violarla. La gente de color es muy agresiva.
—Pero dice mi marido que hay que dar ejemplo.
—Yo en el ballet a los negros los tengo con cuentagotas. Tengo a Caridad porque no me queda más remedio.
—Pero Caridad es buena.
—No lo suficiente. Nunca hará una Giselle mientras yo respire.
—Eres muy estricta.
—Gracias a eso el Ballet Nacional de Cuba es lo que es. Si dejo que empiecen a entrar negros se me convierte en el Folklórico. Sería terrible.
—En eso tienes razón.
—Además, el BNC es el romance. Los negros no son románticos.
—No lo son, no.
—¿Y qué tal tu hija Marielita?
—Marielita ahí, con sus pájaros.
—Qué pajarera te ha salido esa niña.
—Me tiene enferma.
—Yo la veo incluso más pajarera que Rosa Fornés, que ya es ser pajarera.
—Menos mal que Alejandrito me ha salido más responsable.
—¿Cómo le va al niño?
—Ahí, con su padre parriba y pabajo.
—Ese muchacho tiene condiciones para el ballet. Tiene un empeine precioso.
—¿Tú crees?
—Igual que te digo que su padre no, te digo que Alejandrito, sí. Como te digo una cosa te digo la otra.
—¡Qué vista tienes!
—Dicen que estoy ciega, pero es una leyenda urbana. Yo veo. Y veo mucho.
—Qué bien. No sabes lo que me alegro.
—Dile a Alejandrito que se pase por casa de Alberto una madrugada de estas, para que le haga una prueba.
—Es que tenemos otros planes para él. Queremos dejarle Cuba en herencia.
—Pues entonces tengo que hablar con él. Me estoy planteando volver a bailar.
—(…)
—Y sería fantástico hacerlo cuando él asuma el poder. ¡Yo otra vez en el escenario! Haría una Giselle miliciana en su honor. Entraría en el primer acto en un tanque. Me erizo de pensarlo. Puede ser épico.
—Seguro sería épico.
—Y lo será. Ahora que me acuerdo, dile a tu marido que me urge renovar el vestuario de la compañía. Estamos haciendo los Lagos con ropa del segundo show de Tropicana.
—Qué horror.
—Después dicen que una va de diva, pero soy una heroína del ahorro y de la frugalidad.
—No hagas caso. La gente habla por hablar.
—Sonia Calero me odia, ¿lo sabías?
—Me dejas muerta.
—Y Cristy Domínguez.
—¡No! Qué mala es la envidia, Ali.
—Son unas perdedoras, bailarinas frustradas. Nunca salieron de la rumba y la vulgaridad. No soportan que yo haya puesto a Cuba en lo más alto de la danza mundial.
—Tranquila, mujer, tú eres una obrera de la cultura de este país.
—¡Más que una obrera! Yo SOY la cultura de este país. He puesto a Cuba en el mapa. Se me debe mucho.
—¿Y qué tal vas con la compañía?
—De los nervios. Rosario me está haciendo la guerra.
—Qué malagradecida. Hacerte eso a ti, que la has convertido en lo que es.
—La saqué de cisnecito de última fila, le di mi cariño y mi confianza, y ahora me está dinamitando la compañía desde dentro y poniendo a todo el mundo en mi contra. Sufro mucho por eso también.
—Te considero.
—He creado un monstruo, mija. Charín es una hiena. No puedo con su circo, su claque de pájaros deprimentes, sus manías de grandeza. Cree que es mejor que yo.
—Mejor que tú no hay nadie.
—Ni lo habrá. Y menos ella, que sólo es una maromera.
—Si quieres la deportamos. Sólo tienes que decírmelo y mi marido la hace desaparecer.
—No es mala idea… la odio tanto.
—¿Y a Josefina?
—También la odio. Y a María Elena y a Ofelia y a Amparo… Las odio a todas. Quieren mi reino, quieren verme muerta.
—Bueno, a todos nos llega la hora…
—Pero yo no voy a morirme todavía. Yo soy bruja, ¿lo sabías?
—No tenía ni idea.
—Veo el futuro con una claridad tremenda. Es más… te voy a decir algo muy duro, pero ya sabes que yo soy dura.
—Dime dime…
—Me da, fíjate, que te vas a morir tú primero.