Carlos A. Aguilera: Reescribir la historia desde escenarios podridos

Considerado uno de los mejores poetas cubanos right now, Óscar Cruz (Santiago de Cuba, 1979), autor de La Maestranza y Balada del Buen Muñeco, acaba de editar por Ediciones Hypermedia, en Madrid, The Cuban Team. Los once poetas cubanos, una antología que lee el espacio Poesía Insular desde otra zona, desde “la abolición de la esclavitud lírico-depresiva”, como dice en esta conversación, e incluso desde cierto desparpajo que pocas veces se ve (se lee) en los poetas de la isla. Para definir algunos puntos del libro (y de La Franja literaria cubana), lo esperamos a la salida de su lectura en el Festival de poesía de Miami, en el que acaba de participar, y nos vamos a la calle 8, a caminar un poco por esta ciudad que, como decía mi amigo Carlos M. Luis, era “lo menos caminable que existe en el mundo”…

Una de las cosas que sorprende en The Cuban team. Los once poetas cubanos, es que apenas aparecen poetas de los años 90… ¿Alguna razón conceptual, o se debe, solo, a razones de afinidad y/o gusto?

Nada conceptual. No hay maquinaciones detrás del proyecto. Solo reunir a 10+1. Residentes en Cuba (interés editorial). Diez que me interesan, no más. No logro soportar la falsedad del tumulto. Sé que no hay muchos de los 90s…, pero tampoco —si miras bien— hay muchos de los 50…, los 60…, los 70… ¡Qué jodido!

En el prólogo a tu antología hablas de la “Generación 0”, donde te insertas a ti mismo. A grosso modo, ¿cuáles serían los rasgos que definirían (en la poesía) a esta generación? ¿Esta “cero-generación” es, para ti, más continuidad o ruptura con la poesía cubana anterior?

Utilizo el término “cero−generación” y no el otro. Esto de “Generación 0”, —según tengo entendido— es idea de Pardo Lazo y se aplica a los narradores en flor que visitaban cierto taller habanero donde un profesor al que llamaban Jorgito Aguiar (muy querido por ellos), les daba clases de técnicas narrativas, y los iniciaba en el estudio de los pensionados del postmodernismo francés. En materia de poesía, podría decirse que este otro piquete, cuyo centro de acción radica (fundamentalmente) en La Franja, es decir, en el Oriente, despoja el poema de la retórica falsa que lo había baldado durante los últimos años. Establece la abolición de la esclavitud lírico-depresiva y contraindica el uso y el abuso de metáforas humeantes (sonó lezamiano…). Expulsa de la versificación los bordados y florituras y pone en liquidación la dulzura campestre. Intenta recuperar una perspectiva cívica y de reescritura de la Historia casi sepultada en la poesía cubensis. Se incorporan al discurso altas dosis de cinismo, humor y violencia. Se abre el juego a una escritura sexual y política. Se abandona la idea del poema como salón de belleza y se exploran nuevas retóricas vinculadas al lenguaje callejero y a la irrealidad del cubano de a pie. Entonces hay allí un punto cabrón, de continuidad pero sobre todo de ruptura.

Y esa violencia de la que hablas, ¿a qué se refiere? ¿Qué es exactamente la violencia para ti?

La violencia es una bestia magnífica. Está suelta por doquier. Donde quiera que llegues tendrás que bregar con ella. Es el combustible de este tiempo. Se constituye en materia viva del poema, no solo formal sino de contenido. En Cuba no escapas de esa Señora que es mucho más oronda en el Oriente, donde la gente jala una soga tremenda…

Una de las cosas que siempre más me ha interesado (y creo que a muchos en los                           90, cuando vivíamos en la isla) es la relación perversa entre Política cultural y Violencia, es decir, entre el estado cubano y sus procedimientos. ¿Cómo leen (sienten) ustedes eso?

Las cosas no cambiaron mucho de cómo ustedes la sintieron. Existe un estado, donde el partido, el aparato administrativo, el sistema institucional y la ideología, se funden en una suerte de bloque o monolito que controla de arriba abajo sin fisuras ni desviaciones. No se admiten jueguitos… Se trata de una pirámide grasosa donde están superpuestos los mecanismos de corrección y control, los discursos y los comportamientos. Una verticalidad casi perfecta. En otras palabras, ¡¡¡se siente divina!!!, es decir, la candela…

¿Existe un “meterse en candela” además de político, poético, en la poesía que se escribe en Cuba?

Solo podría hablarte desde mi experiencia y de unas (pocas) muy cercanas. La candela existe y punto. Yo nací y crecí en la candela, en un barrio llamado Marimón en la periferia de Santiago. Allí la gente no entiende de poemitas ni realismos. La propia vida de esa comuna y de muchas otras es un poema y una corrupción de la realidad.  Cualquier gesto —digamos— intelectual, como puede ser escribir, es puro “baño de María” si no se cuece a esa temperatura. Yo he escrito desde allí, por eso el término “meterse en candela” no pasa de ser para mí una visión de iniciado, de tipo al que empujan y mira para atrás diciendo: “cojone, ¿quién me empujó?”. Hemos introducido en la poesía cubana de estos últimos años un tipo de escritura cuya perspectiva crítica de intervención en lo cívico y lo político molesta a mundele y que fácilmente puede granjearte —parafraseando al Jot de Kendall— un estatus de ‛combatiente enemigo՚. Eso es lo normal.

Ya a nivel de campo, hay un grupo de respuestarápida y vividores que tratando de establecer procesos de igualación o reducción, de inmediato echan mano de poetas fetiches como Padilla, convertido en bistec de palomilla para muchos colmilludos graduados de la Escuela de Letras que se dedican a la muertería lírica, o hacen causa común con los miles de malos poemas que se le escribieron a los balseros o con cierta poesía que puede ser considerada marginal pero siempre desde un confort expresivo y una noñería infinita. Creo que en los 90 algunos Diáspora(s), desde su mekánica performática y escritural, y más acá el Juan Carlos Flores de Distintos modos de cavar un túnel y del Contragolpe y algunas piezas de Omar Pérez y Carlos Alfonso son harina de otro costal. Pero eso representa si acaso un tres por ciento de la masa total de libros de poesía publicados en los últimos 20 años…

A propósito, desde hace años tú y José Ramón Sánchez llevan La Noria, considerada por Gilberto Padilla como una revista que “no muestra la cara sonrosada de la cultura nacional”; ¿cómo ha sido la experiencia-revista en un país con una guillotina cultural tan grande que ha hecho que las revistas o publicaciones de grupo (en los casi últimos 60 años) apenas existan?

En Cuba no existen revistas grupales. Orígenes y Diáspora(s), cada una en su momento hizo lo suyo. Años atrás Azotea. Fuera de ahí, La noria y… para cochero…. Se hace lo que se puede.

A seis años de haber arrancado:

diez entregas.

(Expedientes perdidos. Mezquindades. Amenazas

de cierre por obscenidad y virus ideológicos.

Imposición de Consejo. Reducción de tiradas.

Cambios de formato por falta de papel. Ataques

de hezcritores. Carencias tecnológicas.

En fin…)

Lo más importante, puedes suscribirlo: La noria

Se edita. Se lee.

No podría comprenderse qué ha pasado en materia de poesía y narrativa cubana contemporánea dentro del islote si no la consultas. Las voces más inquietantes de la nueva camada puedes rastrearlas, descubrirlas allí. Una visión contracanon. Libertaria. Somos sectarios pero no frecuentamos el festín de los señores. Si me preguntas por La noria: Rusticana. Hecha a mano. ¡Lo mejor! Eso digo.

Escribes (hablando de tu generación pero también de The Cuban Team): “Un conjunto de poéticas libertarias, despojadas de almidón y sentimentalismo”. ¿Qué te molesta más en la poesía y los poetas inside isla, su sentimentalismo o su jueguito institucional y prostituto con el régimen?

La verdad, nada me molesta. Todo lo contrario, me divierte. He aprendido a reírme. Cuando aprendes a reírte eres libre. Nadie se merece ni tu odio ni tu rabia. El odio y la rabia se dejan pa’ la escritura. Hay de todo en la viña del señor. Cada día resulta más difícil identificar quién está y quién no en el jueguito. El jueguito es sabroso. Tiene premios, publicaciones, derechos de autor, viajecitos, internet, jurados, homenajes, pueden darte casa o cambiarte la que te dieron por una mejor. Así de bonito. Conozco a varios que llevan años jugando y a pichones de jugadores que tienen una capacidad increíble para el vuelo. Esto puede afectarte hasta el día que descubres que el sistema literario es de juguete. Que todo su aparato de representación, de premios y de eventos es de cartón. Que la mediocridad y el oportunismo político le han hecho metástasis. Hay mucha falta de carácter y seriedad. Lo mejor que puedes hacer es recluirte en tu casa y escribir tus poemetos. Leer tus materiales. Tener una preparación interior lo más severa posible. Publicar cuando se pueda y como se pueda. No exponerte. No esperar absolutamente nada. Solo así estás a salvo y no te dañas como le ha pasado a tantos que después de haber escritos magníficos textos andan por ahí desbarrando de otros porque no le dieron tal o mas cual premiecito, desesperados, enfermos de merecimiento. Llenos de complejos y paranoia. Con una autoestima desbaratada por la falsedad y la hipocresía literaria que los hizo creer unos salvajes. Nada disfruto más que poder reírme cuando leo o escucho disparates. Cuando descubro a un farsante sin vísceras ni órganos con galones de poeta o narrador. Es divertido, Karl. Me compro una propia de 10 cañas y llamo al Jot de Kendall o al renegado de Portuondo, Pelonius Blanc y nos reímos, de nuestra propia nada, de nuestra risa como ahora me estoy sonriendo mientras escribo. Qué divertido… un día de estos compro una propia y te llamo, ok, te lo prometo.

¿Una propia Makarov o una 38 antigua, como esas que usaba Papá Montero?

Una 38 no está mal. Pero el blindaje de los mafiosos de hoy las hace de goma…

En tus poemas hay, muchas veces, un juego entre la historia y lo marginal, es decir, entre las ficciones que “envuelven” la historia y las ficciones que “construyen” lo marginal. ¿Es la ficción un precepto importante (en tu poética) a la hora de razonar determinado stage histórico?

La Historia como odio no me interesa, sí como ficción. En la escuela aprendemos la historia como odio y no como ficción. Por eso hay por ahí tantos odiosos. Yo mismo soy uno de ellos. Imagina cómo se odió en Alemania en el período entre guerras. Cómo se odió en los Balcanes. Cómo se odia en el Oriente. La historia como odio no tiene dientes. Poder reescribir desde la historia escenarios podridos es excelente. Historiar un país con poemas podridos es excelente. Restaurar una casa, un recuerdo, una familia desde sórdidos textos es excelente. Reinventar la sociedad. Reinventar el estado, es excelente. Es esa la función: no la de guiar a la gente en medio del pantano en que se encuentran. Tampoco consolarlas mientras odian o aplauden a lindos dirigentes. Mi trabajo consiste en hacer que mi ficción sea la de ellos y logre convertirse en luz y entendimiento para ellos. Consiste en ayudar a que esa gente pueda resistir sus putas vidas y que piensen “este cabrón es parte de nosotros”. La Historia me llenó de mala conciencia, no pueden los poemas hacer menos.

¿Qué lugar ocupa la relación Poesía-Imago-Historia, tal y como la levantó Lezama en Las eras imaginarias, en tus textos? ¿Continúa siendo actual el “delirio” lezamiano en la isla? 

Hay un poema breve en La Maestranza, titulado “Lezama / El pacto”, donde queda respondido esto de la relación Poesía-Imago-Historia. Solo decirte que Lezama es y será para siempre un gran maestro, solo que su sistema, tal y como lo planteó y desarrolló en su momento, no me interesa. En la isla existen fundamentalmente dos tipo de delirios: el “delirio Lezamiano” y el “Delirio Habanero”. El segundo es por supuesto, más divertido, más contemporáneo. Se presta más a la descarga. Cientos de cubanos lo prefieren. El primero, es el responsable de que se escriban en toneladas crecientes, tantos malos poemas. Lezama tiene un don importante, y es que anima a las personas a escribir malos poemas, es un estimulante tremendo. Estas personas que al escribir poemas enrevesados, atestados de asociaciones locas y de palabras museables, califican su trabajo como neobarroco y que —hago una aclaración—, nada tienen que ver con el Neobarroco de verdad, véase Severo, Perlonguer, Lamborghini et. al., deberían multarse entre ellos y hacerle una gran escultura al gordo, mínimo en platino, por toda la vida que les ha dado después de muerto. El santo padre los ha cobijado y cobijará de por vida y les servirá de resguardo ante los realismos y todo tipo de experimentación formal o de lenguaje.  En otras palabras, una bendición: Lezama.

También hay otro poema tuyo que, creo, responde bien al intríngulis Poesía de Lezama / Uso de Lezama, y me gusta mucho: Nómina. ¿Puedes leerlo?

en un panel sobre Lezama

los sabios comenzaron a decir sus naderías:

naderías sepias, naderías

rosas, naderías.

Lezama,

el más gordo que ha vivido

en Trocadero.

Lezama, el más grande que ha roncado

en Trocadero.

Lezama,

el eterno comelón de las perdices.

la obra del occiso

quedaba reducida a sus esfuerzos.

en un panel sobre Lezama

los sabios terminaron de decir sus naderías.

estábamos a siete, lo recuerdo.

las sillas de la sala eran grises.

¿Qué tiene que cambiar en el imaginario de la isla para que la literatura (su reflexión civil y escrituraria) se desacralice por completo? ¿Continúa siendo importante para ti (ustedes) el archivo Literatura Cubana a la hora de escribir un poema?

No podría decirte qué se necesita para cambiar un imaginario. Ni siquiera tengo la noción de que eso sería una prioridad o algo importante para determinada posición ante la escritura. Cada quien es libre de formarse su propio imaginario y trabajar en él. Siempre te hablaría desde mí mismo, desde mi propia experiencia que no necesariamente es ni debe ser semejante a la de otros. Hay un componente importante: el Miedo. Muchos escrivanos tienen miedo de adentrarse al duro en determinadas zonas de lo cívico/político, pues esto no está bien visto y te puede granjear como te había dicho antes, un estatus de ‛desagradable’, ‛peligroso’, ‛combatiente enemigo’. Esto te dejaría sin opciones de acceder al sistema de premios de alcance nacional que es el principal sistema de jerarquización literaria de la isla y de subsistencia (véanse los premio de la crítica, guillén, carpentier, uneac…). Imagínate en este escenario sin ‛galones de salvaje՚, sin la chance de un money para irte a veranear a los Cayos o comprarte un Split, tacos nuevos, buenas perchas. Nadie quiere tapar ese hueco. No todos son José Ramón Sánchez, que nunca ha comerciado con eso. Sin embargo, cuando revisas con detenimiento los libros que se publican por las editoriales nacionales, lo mismo en sus colecciones de premios que en las ordinarias, verás que en esos volúmenes hay cierto cuestionamiento, cuchillitas mohosas y sin filo, mucha cobertura de chocolate con pimienta, mierda azucarada. Todo por las ramas. Son libritos que en su (casi) totalidad, tienen el atractivo de ser, supuestamente contestatarios, incorrectos, pero desde una nulidad expresiva absoluta y una ñoñería atroz que desespera. Nunca ofrecen su lado manifiesto. Esta formulita es esencial y bella. Otro componente importante es que el bacalao literario sigue siendo cortado por puretos muy, pero muy mayorcitos, llenos de tic, manías, y mentalidades perversas varadas en los 70s y más atrás. Hace unos días me enteré que Ahmel Echevarría había presidido el jurado de la Beca Dador y me quedé patidifuso. Me dije: o es que Ahmel ya está entrando en edad o se equivocaron y era Echevarría, Amat Pancho…

Bueno, me preguntas si me sigue interesando el archivo Literatura cubana a la hora de  escribir y sí, claro, me sigue interesando como todos los archivos. Todo lo que me sirva le echo mano. Ya sea para meterle las manos o para hacer un trapo como se dice cuando alguien hace una jugadita ‛trucosa’ en el ajedrez. Me deformé de alguna manera con ese archivo y luego salté a otros y volví. Si no me interesara como saqueo, cómo estaría conectado a procesos de escritura como los de ustedes mismos, los Diáspora(s), Ponte, Kozer, Armand, Arcos, Díaz Infante, Rojas, Dorta et. al., y a difuntos como Lorenzo, Rosales, Severo, Cabrera Infante. Cada día esas escrituras son más leídas dentro, aun cuando sean de contrabando. La realidad de hoy es mucho más porosa y negar esto sería contribuir a la formación de vividores tanto dentro como fuera de Cuba.

Si tuvieras que clasificar a la poesía cubana actual, ¿la clasificarías más como sentimental o como ñoña? 

La poesía cubana hecha en Cuba —por regla general— es bastante sentimental y noña. Hay voces potentes, claro. Voces que te caminan un juego hasta el séptimo inning sin permitir libertades. El problema está cuando extraes al abridor. Aparece ahí una longaniza de amiguitos que no saca out. Hay tanto poetín de ferias, cruzadas, romerías… Entrar en esas aguas es terrible, banal…

¿Qué es lo banal?

Según tengo entendido, lo banal es todo lo que viene de Labana. Y eso, casi siempre, me interesa.