Ángel Pérez: El complot

The Cuban Team. Los once poetas cubanos, la selección tramada por el poeta Oscar Cruz, y publicada por Hypermedia Ediciones (Madrid) en 2016, puede analizarse desde dos perspectivas fundamentales: como el volumen en el que se revela un grupo de autores en quienes quedan resueltas las posibilidades de la poesía cubana más reciente —tanto en sus dimensiones/diversidad formal como en sus inquietudes y expectaciones temáticas— y otra, como un fenómeno admirable por su propuesta de re-lectura de la realidad del cubano.

Para poder comprender el alcance de esta antología-manifiesto, el prólogo es una afectada declaración de principios, se debe extralimitar su lectura y no verla solo como un compendio de irreverentes, polémicos, insubordinados contra otros modos de ser en la poesía, y eso sí, en los que sin discusión alguna se acumulan los valores más atractivos de la poesía cubana producida en este minuto, sino asumirla como una pandilla de “poetastros” que venía haciendo parte en el proyecto editorial más prominente para la literatura cubana contemporánea: la revista La Noria; uno de los acontecimientos más elocuente y resonante de estos últimos años, a la altura de los que fue en su momento Orígenes. Y no me refiero, específicamente, a calidad poética o cimas estética como pudieran pensar algunos apresurados sino a gesto intelectual al interior de un panorama bastante deprimido a consecuencia de una ausencia de voces-otras, que no sean los miembros de este entrenado equipo, en oposición a la línea sostenida por nuestras ediciones acostumbradas.
La Noria no solo destaca por su condición de única publicación “de autor” sino porque la labor continua e incesante durante estos años además de visibilizar a narradores, poetas y ensayistas que en este minuto están entregando las propuestas más interesante en cuanto a materia literaria) —al punto de marcar una inflexión en la manera en que tradicionalmente concebíamos el trabajo con el lenguaje—, ha divulgado, hecho público, difundido, una sucesión de insurrectos de real importancia para la oxigenación de los modos de hacer literatura en nuestro país; escrituras que atraviesan la moral ciudadana de las sociedades actuales, que desnudan el pensamiento enquistado de las políticas multiculturales, que devoran las estéticas cosificadas y que proponen circunstancias de inventiva creativa a tono con las necesidades e intereses de los que piensan, de algún modo, la nación, y la literatura en su lugar, hoy día; voces con las cuales se identifican en tanto comparten inquietudes de una misma naturaleza: ver la escritura como una posibilidad de intervención o campo de experimentación en/con los procesos sociales. Esta publicación, con sus únicas dos salidas anuales, propaga hallazgos estéticos revitalizadores para las letras cubanas.
En consecuencia con sus propósitos, la revista ha sido coherente al incluir en su staff de colaboradores a quienes operan en-directo con materiales despojados del orden-escritural-deprimido por la ideologización de la tradición o excluyendo a quienes manejan modos (delicadezas o galanterías) poco seductores para su carácter. Les parezca bien a unos, mal a otros, las determinaciones que rigen los artificios estéticos de estos escritores remiten a influencias fuera de la usanza nacional la mayoría de las veces, con sus raras excepciones, e incluso fuera de la literatura: medios de comunicación, cultura de masas, sociedad del espectáculo, capitalismos de consumo, etc., esto último sobre todo en los narradores. A la altura de diez números, ha llegado a configurarse lo que podríamos denominar un estilo “La Noria”, a modo de estética-política con una visión al margen del relato blando de otras escrituras-insulares. Estos autores son “una coalición” perniciosa, retirada de “la fiesta innombrable” y vuelta contra los velos de una existencia asfixiante.
Eso que llamo estilo “La Noria” es un proceder que excede los intereses por crear una literatura de en-verga-dura donde se problematiza lo nacional, con un predominio de la experiencia del sujeto como parte de un mundo contaminado por el orden económico del poder. A partir de ahí, se ha edificado una forma donde distingue el trabajo con el lenguaje popular, cotidiano, urbano, de la calle, una subversión de los códigos de la cultura de los media, una reconstrucción de la realidad desde las fibras de las contingencias del desplazado, del desfavorecido, desde las huellas de las subjetividades laterales, con la pretensión, además, y esto ya lo señalaba en un artículo anterior, de des-jerarquizar la voz totalizadora de generaciones anteriores: huyen de la retórica de los clásicos y, por lo tanto, reflejan una aparente sensación de desidia que no es más que una expresividad marcada por el impacto de lo social en su relación con lo literario.
No hay en estos autores ligereza o facilismo como especulan algunos, hay complejidad en la composición interior, en el discurso, en la representación: sus estructuras conjugan/fusionan/reinventan estéticas posmodernas de fácil reconocimiento —herramientas como la ironía, la parodia, el humor, el intertexto y el collage— con estrategias de marcada intensión experimental. De lo que no cabe dudas, para decirlo claro, es que su interés es pasar del hondo sentimiento del individuo afectado por la sociedad (o por su propia abulia existencial) a un colocar la creación en un obsceno enfrentamiento con lo político-social como único proceder posible para liberar la inocencia con que se sobrelleva la vida cubana. Por lo tanto, La Noria y The Cuban Team… ahora, ponen sobre la mesa tres asuntos medulares para el devenir “poético” cubano, además del estético y el político, uno ético:

(…) esa noche me nombraron general.
Maceo me obsequió unas polainas
y me dijo que escogiera una, entre
sus múltiples mujeres.
escogí a una blanquita que impactaba
por sus tetas. la nena solo pudo confundirme.
a ratos, me decía Pepe;
a ratos, papi Antonio
o el nombre de un playboy de la cuadrilla.
terminé por propinarle una paliza que sonó
en el campamento. (…)
(Oscar Cruz, “Batalla de Mal Sueño”, p. 214)

(…) Previo a los días de examen
¡qué prisión concentrarse!
así sentadita/como la anguila eléctrica
me doy electroshoks con fragmentos de porno
y envío tuits a mis fans con el telégrafo del barrio:
Estoy solita en cas/ma/muerta de abulia estoy/detrás de la puerta verde.

He aquí mis remos/mi dedal/mis herramientas
en la estación de bombeo/mis hermanas de tránsito
:a nado las pedí prestadas.
Si yerro y me embarazo/en las pruebas de campo
también sacan sus fórceps
y sirven de parteras
ungiéndome a la vez/con su jalapa fría.
para que el grumo escape comodito. (…)
(Jamila Medina Ríos, “Un cuerpo propio”, p. 247-248)

Me voy a permitir una digresión: el caso-Jamila es el de una poesía como expresión de su propio cuerpo, como huella de una identidad de valores en lucha contra una fórmula cultural que produce subjetividades. Sin miedo alguno, es la suya una escritura feminista en tanto desde tal postura se permite abarcar un terreno más amplio de significaciones ante tanta lectura mediada por la testosterona. Las textualidades de esta poeta deconstruyen la regencia de valores masculinos y exhibe el imaginario femenino sin articulaciones o acuerdos modelados por el orden cívico imperante. La dinámica interna de su lírica —su erótica— está atestada de asociaciones y perfiles donde su condición sexual es graficada libre de los atributos que el “aprendizaje cultural” ha hecho propio de uno u otro sexo, al contrario, se describe como un cuerpo resbaladizo e intercambiable. Jamila Medina, así como Legna Rodríguez, maneja sus distintivos-mujer y hace emerger un imaginario con miradas diferentes frente a un mundo heteronormativo. Por tal razón, no tengo reparos en afirmar que el knockout que le pega a la mentalidad masculina, propia de la proyección desenfada de su subjetividad, hace de su escritura, la cual no cree en prototipos, patrones, ni en estéticas de ningún tipo, una de las expresiones más relevantes de la poesía cubana contemporánea: “El ejercicio de la escritura como un latigazo en la carne para abrir zanjas y liberar fluidos.” (Jamila Medina, “Fur(n)ia”, p. 252)
¿Son estos discursos una bisoña edificación de la moral ciudadana o una (pene)tración en la tradición moral para insistir en la precariedad y decadencia del hombre nuevo? Vistos en su conjunto, son una meditación sobre la condición actual del cubano, tanto social como emocional. Aunque generalmente los poemas están construidos sobre la base de experiencias individuales, cada una de ella deviene una parábola de las mutaciones que sufre la isla toda. Se percibe a la sazón un drama turbio, pero lejos de cualquier seña de desesperación o emoción trágica, eso sí, se manifiesta en la mayoría una violencia contenida consecuente con una batalla que asume, al menos, dos vectores: un lucha contra el orden establecido por la poesía cubana, donde la permisibilidad e inclusividad —la democracia del verso— ha conducido a un infame rebajamiento de la calidad poética y, por otra parte, un pugilato contra el orden imperante, una acción vertical en la ética nacional: emerge en la superficie misma de los versos las erosiones de una “escena” resentida. Véase el fragmento que sigue:

(…) Y al que protesta
o llama a la policía
(que suele no hacer nada)
lo tratan de chivato y lo amenazan.
Tampoco les importa lo que dijo el Presidente:
“NO vamos a permitir música alta ni otras indisciplinas”.
Pero eso es imposible:
el cubano es alegre
y su alegría es el escándalo.
No por gusto la primera preocupación de los misioneros
es comprarse un DVD y un equipo de torturas musicales. (…)
(José Ramón Sánchez, “¿Qué celebran, su pobreza o su idiotez?”, p. 176)

Creo que existe en estos autores una real intensión de intervenir las tramas de sentido del estado ordinario y común de nuestra cultura representativa; a sabiendas que el suyo es un producto del lenguaje, retan las posibilidades de la retórica para emprender un diálogo con explícitas contradicciones vinculadas a aspectos bien localizados en el contexto que les circunda. En consecuencia, sus escrituras concretan otra-posibilidad de pensar Cuba. Por tal razón, se debaten en un diálogo constante entre lo literario en su sentido autónomo y lo real en cuanto espacio vital del individuo. Son un contralugar, una reacción, una discrepancia entre las deficiencias e hipocresías presente en todos los ámbitos de una realidad arruinada y la creación estética como unidad capaz de oponerse a la resistencia de cierto repertorio cultural hegemónico:

En el ojo cultor está el ganglio (digamos, por la zona)
haciendo lo suyo.
Un oficio antiguo y primigenio;
la mucama (de casa) que llama a precaución
tiene glotis cerrada
o laringe introvertida al uso.
E-s-c-r-í-b-a-s-e: la manera de colocar una idea en otra
(subrepticias)
algo como un edificio en el desierto.
y el ojo está (otra vez) obligado a ver:
cadáveres cadáveres cadáveres
por el rio central
o citadino.
(Javier L. Mora, “El pájaro se muerde la cola sin mutilarse”, p. 272)

Nos podemos topar en el “compendio” una variedad favorecedora de modos de proceder: unos hacen interactuar condiciones genéricas variadas, ya sea el verso, la prosa, el diálogo, aprovechándose de la naturaleza maleable de la graficación de la palabra para introducir signos, desplazamientos espaciales, fragmentaciones léxicas, encabalgamientos infrecuentes, buscando forjar una interacción entre visualidad, ritmo y significado; hay, asimismo, una pulverización o difusión caótica de las frases a veces y una transgresión experimental (collage de citas y referencias con formas y procedencia diversas), todo ello en función de una dinamización de los sentidos, retando los vínculos entre poder y cultura al nivel del significado.
Igualmente, en ocasiones las frases se organizan buscando efectos sonoros contrastantes, entre una estrofa y otra se contrarresta el sentido del ritmo, o se coloca este como centro del proceder poético; algunos poemas trabajan con una deformación lingüística marcada por la realidad que busca, a su vez, una musicalidad particular. Algunos ejemplares desprenden violencia en el uso agresivo, sarcástico o virulento de las palabras, otros en el sentido, unos son de vocación antropológica, otros metafísicos, lo mismo destacan por las rupturas en la compresión, por la construcción de imágenes o la centralización de la metáfora, que por la narración o el tono reflexivo:

(…) Horizontal, sobre arena, el hablante, sangre en la boca, diente aristócrata en escupidera, compatriota. Los avestruces ponen los ojos debajo de las alas para no ver el peligro que viene. Los techos se caen y cualquier cosa, de un tiempo a esta parte, es un techo. Monólogo, antes del golpe final que lo enviara de cuadrilátero a morgue: “Solo le pido Dios, si es que Dios está y no es otra cosa entre tales escombros, que me mantenga con los ojos abiertos.” (…)
(Juan Carlos Flores, “El contragolpe”, p. 86)

(…) ¿la cabeza de Puente
como un bonzo
asomo de brotes blanquecinos
al ras
cabeza
cabeza de puente
un SÍ… un NO…
una erguida armazón…
rapada
y en sitio no definible
imposible de cartografiar
aquella, ESTA
rama
aparente MENTE seca
talada
leña que surge y resurge
cabeza de ipil cabeza
de nogal cabeza de abedul
cabeza de yaya… cagua-
IRÁN…? (…)
(Soleida Rios, “La seca”, pp. 28-29)

La poesía de The Cuban Team trabaja el lenguaje como si este fuese una heredad negada, y a partir de ahí hacen de él un terreno de combate en el cual pueden desafiar/afrontar/resistir lo real, cuestionarlo. Estos creadores someten la sintaxis-patria a un juego de carácter lúdicro-civil donde señorea un compromiso de cuestionamientos ante un mundo donde las funciones de la libertad rehúyen de la voz poética. Su actividad expresiva no es la metamorfosis gnóstica, adánica o intelectiva de Lezama, es un acto de pensamiento, un operativo contra la realidad, contra su apariencia rosa, su aspecto “todoestabien” y “nopasanada”. Los versos se organizan en unidades de significado donde cada una es consecuencia de una postura de inserción/incisión en la ideología común del ser cubano. Por ejemplo:

(…) caminaba,
aunque el acto de mi desplazamiento fue siempre un proyecto baldío —teníamos hambre, con ganas de (), no daba el resultado necesario—, pero el movimiento bloquea el sentido de ansiedad que provoca el estómago en este caso. La posibilidad del movimiento. Eso: para no-pensar. El objeto en-qué-pensar, y su negación. El movimiento (caminar caminar) como sustitución de (), como alternativa a
pensar el efecto del hambre
(como
anulación).
(Javier L. Mora, “Teoría económica del objeto”, p. 290-291)

¿Cuál es la lógica aquí? La de un dictamen político-ciudadano en el que la sintaxis es articulada por el orden esquizofrénico y desequilibrado (el movimiento o desplazamiento como paliativo al tener que pensar en el hambre) de una cotidianidad sin solución. Por lo tanto, un pensamiento que se quiere reflexivo aun cuando encuentra ya en la miseria de ser, naturalmente, una realidad que lo consume. Y con todas sus letras puede llamársele una poesía crítica que localiza en la participación ideológica de lo civil la estirpe misma de su estética (los artificios de humor, cinismo y filosofía urbana). Los ensayos-poemas de este “degenerado” funcionan como una conspiración contra la proliferación y difusión del mal gusto y la ausencia de un pensamiento agudo.
Los once poetas cubanos desafían los afectos programados de una escritura gratuita, fácil, entretenida en retruécanos de sentimentalismos: parten de una combinatoria entre lenguaje literario y retratos de una Cuba profunda, donde se configura otra imagen de la cubanidad, una imagen abyecta, una atmósfera en ocasiones escatológica y decadente, plagada de demencias y enajenaciones, con personajes identificables con tipos cubanos no privilegiados por el relato oficial. Su intención es la de representar con el perfil underground de la sociedad insular, hasta volverse en su conjunto una parábola del desajuste existencial de hoy. La arquitectura de sus obras tiene una vivacidad fundada en el examen al estado clínico de determinados comportamientos en la isla, relacionados en su mayoría con el modo en que ensayamos la cotidianidad. Y desde esta perspectiva constituyen un puñetazo a la leve gracia insular.
Frente al espectáculo dramático de un grupúsculo que cae de continuo ante sus propias molduras, ellos han variado el método, es esta una poesía libre de nostalgias y quebrantos enternecedores, despojada de los discursos cosificados, de la imagen trillada, mil veces manoseada, de nación:

(…) un pájaro moteado
Cuá Cuá, venía cada tarde
a cantar en nuestro patio.
venía como suelen arribar
los pájaros,
bendecidos
por su porte y por el canto.

(…) cantaba bonito el desgraciado.
solo que nunca más
volverá a posarse en nuestro patio.
(Oscar Cruz, “La plomada”, p. 227).

Entonces, podemos encontrar en esta antología una nueva cartografía de la patria cubana: desde una reescritura de la Historia en función de una paródica visión de las vivencias del relato histórico nacional confrontan las problemáticas de una sociedad echada al fracaso, aquejada por el estatus económico, imposibilitada de un bienestar colectivo en medio de tanta tradición de rivalidades, correcciones y cumplimientos:

(…) Y pienso en la UMAP y en la revolución de cuando era un niño y en pioneros por el comunismo y en lo que ven los babalaos cuando empiezan a morirse y en patria o muerte venceremos, la luz de Sachsenhausen sobre hornos para infantes y pienso en arbeit macht frei y en las ondas de posibilidad (…) Pienso en arbeit macht frei y en la muerte de Martí y en no me pongan en lo oscuro y en la muerte de Fidel y en a morir como un traidor y en la de Villena y Guiteras. Los ojos de Abel descansando sobre un plato y pienso en meteoritos y en neones y en apellidos terminados en kovsqui y en las células muertas de cuando yo era un niño y en los ojos de Abel descansando sobre un plato y en los ojos del Che tan abiertos en la muerte y pienso en arbeit macht frei y en Guantánamo y en las papilas de la lengua (…)
(Marcelo Morales, p. 182-183)

Si se repasan con detenimiento los poemas es fácil detectar que estos creadores buscan dejar ver cierta verdad del cubano, quien no cumple ya con las promesas de un pensamiento cultural moderno trasnochado. Sus lenguajes son una alegoría que, desde las perspectivas vitales de cada uno, da cuenta de la descentración de una utopía venida a menos. Existe en todo el arte contemporáneo un serio desplazamiento hacia el terreno de la política, que viene dado, justamente, por una escenificación de la sociedad invisibilizada. Detrás de esta poesía se manifiesta un propósito de intervención ciudadana: los sucesos sociales pasan a ser parte de la escritura, entran al poema para aventurar las potencialidades de la sintaxis. Podemos decir que estos poetas escenifican el país desde las acciones de disidencia cotidiana. Estos jóvenes se oponen a cualquier modulación ideológica: tienen un modo de percibir el mundo y una forma de articular el tejido urbano en el que la representación poética fundamenta la imposibilidad del sujeto de desprenderse de su árida cotidianidad.
La obra de los reunidos en The Cuban Team oscila, con elocuencia, haciendo parte de un proceso cultural que resulta de coaliciones de pensamiento y catarsis existenciales frente a un trayecto histórico que se ha visto en la necesidad del conceso con otras voces; por ello estos outsider parecen estar en una perenne búsqueda del otro, de lo disconforme, asediando al extremo las paranoias de nuestra jactancia revolucionaria, incluso con comprometimiento. Son sujetos del maniobrar cívico en medio de un clima donde la moral socialista se desnuda constantemente. Su acento está en la promiscuidad urbana, en la transgresión edificante; para ellos el chiste de cada día no es un choteo evasivo sino un desmontaje a la condición insular. Contamos aquí con una alta complejidad de subjetividades y posturas éticas, sin caer en tendenciosidades ridículas, tenemos en todo caso una poesía contundente que se permite el paraje poético como coyuntura para la comunicación y el diálogo.
De manera general, quienes que hacen parte en la llamada por algunos críticos y ensayistas “generación cero” constituyen una variedad de autores que se muestran motivados por narrativas culturales al margen de la sensibilidad favorecida por el canon cubano; su trasfondo es una mirada a la política y la cultura cívica, a la vida nacional y su Historia, lo cual hace que los sujetos líricos de estos poemas se emparenten en un sentir de época que no puede escapar a las metamorfosis de una era plagada de reformulaciones en todos los órdenes de la cultura.