Ladislao Aguado: ‘No creo que la población cubana no esté preparada para la democracia’

En el libro Discursos de la resistencia. Los proyectos políticos emergentes en Cuba (Hypermedia, 2016), la socióloga y periodista Marlene Azor nos descubre el lado velado de una Cuba que no suele aparecer en los medios informativos: el de las entidades y proyectos que conforman la oposición al gobierno de Raúl Castro.

En contadas ocasiones, investigadores, analistas o catedráticos se adentran en el estudio de los discursos que articulan esta oposición o desgranan, ante un lector que desconoce el quehacer político cubano, los medios de que se valen estas organizaciones e iniciativas para influir en una sociedad cada vez más compleja e inestable, sin que sus acciones, a priori, sean entendidas por los mecanismos de gobierno como agresiones o estrategias de desestabilización dentro del país. Medios, en la mayoría de los casos, de escasa influencia o presencia en la vida cotidiana, pues, por lo común, no tardan en aparecer las medidas o figuras penales que los abortan.

A espaldas de las instituciones internacionales, en el interior de Cuba se libra una lucha silente entre poder y oposición. Contienda que el poder intenta transfigurar, a fuerza de gestos represivos, en un combate contra fantasmas.

En esta entrevista, Marlene Azor intenta perfilar la imagen de esta nueva Cuba enfrentada tras los cortinajes, al tiempo que nos acerca, como un breve recorrido antes de comenzar la lectura de su libro, por los conflictos, actores y condiciones que convergen o sostienen las precarias estructuras de la sociedad civil cubana.

¿Cuál es su visión sobre la situación política actual de Cuba?

La situación política interna en Cuba es explosiva. Explosiva porque como nunca antes la acumulación de tensiones internas se evidencian en un descontento de todos los sectores sociales y con relación a todas las políticas públicas del gobierno cubano. No hay un solo aspecto de la vida social que no tenga un fuerte cuestionamiento de la ciudadanía. Lo que contiene este descontento masivo y hace que no se convierta en una explosión social es el incremento de la represión y la emigración masiva de la población cubana hacia el exterior.

¿Cómo percibe usted la Cuba “reformada” de Raúl Castro?

Debo confesar que nunca creí en las reformas estructurales que anunció Raúl Castro en el 2007. Y no las creí sencillamente por la historia de las políticas públicas de los últimos 26 años, las cuales han demostrado la incompetencia del gobierno para sacar al país de la crisis de los años noventa, hoy endémica, una vez que no contó más con el subsidio soviético.

Tampoco la experiencia del subsidio venezolano, desde el 2002, mejoró la situación económica del país. En Cuba no hay acumulación, ahorro ni inversión. El país se maneja a niveles de subsistencia y cualquier disminución de los precios internacionales o subsidios hace profundizar la crisis. Las políticas económicas son erráticas.

Al analizar las políticas públicas implementadas en este período de casi 10 años, vemos que las reformas son contradictorias, lentas y zigzagueantes, como si estuviéramos frente a un gobierno que carece de la más mínima posibilidad de mantener la gobernabilidad al margen de la fuerza.

Ni una sola medida gubernamental ha tenido éxito con relación a lo que se propone: no se ha logrado la seguridad alimentaria del país, las infraestructuras están en condiciones paupérrimas, no se ha mejorado el nivel de vida de la población, ni el transporte de pasajeros y de carga; se han incrementado los niveles de pobreza de manera exponencial y lamentablemente el gobierno no publica datos elementales para medirla ni se conocen programas que la contrarresten.

Estuve leyendo un análisis de la seguridad social en Cubadebate. El gobierno considera que el país tiene una seguridad social de amplitud universal y oculta que las pensiones y los subsidios son miserables para las personas más vulnerables. ¿De qué vale una política social que no resuelve el tema por el cual se genera? Las políticas públicas no pueden ser “intenciones políticas” sino resultados medibles en el bienestar de quienes son objeto de esas políticas. El bienestar medible hoy está ausente. Ni la seguridad social llega a ser realmente universal (existen muchos excluidos por incompetencia administrativa) ni los niveles de pensiones y subsidios sirven para resolver las necesidades perentorias de los sectores más sensibles.

Las estructuras económicas diseñadas por el gobierno de Raúl Castro, ¿son eficientes o competitivas a nivel internacional?

Las estructuras económicas implementadas con las reformas siguen siendo extraordinariamente ineficientes, burocráticas, lentas y generadoras de caos y corrupción en la economía.

El gobierno se aferra a la trilogía que causó el derrumbe del socialismo real en Europa: planificación centralizada, monopolio del control estatal directo de la economía y partido único burocratizado e incontestable, que demuestra un retroceso político e ideológico en el VII Congreso del PCC en abril de este año. No hubo cambio generacional en la dirección del país, aumentó la represión contra el disenso y el debate posible se colocó de nuevo en los parámetros de los años setenta del siglo pasado al refrendar y revalidar la trilogía nefasta que acabo de mencionar.

La reacción negativa del gobierno cubano frente al deshielo de la política del presidente Obama, y la negativa a permitir el desarrollo de la micro, pequeña y mediana empresa a partir de las flexibilizaciones del embargo, demuestran un retroceso con relación a las promesas de las reformas del VI Congreso del partido en 2011.

En la sociedad cubana actual, ¿qué papel podrían jugar las iniciativas empresariales privadas? ¿Cree que, a futuro, posean valor político, es decir, una influencia modificadora sobre la acción gubernamental, como sucede en la mayoría de los países?

El gobierno cubano ha manejado mal desde el punto de vista jurídico y práctico el emergente sector privado. En la actualidad, y pese al mal manejo del gobierno, es este sector el único generador de empleo en el país; es mucho más eficiente que el sector estatal y el estado no le da personalidad jurídica y lo asfixia con la ausencia de mercados mayoristas. Los precios minoristas estatales (único exportador e importador) vienen gravados por un IVA entre 240% y un 260% según los economistas cubanos.

Es decir, es el gobierno el que genera una política de ilegalidad en el país al no crear las condiciones legales y prácticas para la inversión, la exportación e importación de insumos, créditos y capital para los empresarios privados.

Con relación a las cooperativas, que sí tienen personalidad jurídica, necesitan uno o dos años para ser aprobadas por el Consejo de Estado y no existe tampoco la posibilidad de inversiones, créditos y capital directo desde el exterior. Todo esto está prohibido en Cuba. El Estado es incapaz de suministrar lo necesario para el funcionamiento del sector privado y a la vez prohíbe que ese sector se desarrolle con la inversión extranjera directa y de los emigrados cubanos.

No creo que la independencia económica del Estado implique un proceso de mayor respeto por los derechos civiles o políticos. Se puede seguir siendo una dictadura como China y Vietnam y liberalizar la propiedad y la gestión económica. Treinta y cinco años después de las reformas en ambos países, el expediente sobre los derechos humanos sigue siendo en ellos una asignatura pendiente. Y me refiero a las condiciones de trabajo, los salarios, la seguridad social, y también los derechos civiles y políticos.

En Cuba existe una amplia población diezmada económicamente. ¿Cómo entiende usted el ejercicio democrático, o de reestructuración económica, de cara a esa población desvinculada de los beneficios derivados del modelo implementado por Raúl Castro?

Desde el punto de vista democrático las medidas iniciales serían despenalizar la discrepancia, cambiar la pésima prensa oficial que desinforma y asumir la opinión pública discrepante como parte normal de cualquier sociedad.

El Parlamento cubano tiene que funcionar todo el año y los ministros no pueden ser parte del mismo. Solo pueden ir a rendir cuentas.

Transparencia en la gestión pública. Hoy la prebendas de las élites políticas y militares están ocultas al escrutinio público y no existe ninguna rendición de cuentas real por parte de las autoridades.

Transformar el código penal soviético que tenemos y actualizarlo con el Derecho Internacional, crear una nueva ley electoral con consenso de la ciudadanía y convocar a una nueva Asamblea Constituyente. Esto serían los pasos iniciales para “civilizar” un país que ha quedado en un nivel medieval con respecto a los derechos y al funcionamiento de las instituciones.

Desde el punto de vista económico, sintetizo las propuestas de los economistas cubanos para echar a andar la economía del país, y estoy hablando de medidas iniciales:

-Eliminar la lentitud de los procedimientos para aprobar las inversiones extranjeras. De 400 proyectos de inversión presentados en la Zona Especial del Mariel, sólo once, y cuatro de ellos nacionales, han sido aprobados en los últimos dos años.

-Permitir la contratación de los trabajadores directamente por los empresarios extranjeros y no mediante empresas estatales empleadoras que se quedan con el 80% o el 96% del salario mensual del trabajador. Implementar impuestos progresivos sobre los salarios.

-Fortalecer el proceso de arbitraje para las relaciones con los inversores extranjeros. Hoy ese proceso descansa en los tribunales nacionales cuando debería ser colocado en las instituciones de arbitraje internacional de comercio, vistos los procesos confiscatorios reincidentes a empresarios extranjeros que crean inseguridad en la inversión extranjera.

-Acelerar la aprobación de las cooperativas. Hacer real la personalidad jurídica de las cooperativas de producción y servicios que, cinco años después de ser admitida su presencia, no logran importar ni exportar sus productos pero tampoco insumos y fuentes de capital.

-Dar seguridad jurídica a la micro y pequeña empresa privada, que hasta ahora es una promesa incumplida y genera ilegalidad.

-Permitir la creación de mercados mayoristas mixtos con la inversión extranjera en unión con la economía no estatal y estatal, con la prohibición de cualquier monopolio, ni estatal, ni extranjero, ni privado nacional.

-Aumentar los créditos a la agricultura en colaboración con la inversión extranjera directa.

-Eliminar la dualidad monetaria y cambiaria que distorsiona todos los indicadores de eficiencia de la economía. Las empresas estatales tienen un cambio ficticio de un peso cubano por un peso divisa CUC, mientras los trabajadores compran con un cambio de 25 pesos cubanos por un peso divisa en las tiendas estatales, que son las únicas autorizadas a importar. Esta medida se anunció en 2011 y no se ha implementado.

-Disminuir el IVA de 260% a 300% en las tiendas estatales de alimentos y ropa para fortalecer la demanda interna.

-Diversificar las fuentes de financiamiento interno y externo, permitiendo la inversión de los cubanos emigrados. Hoy existe, a partir del envío de remesas, pero no se permite directamente.

-Disminuir o eliminar el 70% a 75% de entregas obligatorias el Estado —con precios por debajo del mercado— a los productores privados y cooperativos agropecuarios. Los crecimientos productivos de la agricultura no aseguran las necesidades alimentarias.

-Sustituir los dos mil millones de dólares de importación de alimentos anuales, en inversiones y créditos a la agricultura. Acelerar la creación de cooperativas comercializadoras para los productos agrícolas.

-Admitir el trabajo de los profesionales en el sector no estatal de la economía permitiéndoles ejercer sus profesiones, hoy prohibidas en ese sector.

Todas estas medidas son resultado del análisis de los economistas cubanos sobre la marcha de las reformas y desbordan ampliamente el contenido de los documentos aprobados en el VII Congreso del Partido Comunista.

A alguien desvinculado de la situación política cubana, ¿cómo le explicaría usted las instancias sociales de oposición al gobierno?

Creo que la oposición al gobierno es abrumadora, aunque la represión y las represalias a las críticas transformen el descontento generalizado en estrategias de evasión del ámbito público y en emigración masiva.

Los activistas son minoría como en todas las sociedades abiertas, según el politólogo Robert Dahl, un clásico de la ciencia política. En una sociedad cerrada como la cubana, los activistas son fuertemente reprimidos y monitoreados individualmente. Solo en este sentido el gobierno cubano logra ser eficiente, pero es un dato significativo que desde el inicio de 2014 la represión se ha incrementado y al finalizar este año pueden llegar a diez mil los arrestos arbitrarios.

La oposición política, de todos los signos ideológicos, se nutre de todos los sectores sociales: jóvenes, profesionales, campesinos, emprendedores privados, empleados estatales que, organizados o no, no ven la capacidad del gobierno para salir de la crisis.

Hay muchas asociaciones y organizaciones ilegales permanentemente acosadas, no existe una organización legal que monitoree las violaciones a los derechos humanos. Están prohibidos los sindicatos independientes. Todo esto hace que la sociedad civil parezca difusa y poco organizada.

Si uno analiza la opinión pública que sale vía internet a partir de los blogs independientes que se escriben desde Cuba y en los medios digitales donde escriben y testimonian los periodistas independientes, fuertemente reprimidos, vemos que no queda un aspecto de la realidad cubana que no sea sometido a un análisis crítico, minucioso, y con toda la información necesaria para cambiar cada política pública del gobierno: los derechos civiles, políticos, económicos, sociales, culturales; la falta de respaldo jurídico del ciudadano; la discriminación racial; los derechos LGTB; la violencia contra la mujer; los presos políticos; el hacinamiento en las cárceles; la arbitrariedad e impunidad de los tribunales, de las fuerzas policiales y de la Seguridad del Estado, pero también la arbitrariedad de los funcionarios públicos, sean políticos o empresarios.

Las estructuras económicas y políticas cubanas son una máquina perfecta para la generación de oposición política por la incompetencia, la arbitrariedad y la represión. Siguiendo la clasificación de James C. Scott de los discursos de los dominados, el discurso opositor público y abierto se da en cada ciudadano cubano si no tiene enfrente a un interlocutor que pueda tomar represalias en su contra. Si se despenalizara la crítica y se permitiera la libre asociación y las manifestaciones pacíficas, veríamos una sociedad civil pujante y con grupos organizados y con propuestas bien articuladas de cambios en todos los aspectos de la política pública, interna e internacional.

Hasta ahora a los opositores pacíficos se les ha criminalizado y reprimido moral y físicamente, para invisibilizar las demandas ciudadanas y demonizar cualquier tipo de organización civil autónoma. No creo que la población cubana no esté preparada para la democracia, como piensan algunos. Creo que la represión invisibiliza los programas alternativos al oficial e impide la organización.

Ante un momento real de cambio hacia un nuevo modelo de gobierno, ¿cuáles podrían ser las principales estrategias de esa oposición?

La oposición cubana tiene muy claro el diagnóstico de los problemas de la sociedad cubana y diversas alternativas de acuerdo a cada opción ideológica del espectro político contemporáneo: el movimiento UNPACU tiene un programa de cambios bien articulado, el proyecto Convivencia también; los socialdemócratas de Arco Progresista tienen un programa minucioso sobre todas las aristas de la realidad social cubana; las Damas de Blanco tienen demandas muy precisas sobre los presos políticos y los derechos fundamentales; los socialistas democráticos del SPD tienen un programa que toca todos los aspectos de la sociedad; Estado de SATS, desde su surgimiento, tiene la claridad meridiana de la demanda de ratificación de los Pactos de Derechos Humanos de la ONU que Cuba firmó en el 2008, para que esos derechos sean vinculantes con la legislación interna; asociaciones de juristas independientes como Cubalex tienen un análisis de las aberraciones del código penal cubano y propuestas de alternativas. Otras asociaciones más recientes como Somos Más y otras menos conocidas ya trabajan con los jóvenes de la comunidad para dar un entrenamiento cívico ciudadano. Los periodistas independientes han permitido el conocimiento de la realidad cubana que los medios estatales ocultan de la opinión pública nacional.

Yo veo una sociedad civil muy diversa pero asfixiada y reprimida. Las estrategias de la oposición se formarán a partir de las condiciones que permita el gobierno. Por eso el mayor apoyo posible a nivel internacional por el respeto a los derechos humanos en Cuba es decisiva para que la tolerancia permita la emergencia pública de todo el espectro de la sociedad civil autónoma.

¿Cuál podría ser el “modelo” más adecuado, dadas las circunstancias cubanas, para implantarse como nueva forma de gobierno en la isla?

Creo que el mejor modelo para Cuba debe salir de elecciones libres y democráticas supervisada por observadores internacionales. Los ciudadanos deben tener el derecho a organizarse y mostrar sus programas de gobierno a la ciudadanía, con acceso equitativo a la opinión pública y con recursos del estado cubano.

De acuerdo a las señales que dan las élites políticas y militares del país, no creo que esto sea un escenario probable. Todo indica que a partir de 2018 el relevo generacional liberalizará algo más la economía y mantendrá un estado “elefante”, ineficiente y corrupto, con muy bajos niveles de desarrollo económico y la misma restricción a la autonomía ciudadana, más los efectos colaterales de un incremento de la violencia y la marginalidad social.

Sin un masivo apoyo internacional las élites políticas y económicas cubanas no se verán presionadas a cambiar hacia sociedades como Uruguay, Costa Rica o Chile, que sería lo deseable para todo el arcoiris político de los opositores cubanos, sino que dirigen ya sus pasos hacia el modelo chino y/o vietnamita, en el cual persiste la represión política y ningún derecho económico y social está realmente garantizado.

¿Qué sucedería con las instancias militares y paramilitares que ahora mismo controlan la economía del país? ¿Existe alguna posibilidad de que vean limitada su influencia o —como en el caso de España o Chile— serán una fuerza importante, a la sombra, de control socioeconómico?

Los militares deben retirarse a los cuarteles. Mientras mantengan un poder económico directo, amplio y corporativo como lo tienen hoy en Cuba, la ineficiencia, la corrupción, la falta de rendición de cuentas públicas y las formas de explotación medieval de la fuerza de trabajo que hoy emplean se mantendrán como ejemplo a seguir por todas las empresas públicas cubanas.

Las empresas militares son un cáncer de la economía nacional por su opacidad y por su ineficiencia. Los militares no son parte de la solución sino que son el problema mismo, precisamente porque controlan directamente las mayores actividades económicas del país. Hay que desmilitarizar la economía.

¿Cómo imagina entonces la reestructuración socioeconómica de Cuba?

Si solo asumieran las propuestas de los economistas que he mencionado antes, ya la economía comenzaría a marchar en una dirección adecuada; pero sin reconocer los derechos humanos económicos, sociales, culturales, civiles y políticos de la ciudadanía, la reestructuración no producirá una sociedad inclusiva sino profundamente excluyente, con grandes zonas de marginalidad, corrupción y violencia.