En la biblioteca de la UNEAC, detrás de una mesa, estaba su director: José Rodríguez Feo. El rostro medio sombrío, la mirada desafiante. Nos saludamos y me invitó a mirar los anaqueles. Allí no había nada de Jane Austen. Se lo dije y me observó de arriba a abajo, con perplejidad. “Lo que hizo pobremente Jane Austen lo perfeccionó Henry James con una gracia total: lea a James”, dictaminó sin levantarse.

Situada en los márgenes de Facebook, la nueva poesía de Javier Marimón es poesía de la Cuba del aire, escrita en alguno de los dialectos del cubano internacional, una escritura carente de mercado y de público definido. Fragmentada por regionalismos y clubes generacionales, su difusión es precaria. El nuevo lugar de encuentro de los poetas cubanos ha venido a ser el espacio virtual, por lo que es de esperarse que la velocidad digital condicione de alguna manera su forma.

La edad de las ciudades se cuenta a partir del día que llegamos a ellas. Yo llegué a Los Ángeles en 1979, recién salido de la cárcel, en el vigésimo año de la época revolucionaria, en plena era del Disco. Mi primer elepé, adquirido con dinero propio, fue Bad Girls, de Donna Summer; mi primer atuendo angelino, unos pantalones de gabardina sintética y un saco cruzado de solapas anchas; mi primera película, Apocalipsis Now en el Cinerama de Hollywood.