Volodímir Zelenski en el punto de mira de la maquinaria mediática rusa
Peso Pluma podría definirse como un dispositivo transcultural. Ha tomado todo elemento internacional que le interesa y lo ha incorporado a su imagen.
Los siete parecen bailar, en plena calle, un charlestón tan cheo como el castrismo mismo. Es la típica comepingancia de los cubanos.
The New York Times: “Puede utilizar su verdadero superpoder: será una implacable fiscal del clarísimo caso político contra Donald John Trump”.
The New York Times: “Los demócratas tienen la obligación política de elegir al candidato con más probabilidades de ganar. Esto se convierte en una obligación moral”.
Nunca supe por qué me buscó. Quizás por el miedo o la soledad en que vivía. Tal vez porque parecía un cura con mi calva. O un tipo asexual, por haber perdido cuatro dientes.
Foreign Policy: “Los dos candidatos se enfrentaron sobre la guerra de Rusia en Ucrania, la guerra entre Israel y Hamás, la inmigración y la imagen global de Estados Unidos”.
Vanity Fair: “¿Cómo? ¿El Donald Trump que incitó una insurrección porque no pudo admitir que perdió la última elección?”.
La idea es sencilla: cada día, durante los próximos cuarenta, publicaré aquí la versión de un poema que nos ayude a pensar el confinamiento. Rutina, refugio, exploración… Que cada lector escoja el uso que quiere dar a este diario en clave.
Para matar a Robin Hood. Escritos de cine 2005-2015 (Hypermedia, 2017), de Néstor Díaz de Villegas, es un libro bien conocido por algunos críticos cubanos, y que tal vez se encuentra en más bibliotecas personales por acá de las que sospechamos. Solo que sus dueños no lo revelan.
Desde cada punto de esa idea polarizada que es Cuba, se nos sigue invitando de forma explícita o taimada a definirnos desde posiciones binarias. Yo desde hace años tengo clara cuál es mi posición, e incluso así me cuesta bastante lidiar con mis contradicciones, que no son pocas. Pero como dice una amiga: menos de cinco contradicciones es dogmatismo.
Imagino su sorpresa, aquella mañana de inicios del curso escolar de 1865, en la Escuela Superior Municipal de Varones, en Prado 88, cuando entró al aula y vio que le habían matriculado a un apóstol. Yo mismo lo pienso y me erizo y deslumbro con la idea.