Una lengua suelta bajo fianza

Por Héctor Antón

Conocí a La Esteta a mitad de la década de los noventa. Eran los tiempos del regreso al “oficio del arte”, del “nuevo paradigma estético”, del “neohistoricismo tropical” y de un alivio de las tensiones entre los productores emergentes y la Institución-Arte. La Esteta reivindicaba una filosofía del entusiasmo y una tropología herética negada a contradecir la postura hegemónica de manera frontal.  

Moderada, amena e instruida, La Esteta también se fue de Cuba. O, mejor dicho, se mudó de contexto. Eso aclara ella cuando quieren meterla en el saco del exilio o de la diáspora. La recuerdo desmontando las heterotopías de Michel Foucault, los regímenes simbólicos de su padre discursivo Jacques Rancière, y soltando los pies al ritmo de NG La Banda. “Timba posmoderna”, repetía sin extraviar los pasillos.

Como socios que se tropiezan sin buscarse, mi reencuentro con La Esteta ocurrió durante una exhibición independiente en marzo de este año. Tras un coqueteo veloz, relajado, promiscuo, le propuse vernos para tocar ciertos dilemas de la escena visual, y ella aceptó. 

Transcribo la conversación que sostuvimos y que fue grabada en una cafetería de El Vedado, auxiliados por unas cuantas cervezas. No hizo acto de presencia ningún “eléctrico” para desestabilizar la charla; tampoco irrumpió ningún cauteloso institucionalizado.

La Esteta: 

¿Cuál sería el estado actual del arte cubano?  

El Chismógrafo: 

El arte cubano está fragmentado y disperso por el mundo, igual que casi todas las familias. ¿No dicen que los canguros surgieron en Cuba? 

¿Qué sobrevive hoy? Una cadena de pandillas, escuelitas, metecabezas, soñadores, viciosos, teloneros, herméticos, simuladores, nuevos ricos, escépticos, jubilados y repatriados que intentan reinventarse en el arte y en la vida.

¡Sálvese quien pueda en el oscurantismo estratégico!

La Esteta: 

¿Dónde quedaría la problemática del mercado en un ámbito difuso?

El Chismógrafo: 

El problema del mercado del arte es que hay más productores que compradores. Si las galerías no entran en el cuentapropismo, muchos se las ingenian para insertar el arte visual en los negocios legales y mercadear free. 

Algo se promueve. Algo se vende. Algo se gana. Aunque demasiado tarde, luego de casi sesenta años de ataduras sin rentabilidad. La trama comercial del arte cubano es un feto innombrable. El síndrome de los precios trastorna el valor de los artistas y las obras. Lo demás son hordas de criaturas disputándose ventas, contactos y becas. 

La Esteta: 

¿Y cuál sería el rol de la teoría y la crítica especializada?

El Chismógrafo: 

El crítico Robert Hughes sentenció: “Uno se cansa del supuesto papel que los críticos tienen en esta cultura. Es como ser el pianista de un burdel: no tienes ningún control sobre todo lo que pasa en el piso de arriba”.                                                    

La Esteta: 

¿Qué piensas de Carlos Garaicoa?

El Chismógrafo: 

Las malas lenguas que no hablan inglés ni leen teoría dura, aseguran que Carlos Garaicoa es el mejor relacionista público de su promoción. 

Experto en vincular carrera y obra, Garaicoa propuso habilitar un taller opcional en el Instituto Superior de Arte, que se nombraría “Escuela de Viajes”.

La misión era preparar a los futuros artistas para que aprovecharan sus salidas al extranjero y empezaran a crear una base de contactos. Esa idea quedó trunca, pero Garaicoa sí pulió sus armas para insertarse temprano en el mainstream.

La Esteta: 

¿Cómo es posible que Carlos Garaicoa se manifieste contra el artivismo al estilo del paradigmático Ai WeiWei?       

El Chismógrafo: 

¿Y cómo es posible que el team del Estudio Garaicoa le conceda una residencia artística a Luis Manuel Otero Alcántara o que el propio Carlos reciba en sus big partys a la vigilada Tania Bruguera, justo antes de entrar o recién acabada de salir de una estación policial? 

¿Quién puede distinguir contra qué o a favor de quién está Carlos Garaicoa, cuando lo que prevalece es su conveniencia? Para los afiladores de espuelas no existe una ideología de la actitud compatible a un juicio político incanjeable. Quemar las naves no es su negocio.

La Esteta: 

¿Qué implica el show que instauró Garaicoa en su residencia los fines de año?

El Chismógrafo: 

Cada 30 de diciembre, esa velada es una línea en el dossier de la fauna artística, habanera, urbana por fuera y rural por dentro.

En una pecera descapotable, los pequeños se sienten grandes junto a personalidades nacionales e internacionales. Así deliran con que son importantes. 

Gracias a una lista de invitados que chequea un vigilante en la puerta, se climatiza la peste del ego latente que derrochan estrellas y luceros. 

Un reality show en tiempo real basta para inducir una catarsis de poses, deseos y chistes del espacio soñado por la máscara del glamour. 

Entre diamantes falsos y verdaderos, coinciden diletancia y erotismo. Dos chicas de peluquería, gimnasio y Facebook salen del recinto para frotar sus cuerpos, mientras sus novios oficiales beben whisky en el jardín y discuten sobre la posverdad en Damien Hirst.

La Esteta: 

Hablando de visibilidad y salvando las distancias, ¿quién es Maykel Herrera?

El Chismógrafo: 

Maykel Herrera Pacheco es conocido popularmente como “El pintor de los niños”. También es ilustrador fetiche de Pionero (la revista de los adolescentes cubanos). Cuadros suyos decoran el Hospital de Obstetricia y Ginecología Ramón González Coro. Aunque los mortales que confían en la “potencia médica” los ignoran.

Un niño saliendo de una caja de cartón. Una niña tirando de una manzana como si fuera una carreta. Un príncipe enano sobre un cucharón, cuyo mango tiene los colores de la bandera cubana. 

Maykel Herrera todavía padece la neurosis identitaria. La vacuna globalizante que inventó Gerardo Mosquera contra esta epidemia que brotó en los noventa no le hizo efecto al Pintor de la Televisión.  

La Esteta: 

¡Ah, pero ese muchacho está enfermo, necesita curación! Pierre Bourdieu detectó ese equívoco de la contemporaneidad: “Ser es salir en televisión”. Lo de ese Maykel es un arrebato populista. El artista como patrón de prueba. Lo nunca visto en la historia de la plástica cubana.

El Chismógrafo: 

En Cuba lo estatal tiende a privatizarse, gracias al amiguismo y el soborno. El vidrio televisivo se ha convertido en un material publicitario muy caro. 

¡Ah!, y más tarde se aparece el ministro de Cultura Abel Prieto insistiendo en velar por los niveles de jerarquización o los espacios idóneos de legitimación artística.

La Esteta: 

Del engaño al ojo naif a los timadores del conceptualismo blando hay solo un paso. En la actualidad críticos, curadores, galeristas y museos están expuestos a ser burlados por el facsímil disfrazado de reciclaje intertextual.

El Chismógrafo: 

Hay artistas cubanos que recorren el mundo y vuelven, tratando de alcanzar notoriedad a costa de fórmulas de éxito internacional. Fórmulas explotadas, incluso, por productores visuales surgidos en la Isla al comenzar los 2000. 

Cerca de esta cafetería (casualmente llamada “La Fuente”), en Galería Habana, expone Felipe Dulzaides. Te describo piezas de su muestra, titulada Formalmente. Te las grafico en palabras, como lecciones de canibalismo ingenuo.

Un triángulo dibujado en la pared y una piedra sujeta a una cinta colgante (“Sobre el Triángulo de las Bermudas”, 2017). 

Una serie de fotografías a una hilera de tanques de basura (“Doce tanques de basura del Vedado”, 2014). 

Una estrella negra pintada sobre un cuadrito de fondo blanco (“Estrella negra en cielo blanco”, 2018). 

Garabatos sobre cartulinas a lápiz (“Formalmente informal”, 2016). 

Un trozo de madera apoyado a una bola de barro contra la pared (“Posible autorretrato”, 2018). 

La Esteta: 

Esas piezas simulan ejercicios de clase en una escuela de nivel medio como San Alejandro. Trucos forzados donde la banalidad tautológica revierte lo minimal en lo mínimo.  

El Chismógrafo: 

Tratando de estar arriba de la bola, Felipe Dulzaides acabó por reproducir a Wilfredo Prieto. La diferencia radica en que Wilfredo Prieto es un lince reinterpretando la obra de los otros (¡quién no lo hace!) e imprimiéndole malicia.

Dulzaides no es apolítico ni políticamente incorrecto. Ni tiene disponible al comisario internacional Gerardo Mosquera para justificar resbalones con grasa, jabón y plátano. Dulzaides tiene baja la hemoglobina lúdica.

La Esteta: 

¿Qué hay de esa Bienal 00 que instrumenta Luis Manuel Otero Alcántara, luego de anunciarse la postergación de la 13 Bienal de La Habana debido a los gastos que causó el huracán Irma?

El Chismógrafo: 

Entre la odisea de la tormenta política y la cuota de los espacios disponibles para concretar gestos artísticos, se hallaría la esencia de esta Bienal 00. Recordemos todas las molestias que ocasiona un evento gubernamental como la Bienal de La Habana, aparentemente crucial para reanimar la cultura. 

Nadie imagina el cúmulo de trabas y autorizaciones que pesa sobre los especialistas del Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam a la hora de intervenir un espacio público o modificar el hábito de lugares sacralizados por la costumbre. Muchos artistas y colectivos de prestigio se han ido de Cuba convencidos de no volver a participar en una Bienal.

La Esteta: 

La iniciativa de Luis Manuel Otero es tan romántica como ingenuamente temeraria. Si la Bienal oficial debe tratar con pinzas al casco histórico habanero y el control que despliega la Oficina del Historiador de la Ciudad, la Bienal 00 podría estimular a los artistas cubanos y extranjeros que ya se cansaron de respetar el vía crucis de la burocracia, ese antídoto frente a las locuras del arte contemporáneo.

El Chismógrafo: 

Si navega con un poco de fortuna clandestina, la Bienal 00 pudiera evitar las falsas alarmas. Porque no estaría mal provocar una sucesión de libretazos, como aquel performance de Ángel Delgado en El objeto esculturado (1990). 

Sin crear ninguna expectativa, Ángel generó un disturbio defecando sobre un periódico Granma. En la actualidad, el uso-abuso de las redes sociales puede echarlo todo a perder a causa de rumores traicioneros. 

La Esteta: 

¿Cuántos seguirán a Luis Manuel Otero, en medio de la indiferencia y la desconfianza?

El Chismógrafo: 

Cuando sospechas que todo es cordura, pánico y maquillaje, se abre una rendija en el Hospital Psiquiátrico para quienes no tienen nada que perder. El derecho al pataleo de la cuerda locura es una epidemia falsamente controlada: brota a contrapelo de las medidas drásticas que se toman para exterminarla sin dejar secuelas.

La Esteta: 

Muchos productores visuales (con)funden arte y escándalo. No es lo mismo escandalizar con arte que provocar escándalos sin arte. El teatrico de la politiquería barata como ganga mediática constituye un ademán antropofágico.                                                                                                                  

El Chismógrafo: 

El susurro de Tatlin # 6, de Tania Bruguera, en la X Bienal de La Habana (2009), fue un milagro profano de la vulnerable intransigencia cubana. No olvido tus lágrimas de impotencia ante el micrófono, lágrimas que te impidieron hablar. También pudo ser el llanto de la autocensura. Sin embargo, algo quedó en el ambiente del patio interior del Centro Wifredo Lam.

Era el vacío de la libertad, eso que saturaba el área dominada por el miedo. Parecía que rodarían las cabezas por el crimen de haber permitido realizar una intervención que convocó a la crema y la nata de la disidencia. 

La Esteta: 

No pude contener el llanto. Todo se agolpó en mi alma. Me derrumbé por dentro. Esta obra de Tania desbordó feeling, por eso impactó al público, que escuchó atónito las prédicas. A mucho arte político de este minuto le falta eso: sentimiento. Lo cálido debería suplantar a lo frío en el posicionamiento táctico. 

En una pieza como El susurro de Tatlin # 6 lograron confluir el arte, la política y el show que respalda a la visualidad contemporánea.

El Chismógrafo: 

El Ministerio del Interior y las Fuerzas Armadas Revolucionarias no aprendieron la lección: intimidar a muchos permitiendo clamar a varios. Ahora interrumpen las acciones de los artistas contestatarios. Les adjudican el mote de síntomas mediáticos que nunca llegarán a ser fenómenos artísticos. Los detienen y encarcelan para abrirles expediente delictivo.

Acto seguido, el Consejo Nacional de las Artes Plásticas se lava las manos. Arguyen que los sujetos involucrados han dejado de ser artistas. Poncio Pilatos es el presidente simbólico del Consejo Nacional de las Artes Plásticas. 

En Cuba, desacato y arte no riman. La Bienal 00 habría que verla para juzgarla. Luego, tanto los fiscales del todopoderoso como los abogados del diablo podrían calificar el guiño irreverente de Luis Manuel Otero Alcántara como arte, política o escándalo.

La Esteta: 

Milagro que la cerveza esté fría con este calor. Dejemos el trauma del compromiso, los ideologemas y la falsa conciencia del arte o de los artistas. Por cierto, ¿quién sería el anartista cubano por naturaleza, más allá del bien y del mal?

El Chismógrafo: 

Cuando su fama es más callejera que poética, Charles Baudelaire se pinta el pelo de verde, porque está “alegremente desesperado”, ha dicho Francisco Umbral en su colección de semblanzas ¿Y cómo eran las ligas de Madame Bovary? (Ediciones Destino, Barcelona, 2003).

En el baúl del aire, Ezequiel Suárez guarda sus cápsulas mortales. Taciturno y atravesado, es un paria de culto que insulta al crepúsculo sin aguardar por el sonido del eco. En sus proclamas, declara: 

“Savón no bajará un átomo del ring”. 

“La arquitectura no ha terminado, cientos, miles de alamares serán distribuidos mentalmente”. 

“Nada que defender, nada que repudiar, ninguna solución, ningún problema, cero enfrentamiento, cero cooperación. ¡Basta ya de napalm y dulces playas!”.

Ante la obra de Ezequiel Suárez uno siente que la fantasía y el desinterés son virtudes anacrónicas en medio de las guerras de rapiña generadas por la competencia artística y su vitrina de puñaladas traperas.

La Esteta: 

Con el poder de la imaginación, renacen los muertos y los vivos. ¡Qué maravilla, amigo!

El Chismógrafo: 

Ezequiel Suárez reaparece cuando nadie lo espera y desaparece cuando urge su presencia. No es un secreto su inclinación por alterar las nociones de lirismo y política, saber y pacotilla, desobediencia y hastío. Ezequiel es un punto de referencia para autodidactas reacios al academicismo posconceptual. 

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Mira qué tarde se nos hizo, tengo que irme”, dijo La Esteta observando el contorno. Luego recogió su carterita de la mesa y se la colgó al cuello. “Te acompaño hasta que cojas el taxi. Fue un placer descargar contigo”, agregué. Caminamos hasta llegar a Línea y G. La noche cubría a una ciudad tomada por el reguetón, las colas en las embajadas y la falta de productos de aseo.

Al día siguiente La Esteta volvería a su refugio pedagógico, una periferia donde ella respira en la altura sobre el nivel del mar. Yo retornaría a mi casa vieja, oasis para ratones y cucarachas, a escuchar esta grabación de un careo sano y sabroso, sin trabajar para el inglés, en un país deseado por la lejanía de su prole nómada.

La vida y el arte seguirían igual, a pesar de conspiraciones privadas y públicas.