La locura colectiva de un país es más que la suma de sus locos. Lezama tuvo que sacar esa conclusión desde su puesto en el Castillo del Príncipe.
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Lezama Lima a mediados de los años 30
“Interesa, sobre todo, fijar la imagen de ese joven poeta iconoclasta que aprovecha todas las oportunidades para hacerse visible y se mueve con libertad entre ‘los pajes, los comunistas y los sultanes’”.

