El VI Clásico Mundial de Béisbol: triunfo de Venezuela, fracaso de Cuba

El VI Clásico Mundial de Béisbol tuvo un éxito rotundo. Demostró que el deporte de las bolas y los strikes tiene un alcance global. Se juega en los cinco continentes y su nivel se ha incrementado. 

Una muestra es que en el Opening Day de la temporada de 2025 en las Grandes Ligas de Estados Unidos (MLB, por sus siglas en inglés), el circuito de mayor fuerza en el béisbol, 265 jugadores extranjeros de 18 países integraban las plantillas de los equipos. Más de la cuarta parte del total.

El éxito del último Clásico se reflejó en las audiencias. Se rompieron los récords de asistencia a los estadios y los de visualización televisiva. Según Sports Business Journal, 1.62 millones de aficionados presenciaron los juegos en Tokio, San Juan, Houston y Miami, lo que representa un incremento del 24% respecto a la edición anterior. La cobertura mediática y el interés global alcanzaron cifras igualmente históricas para el torneo.

Las expectativas previas al VI Clásico estaban centradas en varias interrogantes: ¿podrá Japón lograr su cuarta corona?, ¿demostrará República Dominicana su poderío por segunda ocasión?, ¿será el turno de Venezuela?, ¿se impondrá la selección de Estados Unidos, calificada como dream team?, ¿lograrán México y Puerto Rico incluirse entre los grandes?, ¿pasará Cuba la fase de grupo como en los Clásicos anteriores?



Los juegos

En la fase de grupos, la mayor sorpresa la dio Italia, que clasificó como primera en Miami, al vencer a Estados Unidos y México. En Tokio se cumplieron los pronósticos, con la clasificación de Japón y Corea del Sur. También en el grupo de Houston, donde avanzaron República Dominicana y Venezuela. Igualmente, en San Juan: Canadá y Puerto Rico dejaron fuera a Colombia, Panamá y Cuba (sobre la que volveremos). 

Más allá de quienes pasaron a cuartos de final, hubo partidos encarnizados, inolvidables, o sorprendentes, como el de Corea-Taipei, ganado por los chinos en extra innings; el de Puerto Rico-Panamá, decidido por un jonrón del boricua Darell Arnáiz en la décima entrada; el de Nicaragua-Países Bajos, finalizado por cuadrangular del curazoleño Ozzie Albies; o el sorpresivo bombazo que fue la victoria de Italia sobre Estados Unidos, 8-6.

En cuartos de final, dos partidos muy disputados y que cambiaron el tono de los esperado en esta etapa fueron los disputados entre Venezuela-Japón y Puerto Rico-Italia. Ambos, reñidos y emocionantes. 

En el primero, Venezuela, con su triunfo de 8-5 sobre Japón, el campeón defensor, mostró las ganas y el empuje con que vino al torneo. El desafío fue un cachumbambé en el marcador, hasta que el tercer cuadrangular de Venezuela, conectado por Willyer Abreu, sentenció el encuentro. 

Por su parte, Italia ganó su quinto juego seguido y derrotó 8-6 a Puerto Rico, para avanzar por primera vez a una semifinal en el Clásico. A esas alturas, ya los europeos eran la mayor sorpresa.

El triunfo de Estados Unidos sobre Canadá, 5-3, dejó ciertas dudas sobre el poder ofensivo del conjunto etiquetado como gran favorito. A su vez, la aplastante victoria de República Dominicana sobre Corea del Sur, 10-0, elevó las expectativas del seleccionado caribeño. 

Cumplido este recorrido, quedaban en pie, para semifinales, los trabucos de Estados Unidos, República Dominicana y Venezuela, más Italia. 

En una de las semifinales, Venezuela frenó las aspiraciones de Italia, al derrotarle 4-2. Italia logró marcarle dos carreras en el segundo inning a Keider Montero, el lanzador abridor venezolano. En adelante, los relevistas no le permitieron más libertades. A su vez, Eugenio Suárez redujo la ventaja con un jonrón en el cuarto episodio. En el séptimo, Venezuela sumó tres carreras más, definitivas, con hits sucesivos de Ronald Acuña, Maikel García y Luis Arráez. 

En la otra semifinal, el desafío entre Estados Unidos y República Dominicana parecía ser la final adelantada del VI Clásico. Ambos planteles lucían impresionantes en el orden ofensivo, mas se veía cierta ventaja en el pitcheo de Estados Unidos, sobre todo por su pitcher abridor, Paul Skenes. 

Curiosamente, República Dominicana le conectó seis hits a Skenes, incluyendo un cuadrangular, de Junior Caminero, en cuatro entradas y un tercio, y solo le batearon dos al resto de los lanzadores. Mientras que Estados Unidos le conectó un hit más, 7, al pitcheo de República Dominicana. 

La diferencia la hicieron los jonrones, dos de Gunnar Henderson y Roman Anthony, ambos en la cuarta entrada. Fue un gran juego, aunque empañado por los conteos del árbitro de home a Juan Soto y a Geraldo Perdomo.

Si en el juego contra República Dominicana, el pitcheo abridor parecía favorecer a Estados Unidos; ahora, en la final de Estados Unidos contra Venezuela, este factor otra vez le otorgaba favoritismo. 

Mas, en el deporte, los pronósticos son una cosa y la competencia, otra. Tanto el abridor venezolano, Eduardo Rodríguez, como los relevistas, hasta el octavo inning, fueron indescifrables. Y las carreras marcadas por Venezuela, en el tercero y el quinto capítulos, pesaban una tonelada. Hasta que el relevista Machado, en la octava entrada, después de sacar dos outs, le concedió base por bolas a Bobby Witt Jr. y Brice Harper conectó el jonrón que igualó las acciones. 

Pero Venezuela no había llegado hasta aquí para perder. Reaccionó en el capítulo siguiente, gracias a un largo doble de Eugenio Suárez, que impulsó la ventaja. El marcador ya no se movió más. El cerrador venezolano, Palencia, liquidó el noveno inning con once lanzamientos. El Clásico Mundial de Béisbol tenía un nuevo campeón. Los venezolanos lo festejaron en grande.



Entradas extras

El VI Clásico Mundial de Béisbol certificó el torneo ante la audiencia global como el de mayor jerarquía en el juego de las bolas y los strikes. Y la manera en que se prepararon los seleccionados brinda una muestra cabal del interés que se tomaron por la competencia.

Las instituciones que organizan el Clásico permiten a los países participantes incluir en sus selecciones a jugadores que tengan lazos familiares con el país o que puedan obtener ciudadanía o pasaporte de esa nación. Esa reglamentación, que ha contribuido a elevar el nivel del Clásico, ha sido muy bien aprovechada.

La única selección asistente al VI Clásico que no tenía en su plantilla a jugadores activos en la MLB fue la de República Checa. Sin embargo, contaron con varios peloteros de alguna experiencia en la liga élite del béisbol. 

La cantidad de jugadores estelares en la MLB es el indicador para medir la fuerza del béisbol de cada país. De ahí que las naciones con mayor presencia en las Grandes Ligas ocupen los primeros lugares: Estados Unidos, República Dominicana, Venezuela. 

El cuarteto de los grandes debe incluir a Japón. Su liga de béisbol profesional es la segunda más fuerte en el mundo y haber dominado en tres de los seis Clásicos le otorga ese aval.

El VI Clásico demostró lo señalado. Italia, el equipo sorpresa, que llegó a semifinales, no lo desmiente, porque esa selección estaba llena de jugadores de Grandes Ligas, aunque no precisamente de estrellas. Venezuela, que sí lo estaba, le puso el pare.

Claro que los jugadores de un país no llegan a las Grandes Ligas por arte de magia. República Dominicana, Venezuela, Puerto Rico y México tienen ligas profesionales de calidad. La paradoja es Cuba. Después de tantos años sin liga profesional, los cubanos siguen arribando a la MLB y ocupan el tercer lugar entre los jugadores extranjeros. La fuerza de la tradición sigue pesando bastante. Hace 67 años la Isla tenía la segunda liga profesional más fuerte del béisbol. 

La federación de béisbol cubana quiso atraer a los ligamayoristas a la selección que participaría en el VI Clásico, mas no pudieron incluir nada más que a dos. Por una parte, esos jugadores no olvidan que llevan más de tres décadas siendo calificados de traidores, desertores y apátridas; por otra, los funcionarios deportivos cubanos no pueden ni saben ejecutar esa tarea. Tienen que cambiar todo el libreto.

Tanto Venezuela como Nicaragua padecen de gobiernos totalitarios, muy parecidos al régimen cubano. Pero allí el deporte no sufre la contaminación política que tiene en Cuba. Ambos países cuentan con ligas profesionales en las que se integran a los jugadores locales con jugadores extranjeros. 

Para dirigir su selección al VI Clásico, Nicaragua contrató los servicios del manager estadounidense Dusty Baker. Tenía, además, a reconocidos coaches, como Sandor Guido, Lenin Picota, Randall Simon y Jorge Avellán; mientras que Venezuela contaba con un arsenal de grandes figuras del béisbol en su cuerpo técnico, dirigido por Omar López: Miguel Cabrera, Johan Santana, Carlos Méndez y Robinson Chirinos. 

Para convocar a un equipo técnico de esa magnitud se necesita una gerencia capaz de manejar el proyecto. Nicaragua tuvo a George Santiago como gerente general y Venezuela conformó un staff integrado por Gregor Blanco, Andreína Salas y Rafael Yáñez.

Cuando una personalidad respetada en el mundo del béisbol convoca a un pelotero para integrar la selección del país, ese jugador lo considera un honor. Y en la mayoría de los casos, acepta.

Tanto los jugadores que integraron la selección de Venezuela como el manager Omar López expresaron lo importante que fue la unión lograda en el colectivo. Y el jugador más valioso del Clásico, el antesalista Maikel García, dijo que ellos habían jugado para los treinta millones de venezolanos. De hecho, en el LoanDepot Park de Miami había varios miles apoyando a la selección.

Mirémoslo desde el costado cubano. Es imposible que el oficialismo deportivo y su federación de béisbol sean capaces de manejar un proyecto así. Las personas que pueden hacerlo están en la diáspora: René Arocha, Orlando Hernández, Brayan Peña, y otros, tienen poder y prestigio para convocar a Yandy Díaz, Aroldis Chapman, Jorge Soler, Yordan Álvarez, Lourdes Y. Gurriel, Luis Robert Jr., José Adolis García, Andy Pagés, Yennier Cano, Raisel Iglesias, José Iglesias, Andy Ibáñez, Yoan Moncada, Yariel Rodríguez, Edgar Quero, Miguel Vargas, Adrián Morejón, Cionel Pérez, Johan Oviedo, todos de la MLB, y armar un conjunto para pelear contra Estados Unidos, República Dominicana, Venezuela y Japón. 

Para este VI Clásico no pudo ser. Esperemos que sea realidad para el próximo. La oscuridad no puede ser eterna. La luz volverá a los estadios de la Isla. Y tendremos una selección de béisbol que nos represente a todos los cubanos.