Nací ocho años después de la Crisis de los Misiles.
Mi infancia, adolescencia, juventud y madurez se sucedieron en un país con partido único, bajo la voz de un solo líder clonado en su linaje. De niña, pensaba que el presidente de Cuba era un rey y que, al rey, resultaba imposible sacarlo del trono.
Llegué a creer que el culpable de que en Cuba no existiera la Navidad, no llegara Papá Noel y jamás cayera nieve era el “embargo norteamericano”.
Miles de cubanos de mi generación despidieron a sus abuelos, padres, madres y hermanos sin conocer que encontrarían la muerte librando batallas ajenas en destinos tan exóticos como desconocidos.
El gobierno cubano ha estado involucrado en diversos focos guerrilleros dentro de América Latina: los Montoneros y el ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) en Argentina; los Tupamaros (MLN-T) en Uruguay; el MIR y el FPMR en Chile; las FARC-EP, el ELN y el M-19 en Colombia; Sendero Luminoso y el MRTA en Perú; el ELN en Bolivia; el FSLN en Nicaragua; el FMLN en El Salvador; la URNG en Guatemala; el Movimiento 26 de Julio y el Directorio Revolucionario 13 de Marzo en Cuba; el Movimiento 14 de Junio en República Dominicana; el EZLN en México; y las FAR junto al MIR de Venezuela.
Durante la Guerra Fría, el gobierno cubano se mantuvo activo en diversos conflictos armados dentro de África: el MPLA en Angola; el PAIGC en Guinea-Bissau y Cabo Verde; el FRELIMO en Mozambique; el FLN en Argelia; la SWAPO en Namibia; el ANC en Sudáfrica; la intervención militar cubana en Etiopía durante la guerra del Ogadén y la presencia cubana en Congo (Brazzaville).
Fuera de América Latina y África, Cuba también ha estado vinculada directa o indirectamente a otros virulentos conflictos en escenarios internacionales: la Guerra de Corea; la Guerra de Vietnam; la Guerra Árabe-Israelí en el Medio Oriente; el conflicto en Yemen; misiones militares y de seguridad en Siria; cooperación militar y de inteligencia con Rusia; y, en la actualidad, el conflicto entre Ucrania y Rusia, desde donde nos llegan testimonios de jóvenes soldados cubanos que confiesan su participación como reclutas al servicio del ejército ruso.
Este 30 de enero de 2026 la administración liderada por Donald Trump anunció una orden ejecutiva que prepara el terreno para el recrudecimiento de acciones puntuales contra el gobierno de Cuba. A partir de ese momento y, al calor de la extracción de Nicolás Maduro en la madrugada del 3 de enero desde Caracas, suenan las alarmas para los cubanos.
En el mundo se discute la trascendencia, utilidad o rechazo a una intervención norteamericana en la Isla, acción para la cual, desde la adolescencia y como en “Pedro y el lobo”, se nos ha venido previniendo y entrenando militarmente. Lo que se espera de un ciudadano sensato en el hemisferio occidental es el rechazo absoluto a cualquier tipo de intervención en una nación soberana.
Repasando todas y cada una de las naciones citadas anteriormente, donde Cuba ha intervenido, militar e ideológicamente, durante décadas, podría parecer sarcástico que los cubanos, después de tanto “internacionalismo proletario”, se cuestionen una posible intervención militar.
Por otra parte, ¿a qué nación soberana nos estamos refiriendo?
La dictadura cubana, como todos los gobiernos totalitarios, se rehúsa a publicar estadísticas auditables sobre presos políticos o presos de conciencia. Por ello, las series largas (1959-2026) solo pueden reconstruirse a partir de estimaciones de organismos internacionales, ONGs, archivos desclasificados y conteos de la sociedad civil.
Dentro de Cuba no se publica nada sobre las UMAP (campos de trabajo forzado para homosexuales y reclusión de desafectos al gobierno), no se habla en la prensa oficial de las violaciones a mujeres en las cárceles, ni de la vejación a los llamados presos plantados. Tampoco de los años de prisión que cumplen hoy artistas e intelectuales insulares por pensar o expresarse de modo frontal o a través de la música, la literatura, la visualidad.
Durante y tras las protestas del 11 de julio de 2021 (11J) se registraron miles de arrestos en todo el país. Según Prisoners Defenders, en su informe con corte al 30 de junio de 2025, de un total de 1.158 presos políticos reconocidos en Cuba, aproximadamente 752 (el 65%) fueron detenidos por manifestarse pacíficamente durante el 11J. De esos manifestantes, un porcentaje significativo sigue en prisión, con condenas de entre 10 y 30 años por cargos como sedición o “desórdenes públicos”.
En los meses posteriores a las protestas, varios centenares de ciudadanos cubanos fueron enjuiciados por esos mismos cargos y otros delitos penalizados por el gobierno cubano tras manifestarse. Entre ellos, menores de edad fueron arrestados, procesados y condenados por participar en las manifestaciones. En la mayoría de los casos, sus llamados “abogados defensores” funcionaron como delatores.
Ha llegado el momento de que las organizaciones internacionales y los medios de difusión actúen con objetividad, aceptando que Cuba ha sido invadida desde dentro. Quienes allí reinan, han sumido al país en la miseria extrema, la oscuridad y el hambre profunda, la mendicidad, la insalubridad y la violación de todos y cada uno de nuestros derechos fundamentales.
La dirigencia cubana se ha radicalizado. La esposa del presidente Miguel Díaz-Canel lo llama públicamente el “dictador de mi corazón”, manifestándose, con total impunidad como verdugos en las redes sociales.
El principio del derecho de autodeterminación de los pueblos, asentado en la Carta de las Naciones Unidas (1945), en su artículo 1, inciso 2, establece como propósito de la ONU el respeto a la autodeterminación de los pueblos. Quiero dejar muy claro que nuestro pueblo, desde hace décadas y en especial hoy, no posee derechos de autodeterminación.
Para quienes se preocupan por el futuro inmediato de la Isla, es fundamental decir que Cuba ya se encuentra intervenida, invadida, ocupada, usurpada por militares que han secuestrado nuestra voluntad personal y nuestra identidad nacional, modificando por la fuerza el legado orgánico y sustancial de nuestra idiosincrasia libertaria, condición histórica que nació con el primer mambí en la primera batalla de las guerras de independencia.










