La chiquita ya había salido de la prisión. Y estaba en la calle, libre, y con tremendas ganas de vivir. Pero los vivos, los blancos y la gente del Vedado son de pinga y, como si fuera una apestada, habían hecho un espacio alrededor de ella.
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Habana Abierta: la noche que no atrapé a Moby Dick
Este es el texto sobre el concierto de Habana Abierta en Gibara, donde el público escuchó los temas de siempre, esos con los que el grupo plantó bandera en La Tropical, en su primera Cruzada. Y en aquella otra, que me dejó un mal sabor. Como el ron casero en los años 90, que a pesar de todo me tragaba. ¿El (mal) sabor del fin?
La Habana: entre Memorias del subdesarrollo y Fresa y chocolate
Cincuenta y veinticinco años cumplieron Memorias del subdesarrollo y Fresa y chocolate respectivamente. En 2019 celebramos el aniversario 500 de La Habana. Tanta conmemoración pudiera obnubilar la profunda pesadumbre y los factores de desequilibrio, caos e incertidumbre que traslucen ambos filmes.
Joel del Río: “Pensarán que me volví complaciente…”
Conversamos con Joel del Río, uno de los críticos de cine más seguidos en Cuba por sus colaboraciones tanto en Juventud Rebelde como en revistas especializadas, así como por sus comentarios en programas televisivos como el Noticiero Cultural y en disímiles emisoras de radio.
Peter Handke en Cuba: rosas al público
Impulso Teatro presenta por estos días de agosto, en La Habana, una obra de Peter Handke: Insultos al público. Bajo la dirección de Alexis Díaz de Villegas, esta puesta en escena tiene méritos, desencuentros, y algunos desaciertos.
Toda la mierda del cielo cae en La Habana
Conozco a alguien a quien le cayó del cielo El Capital de Marx. A mí me cayeron las revistas Mujeres de la década del ochenta que la nieta de una coleccionista estaba tirando de una azotea. No te va a caer un libro de César Aira pero te va a caer papelería sentimental, como cuando me tiraron las fotos de una quinceañera gorda, una quinceañera que pude ser yo.
No me vuelvas a decir baby
Bailando zumba con mujeres que cubren sus cabellos para que solo puedan verlo sus esposos, me sentí derrotada por un abismo que tiene que ver con una hegemonía de la sobrevivencia.
Soñar arena
Todo en Reinaldo Arenas es risa y horror, ternura y tedio, desprecio y delicadeza. Por eso es tan grande ese guajirito nacido en un cagadero en Holguín. Y por eso son tan mediocres los demás escritores de su generación, títeres triunfadores que no serán recordados siquiera porque, de jovencitos, Reinaldo Arenas literalmente se los templó.









