Katarzyna Dembicz: PosCuba

(Tomado de PosCuba: lo imponderable de la transformación insular, Hypermedia, 2016)

¿Se podría justificar la comparación de la Cuba actual con la Polonia de la época de la transformación de los años noventa del siglo XX? Tal pregunta la formulé pensando en escribir sobre los cambios que está viviendo Cuba y su sociedad actualmente. A pesar que varios de mis colegas investigadores opinaron que no tiene explicación, ni razón tal procedimiento, pienso que plantearla es muy necesario. El objetivo no es indicar diferencias o similitudes entre ambas realidades y procesos. Aunque estas existan. El propósito de tal pregunta era poder analizar, profundizar y ampliar la reflexión sobre los cambios que se están dando en la Isla en el nuevo milenio a partir de las experiencias vividas por los polacos en los años noventa del siglo XX, reunidas en las investigaciones científicas.

Las comparaciones, sin embargo, son inevitables. Por ejemplo, en el caso cubano como en el de Europa del Este, las causas primordiales de la transformación fueron la mala gestión económica. A este factor es necesario añadir la falta de legitimidad de los gobiernos de los países europeos del bloque socialista, que en Cuba se mantiene, aunque debilitada por el retiro de la vida política del carismático líder Fidel Castro (y ahora su ausencia física).

Aunque los orígenes de los sistemas de Polonia y Cuba fueron diferentes, sus características los llevaron a denominar de la misma forma: “real socialismo” o “comunismo”. En el primer caso, el sistema (vigente entre los años 1945-1989) fue impuesto con fuerza desde las cúpulas políticas internacionales, como resultado de acuerdos pos segunda guerra mundial. En el segundo, es efecto de decisiones internas, resultado de una lucha armada contra un régimen dictatorial.

Sin embargo, en ambos casos, la introducción y la puesta en marcha de tal sistema ha contribuido a la profunda modificación de los procesos de modernización, cambiando las prioridades del desarrollo de ambos países. Sus principales características eran: una forzada industrialización, el avance de los segmentos bajos de la estructura social, la eliminación de las disparidades producidas por una economía de mercado y la aparición de contrastes específicos para este sistema. El “socialismo real” se caracterizó de una centralización y estatalización de todas las esferas de la vida, falta de libertades en la vida pública, un pleno control del Estado sobre las instituciones de la sociedad civil y falta de reglas de mercado en la economía.

En el caso polaco el descontento social, la existencia de una dicotomía ideológica y de sistema de valores, un ineficiente y endeudado sistema económico han llevado a una transformación sistémica, del socialismo real a un “real capitalismo” y una “real democracia”.

En la actualidad, Cuba experimenta un proceso de cambio socio-económico y político que, para poder analizarlo es necesario hacerlo en un marco más amplio, utilizando referencias y comparaciones. Tal planteamiento, indudablemente, nos acercará a la respuesta hacia donde se encamina la sociedad cubana y seguramente enriquecerá el debate en el campo de la transitología y sobre los efectos de los procesos de transformación sistémica. Especialmente en este importante período para ambos países.

Hoy día, Polonia se encuentra inmersa en una crisis política resultado de la profunda polarización socio-cultural y política. Esta deriva indudablemente de los errores cometidos a finales de los ochenta y en los años noventa: de la negación y exclusión del debate público el reflexionar sobre los propósitos y las consecuencias de la transformación en curso. En aquel entonces, no se tomó en consideración que la implementación del modelo de la democracia liberal podría significar el debilitamiento del Estado nacional y de las entidades colectivas como la nación y las clases, y la decadencia de las instituciones religiosas. Se simplificó el significado de la transición y sus consecuencias, sin incluir la complejidad de las problemáticas de orden político, social y cultural.

En Polonia fue muy escaso el debate sobre las imprevisibles circunstancias de las reformas por aplicar, incluida la terapia de choque, y sus consecuencias difíciles de medir y estimar. Este se limitaba a las altas esferas políticas y núcleos intelectuales. Los polacos, en general, entusiasmados por ampliar sus derechos civiles, libertades económicas y políticas, poco se preguntaban sobre las consecuencias de los dinámicos cambios, difíciles de manejar. En esta época, donde todo era un experimento, hasta los mismos comportamientos y reacciones humanas, el descontento era minimizado y silenciado también gracias a la actuación de los medios de comunicación.

Los cambios cuantitativos eran fáciles de prever desde el punto de vista político-económico, sin embargo, el impacto social cualitativo casi imposible. Se creó todo un espacio de imponderabilidad social difícil de medir, tanto en lo demográfico, económico y cultural, que abarcó los valores y el modo de concebir el mundo.

La subestimación de las ventajas y consecuencias positivas de la transformación hacia una economía neoliberal, están reflejándose en los conflictos que vive Polonia en su contemporaneidad. Estas reflexiones me llevaron a querer analizar los cambios en Cuba, tomando como punto de partida la experiencia polaca y lo imprevisible que puede ser un proceso de transformación.

No es mi primer intento de analizar los procesos socio-económicos de Cuba. Durante los últimos seis años tuve la oportunidad de colaborar al respecto con diversos investigadores e intelectuales, y coordinar entre el año 2011 y 2013 el proyecto científico titulado ¿Quo vadis, Cuba? Implicaciones para Europa y Polonia financiado por el Centro Nacional de Ciencia. Como resultado de estos trabajos de investigación publiqué bajo mi coordinación dos libros Cuba: ¿quo vadis? (en español) y Relacje Polska – Kuba: historia i współczesność (en polaco) [Relaciones entre Polonia y Cuba: historia y presente], así como un número considerable de artículos.

En los últimos años, la sociedad y la economía cubana se han transformado notablemente como consecuencia del aceleramiento de las reformas introducidas por el gobierno de Raúl Castro. Sin embargo, según diferentes investigadores como Rafael Rojas, Carlos Montaner o Carmelo Mesa-Lago, no han avanzado hasta ahora en la esfera política. No comparto esa opinión, ya que son las decisiones políticas que han puesto en marcha las reformas económicas en Cuba. Acorde a lo que escribió en el año 2012 Carlos Saladrigas:

Sin embargo, por primera vez en el proceso revolucionario, Cuba está cambiando de forma sustantiva. Los cambios aparentan ser exclusivamente en lo económico, pero son más profundos y abarcan también el terreno político. Fundamentalmente, ocurrió un cambio de liderazgo si no de sistema: Fidel Castro ya no gobierna, y esto conlleva una importancia trascendental. Desde que Raúl Castro tomó el poder no hay nadie en espera de ejecución ni nadie ha sido ejecutado. Numerosos presos de conciencia han sido liberados, abunda una especie de glasnost; el pueblo está recuperando pequeñas libertades y ha perdido el miedo de hablar; la libertad religiosa es mucho más amplia, y la Iglesia está tomando y llenando nuevos espacios de la sociedad civil y facilita debates inéditos sobre el futuro del país. Por supuesto que continúan los abusos y atropellos de derechos humanos, pero con características menos letales que en épocas anteriores. 

Aunque los efectos sustanciales de las decisiones políticas y económicas no se pueden todavía observar en la escala macroeconómica, si se visibilizan en la sociedad, el principal receptor de los cambios. La sociedad es el creador del espacio, sea económico, político, social, cultural, urbano, etc. El papel de la sociedad lo subrayaba Karl Polanyi, en su obra La gran transformación, editada en el año 1944. Todas sus tesis expuestas en este trabajo se basan en la principal premisa, que la economía se encuentra incrustada en la sociedad, y es la sociedad el mayor actor del cambio. Hoy día esta dependencia viene reconocida también por instituciones internacionales, como el Banco Mundial. El cual en el informe del año 2001 recomienda tomar en cuenta las condicionantes y costumbres socio-culturales de un país en el proceso de la construcción de sus instituciones económicas y financieras. El pensamiento de Polanyi fortalece mi convicción de que son los cubanos de aquí y de allá, y sus emprendimientos, los que nos obligan a: repensar profundamente el papel de la sociedad en la transformación que se da en la Isla.

¿Hacia dónde se dirige Cuba? ¿Cuál será su derrotero?

Son preguntas que incitan los debates en el mundo. Aunque será difícil o imposible responderlas, son formuladas por diferentes expertos de la ciencia y política, sea en Cuba o fuera de ella: en Estados Unidos, España, Rusia, China, Alemania, entre otros. Todos los mencionados países, hoy día, colaboran estrechamente con la Isla. Algunos en el pasado jugaron el papel de ocupantes, otros ofrecían ayuda en la época de la más profunda crisis (el Período Especial), esperando recibir ganancias a largo plazo. Ahora, la Isla goza de un amplio respaldo internacional, lo cual se manifestó en el apoyo de los Estados latinoamericanos a la presencia de Cuba en las Cumbres de las Américas, en la participación de la Iglesia Católica y el Vaticano en el diálogo de Cuba con los Estados Unidos, en las votaciones en la Asamblea General de la ONU a favor del levantamiento del embargo/bloqueo impuesto por los EE.UU. a Cuba, en las conversaciones de paz entre las FARC y el gobierno colombiano ejercidas en el territorio insular, pero también en el liderazgo de Cuba en la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) al organizar su segunda cumbre en la Habana, en el año 2014, y asumir la presidencia pro tempore de esta organización.

Lo que hace una década parecía poco probable y muy lejano está sucediendo ante nuestros ojos: “Cuba se abre al mundo y el mundo a Cuba”. Y aunque el Estado cubano esté cumpliendo solo con algunos de los requisitos, que en el pasado se indicaban como indispensables para abrir el diálogo con la Isla, hoy día el mundo la está aceptando tal como es, con su gobierno, su política interior y exterior. La Posición Común de la Unión Europea fue derogada. En juego está la influencia y dominación en el espacio insular así como en toda el área de la Cuenca del Gran Caribe, región en la cual Cuba parece cristalizarse como líder.

Tal como lo fue en el pasado, en el presente Cuba tiene ambición de volver a ser la puerta hacia América Latina, conectando su infraestructura con una red de lazos económicos, regionales y globales. Obviamente, no se puede analizar su situación actual de forma aislada. Por consiguiente, es necesario considerar el entorno geopolítico internacional, donde el mundo unipolar cede paso a un escenario multipolar, en el cual se enfrentan diferentes visiones de desarrollo económico y social, diferentes escenarios de integración y acuerdos comerciales. El entorno internacional de Cuba del año 1959 fue totalmente diferente del contemporáneo. Hoy día, la Isla está rodeada por las negociaciones de acuerdos comerciales megarregionales que, exigen   —también de Cuba— nuevos comportamientos, un nuevo rostro, una imagen con una fuerte marca nacional (national branding).

¿Cuál camino de transición escogerá la Isla? ¿Se acercará al modelo chino, nicaragüense, compartirá el destino de alguno de los países centro-europeos u orientales, o encaminará su propia vía?

En el caso cubano, la sustitución de una economía centralmente planeada puede dirigirse hacia el socialismo de mercado o un capitalismo de Estado. En el primer caso, los cambios llevarían a una praxis económico-política donde el Estado actúa a favor de: la universalización del acceso de la población a los bienes y servicios básicos, los derechos laborales y amplias garantías sociales, dejando a la vez que actúen en el espacio económico-administrativo las relaciones de tipo capitalista. De tal forma, Cuba se acercaría a los modelos vigentes en algunos países de Europa (como Polonia) o América Latina (como Brasil). El capitalismo de Estado implicaría tomar la vía China, donde no es el bienestar de la población que condiciona el accionar del gobierno sino el control estatal sobre la economía (por ejemplo, mediante las empresas estatales), la renta de la producción y plusvalía, siendo el Estado el principal propietario de la tierra, medios de producción y comunicación.

Seguramente, les será muy difícil a los cubanos renunciar a las ventajas sociales que les ha otorgado en el pasado y aun les sigue otorgando el Estado benefactor, que en los últimos años disminuye su capacidad, a un ritmo alarmante. Con Raúl Castro al frente del gobierno se implementaron reformas que reducen, entre otros: la cantidad de empleados estatales a favor del empleo no estatal; las gratuidades y servicios sociales; el racionamiento de productos alimenticios y otros (los cuales se podía adquirir a precios estatales muy bajos), el aumento de los precios de productos (en especial los agrícolas).

Estos pasos han llevado, por ejemplo, al aumento del desempleo, el cual en el año 2000 era equivalente a 1,7 % y para el 2013 se duplicó. Según los datos oficiales, actualmente, la tasa de desempleo en Cuba equivale a un 3 % y la población económicamente activa alcanzó los 5 millones. Este último número desde hace varios años se mantiene parado, con tendencia a disminuir. La explicación estaría en los factores económicos, pero también demográficos: el estancamiento del crecimiento poblacional desde hace más de dos décadas, una fuerte emigración extranjera (en los últimos 60 años de alrededor de 1 millón 500 mil personas), un bajo nivel de fecundidad y un alto envejecimiento poblacional que superó el valor del 20 %, según la Oficina Nacional de Estadística e Información. Las reformas han conducido también al aumento del significado del sector privado, donde en la actualidad, permanecen empleados el 23 % del total de los ocupados en el país.

Estos cambios sin duda influyen en la sociedad, a pesar que no muestran gran impacto en la economía nacional, la cual obtiene ingresos principalmente del sector externo: la ayuda petrolera de Venezuela, la exportación de productos derivados del petróleo; la exportación del níquel, venta de servicios, el turismo y las remesas.

Los cubanos son, cada vez más, sujetos de una movilidad social de índole económico y social. Las nuevas circunstancias contribuyen a la creación de un nuevo modelo social, con nuevas relaciones, nuevas estructuras, jerarquías y estándares sociales. Cada vez más lejano del arquetipo del hombre nuevo. Hoy día, el colectivismo cubano cede paso al individualismo y el culto a los ideales revolucionarios al de los valores materiales. Por lo cual, podemos considerar que se está dando en Cuba una profunda transformación, en efecto de la cual la sociedad cubana se acerca al estilo de vida Occidental, diversificando y estrechando los lazos con el mundo globalizado, dejando atrás sus experiencias de aislamiento y falta de conexión. Aunque desde el Período Especial se dieron intentos de apertura de la economía insular, tal proceso apunta a la última década.

¿Estará para ello preparada la sociedad cubana?

Es una interrogante que cada vez, con mayor frecuencia, aparece en distintos núcleos: entre los dirigentes del Estado cubano, los intelectuales e investigadores, dentro y fuera de la Isla. El grupo que menos se cuestiona al respecto es, probablemente, el de los jóvenes insulares, impacientes y contestatarios. Entre ellos disminuye el interés por temas políticos; por integrarse a la vida política y social del país; de formar parte de las organizaciones de la sociedad civil socialista; entre las cuales la masividad es cada vez menor, en calidad y compromiso.

Los jóvenes cubanos se acercan en sus comportamientos a la Generación Y (Millennials), que nace en Cuba mucho más tarde que en los Estados Unidos o Polonia. Sin embargo, no la confundamos con la Generación Y relacionada con una generación de cubanos con nombres que inician con “Y”, denominados así por la bloguera Yoani Sánchez.

La nueva población que crece en Cuba es díscola, es generación de los iPads, tecnologías digitales, perteneciente a una Aldea Global. Todavía no por completo conectada a la red mundial de interconexiones, pero sí estrechamente comunicada con la Pequeña Habana, Madrid o Caracas. Todos esos lugares del mundo donde residen sus seres queridos y amigos emigrados. Se debe esto al avance tecnológico en la Isla de los últimos años: del desarrollo de la Internet, pero también de la telefonía celular y la popularidad de los Smartphones.

Según los datos oficiales, entre los años 2014 y 2015 se registró en la Isla un aumento del cincuenta por ciento del número de celulares, que crecieron de 2 a 3 millones. (Significa esto que el 27 % de la población dispone de teléfono celular.) Las nuevas formas de comunicación y de transferencia de datos abarcan cada vez mayores espacios sociales, en los cuales la sociedad insular, paso por paso, se ubica con mayor facilidad, gracias también a los lazos con la diáspora.

Poco a poco, de la conciencia colectiva de las nuevas generaciones de los cubanos desaparecerá la Cuba de las manifestaciones oficialistas de masas y de horas de discursos políticos. Los adolescentes nacidos en el nuevo milenio, no pudieron ser testigos presenciales de los largos discursos de Fidel Castro, y por consiguiente no se acordarán de ellos. Sin embargo, sí se recordarán: del estrechamiento de la mano entre Barack Obama y Raúl Castro durante la ceremonia del entierro de Nelson Mandela (15 de Diciembre 2013); de las misas ejercidas por los Papas Benedicto (Marzo 2012) y Francisco (Septiembre 2015) que reunieron millones de personas en las plazas de La Habana y Santiago de Cuba; el pronunciamiento paralelo de los presidentes de EE.UU. y Cuba el 17 de Diciembre del 2015, anunciando así el deshielo político entre ambos países y la reapertura de las respectivas embajadas; y finalmente de la histórica visita del presidente de Estados Unidos a Cuba, los conciertos de los grupos como The Rolling Stones y Major Lazer (los últimos eventos ocurrieron en Marzo 2016).

Los jóvenes insulares observan el incremento de la llegada de turistas a la Isla, son testigos presenciales del aumento del flujo migratorio económico y temporal, pero no de un exilio sin regreso, de repatriaciones y reencuentros familiares después de años de separación. Muchos de ellos —gracias a la reforma migratoria que permite los viajes a menores de edad— ya experimentaron su primera salida al extranjero, lo que hace algunos años atrás fue para muchos imposible de imaginar.

Para los jóvenes cubanos, la Cuba revolucionaria pasa a la sombra, al igual que el éxodo de Mariel y muchos otros acontecimientos similares. Va al olvido el vestir verde olivo de Fidel Castro, la imagen del cual se asocia cada vez más con una ropa deportiva o simplemente un vestir de casa. Con el paso del tiempo, en el imaginario de las nuevas generaciones de cubanos, se fortalecerá la figura del Gran Abuelo, tan bien retratado por Pedro Pablo Oliva en sus cuadros.

Indudablemente, Cuba experimenta hoy día un cambio social. El equilibrio que se mantuvo durante las últimas décadas está sometido a la influencia de distintos factores internos y externos que están provocando una transformación económica, socio-cultural, política y territorial, acompañada de un revelo generacional. No cabe duda que, gracias al proceso revolucionario, aumentó considerablemente la instrucción de la población cubana, que posee hoy día uno de los más altos índices en el mundo de alfabetización, escolarización y egresados de escuelas superiores.

El país inmerso hasta ahora en un estancamiento y atraso tecnológico e infraestructural, posee un capital humano gracias al cual le será fácil ponerse al corriente, salir del aislamiento e integrarse al mundo globalizado y a la economía global. Contribuirán a ello, sin duda, las inversiones extranjeras directas, pero también la acelerada movilidad de los cubanos en el espacio real y virtual, al igual que entre diferentes estratos sociales. En Cuba, la emigración laboral y temporal al extranjero es un hecho, y una señal del estrechamiento de los lazos con la sociedad mundializada, en la cual estos tipos de desplazamientos son los más comunes. En el año 2013, se registró, por primera vez desde varias décadas, un saldo migratorio exterior positivo. ¿Ocupará esta tendencia un lugar permanente en el panorama demográfico de Cuba?

Sin duda, la intensificación y el estrechamiento de los contactos entre los habitantes de la Isla con el mundo y en especial con la comunidad cubana residente en el exterior (principalmente en los EE.UU.) contribuirán al fortalecimiento de una sociedad transnacional. Este fenómeno tendrá su reflejo en los comportamientos políticos, canalizando la ampliación de los derechos civiles, también a cubanos residentes en el extranjero.

Todos estos comportamientos son indicios de los cambios en la Isla y no cabe duda que el sujeto principal de la transformación es la sociedad cubana.