En el poema «Noche insular: jardines invisibles», de José Lezama Lima encontramos estos versos:

La mar violeta añora el nacimiento de los dioses,
ya que nacer es aquí una fiesta innombrable,
un redoble de cortejos y tritones reinando
.

Aparte de servir como epitafio en la tumba del poeta, las dos primeras líneas de ese fragmento suelen citarse para explicar su desbordante insularidad, y confirmar una pertenencia que suele ser cuestionada en base al aislamiento oficial que sufrió al final de su vida.