¿Vamos a abrir ya el melón de las elecciones libres en Cuba o, como dicen los teóricos de la comedia, es too soon?
No tengo idea.
Prosigamos con la comedia, pues.
La comedia descubrió un día que las ideas, una vez abiertas las puertas —cortezas de melones sin certezas—, no pueden garantizar quién entrará después por ellas.
Me refiero, obviamente, a la comedia del voto democrático.
En la práctica: unos votos contra otros votos.
¿Todos los votos deberían tener el mismo valor, en una democracia? Entiendo que hay ahí un debate bastante viejo, pero aún activo.
¿El voto de un experto en geopolítica y sabio de la economía y gurú de las ciencias del comportamiento humano debe pesar lo mismo que el voto de un analfabeto funcional?
Yo creo que sí.
Los expertos se equivocan de manera sistemática y a menudo pueril; los analfabetos funcionales pueden encontrar la forma de tener razón, porque el error es tan ubicuo como el ensayo, y quizás acierten a la larga.
Yo creo que sí, pero también creo que no.
En el fondo, tú también crees que tu voto debería valer mucho más que el voto de _______________ (llena este espacio con total libertad, ya que no eres libre para llenar otras cosas).
Quizás sea mejor pasar un examen que nos habilite para votar. Como mismo hay que aprobar un examen para obtener un carnet de conducir o una licencia para ejercer equis profesión, dicen algunos.
Un examen, digo yo, sobre sesgos cognitivos y sobre la relación que uno establece con el dinero (propio y ajeno). No se me ocurre nada más básico.
Apruebas: tu voto vale +1.
Sobresaliente: tu voto vale +10.
Un +10 que pudiera obtenerse por sucesivos aprobados y por mor de la anticomplacencia, la insatisfacción crítica, la actualización autocrítica y la tozudez de mantener los pies sobre la tierra.
¿Un voto acumulativo?
¿Los pies sobre cuál tierra?
Tu voto como una carta de esas de criaturas Pokémon, con puntos de ataque y defensa.
Tu voto +10 anula o neutraliza otros tantos votos contrarios. Los reduce a decimales.
Tu voto-criatura puede evolucionar a monstruo.
Tu monstruo puede revolucionar el voto de todo un ecosistema.
Los cubanos no sabemos nada de estas aritméticas fantásticas porque desde hace décadas, como se dice, estamos votando con los pies.
Los pies siempre fuera de la tierra, de otra tierra: un expaís a cuestas.
Pero lo contrario de votar con los pies no es echar la papeleta en una urna (con suerte, urna supervisada por potencias extranjeras).
Lo contrario de votar con los pies es votar con un fusil AKM, como el que pidió el cantautor Silvio Rodríguez la semana pasada y que le entregaron inmediatamente en un acto oficial. El delivery más rápido del Glovo de las FAR.
Atentos a esto: solo había que pedirlo.
Si vives en Cuba y defiendes la Revolución y aún no tienes tu fusil, ¿qué estás esperando?
Han convocado elecciones: ¿votarás?
No, el gobierno de Cuba jamás convocará elecciones libres. A ver si te enteras. Ha sido Silvio Rodríguez el único que ha convocado a la única contienda electoral posible en un expaís. Y parece que nadie se ha dado cuenta.
Atentos a esto: una imagen bien situada puede reorganizar asociaciones que parecían inamovibles.
En la foto, Silvio mira el cañón de su fusil como si fuera el cuerno del unicornio azul finalmente recuperado, pero no está pensando en unicornios como tú y como yo.
Silvio está pensando en metralla y proyectiles. En ese instante, en ese frame mental, su única audiencia son las balas del cargador. Para ellas canta:
Me recordaron tiempos
de sueños e ilusiones.
Perdonen a este viejo,
perdonen.
Yo a Silvio no tengo nada que perdonarle. Todo lo que siento por él, y lo que soy capaz de expresar, se resume en agradecimiento.
Entre los siete y los diecisiete años, crecí con sus canciones. Antes de entender las causas y azares de sus letras, me las sabía casi todas y casi todas me hablaban directamente. No me importaba el significado, sino su adaptación: la compañía cómplice de una lírica que funcionaba como navaja suiza sentimental.
La primera vez que me bañé en el río Ariguanabo, pensé en la infancia proletaria y rural cantada por Silvio y sentí que su memoria bañaba mi infancia burguesa.
Los primeros CD que vi en mi vida, en los primeros noventa, fueron discos de Silvio dedicados a mi padre, que fue su médico durante varios años.
Mi padre, que en paz descanse, lo quiso y lo admiró. Toda mi familia lo quiso y lo admiró, tanto en la parte musical como en la política. Y yo heredé ese cariño, lo acogí y lo cultivé sin culpa durante muchísimas canciones.
Lo que quiero decir con esto es que me alegro mucho de que Silvio tenga hoy su AKM, porque es lo que él quería. Y es lo que le tocaba. Un círculo se cierra y creo que hay justicia ahí.
Justicia poética y no tan poética.
Después de escribir un tema como “El necio”, después de componer unas tres cuartas partes partes del soundtrack de la izquierda latinoamericana, latinoamericanista y antiimperialista, más tarde o más temprano se abren ante ti dos caminos.
En uno de ellos, terminas recalculando el rumbo; en el otro, terminas con un fusil a cuestas, un fusil-expaís, y más te vale que esté cargado, porque con él vas a matar.
Y porque quieres matar.
Pero si no has recalculado una mierda y ahora mismo no tienes un fusil en las manos —ni siquiera lo has pedido—, lo siento mucho: eres un payaso.
No hay nada ofensivo en ello: podemos ser payasos inofensivos y plenamente funcionales, ¿no es cierto? Y hasta orgullosos. Con o sin guitarra.
Ahora bien, la pregunta retorna, inseparable de ese bumerán que lanzamos una vez, hace tiempo: ¿vas a votar lo que ya sabemos que vas a votar, sin disparar nunca el fusil que te toca?
¿Sin siquiera matar a nadie?
Visto así, lo que está apuntando y subrayando y exhibiendo ante el mundo el AKM que Silvio sostiene en la foto, un trovador de civil entre uniformados verdeolivos, es la ausencia escandalosa de otros fusiles.
Una ausencia que ametralla y que suena como metralla.
¿Por qué no hay una fila de gente recogiendo sus AKM?
No hay una fila, pero sí una lista.
Y la lista es muyyyyyyy larga.
Y si hicieran el pase de lista, como en aquellas aulas de nuestra infancia —que no estaban solo en escuelas cubanas, y no eran solo para niños— con un retrato del Che Guevara encima de la pizarra, ¿cuántos niños ya creciditos dirían ahora presente?
Presides u ocupas altos cargos en el abanico insular de siglas progresistas —dejemos de lado las partidistas y militares de primera línea, por razones obvias— estilo UNEAC, AHS, UPEC, ICAIC, ICRT, etcétera: ven a coger tu fusil.
Enseñas a tus alumnos, en alguna universidad, el brillante ejemplo de la resistencia cubana al imperialismo yanqui, David contra Goliat, etcétera: te esperamos fuera del campus para darte tu fusil.
Escribes o has escrito, en el medio que sea o con el ISBN de tal o más cual editorial, contra el bloqueo y a favor de la Revolución, o el socialismo, o la soberanía o la dignidad del pueblo cubano. Genial, palmadita en el hombro: sigue haciéndolo, pero ven a coger tu fusil.
Las palabras están muy bien, pero es la hora del gorgoritmo de la metralla.
El AKM es la última sigla, el único e impronunciable monosílabo que nos queda por delante.
El silencio de monte va
preparando su adiós.
La palabra que se dirá
in memoriam será
la explosión.
¿Andas por tierras lejanas inventándote y promoviendo una guerra supuestamente necesaria, como Martí? Está muy bien. Te respetamos. Pero ahora ven y pon el cuerpo a manera de diana en la primera balacera de la guerra que has pregonado, como Martí. Be real.
Ah, es que tú no te referías una guerra literal, sino a una guerra ideológica, creativa, de resistencia, etcétera… Demasiado tarde. Se te ha ido de las manos. Respétate, agarra el fusil.
¿Eres un activista que ha venido en una flotilla para mostrar en las pantallas tu solidaridad con Cuba y dejar claro que estás en el lado correcto de la Historia? Bienvenido. Gracias por las donaciones. Te amamos. Te esperamos fuera del hotel para entregarte un fusil.
No, no vas a regresar al hotel. Tampoco vas a regresar a tu país. Es indigno mirar hacia otro lado en un momento como este. Ve preparando tu adiós.
¿Cómo dices? ¿Tienes que regresar a hacer política en otro sistema? ¿Tienes otros compromisos? ¿Otras causas, otros valores? ¿Otros enemigos democráticos? Pues no haber venido. Haberlo pensado antes.
Si quieres, di que te hemos secuestrado. Pero, ¿te atreverás a ser una víctima en un paraíso que ha sido victimizado hasta el infierno? ¿Tan grande es tu ego?
De hecho, los vamos a secuestrar a todos. No importan en qué lugar del mundo vivan. Si nos quieren, si nos han querido, para siempre los querremos.
Tenemos memoria.
Tenemos amigos.
¿Votarías por nosotros? ¿Nos apoyas? Te vamos a buscar y te traemos a Cuba. Aquí tienes tu fusil. Este AKM es la letra pequeña de tu voto. No haber firmado con tu nombre. Ningún voto es secreto en la trinchera antiimperialista y anti-Trump.
Esa es la trinchera en la que ya está Silvio Rodríguez.
Se lo ha tomado en serio. O ha hecho como que se lo toma en serio y de esta forma ha dejado en ridículo a todos los demás. Queriéndolo o sin querer.
Hace unos cuarenta años, y años antes de recalcular el rumbo, el mejor y más célebre aliado-antagonista de Silvio —el Lezama negro de su Piñera guajiro, o al revés— cantó por primera vez aquello de que será mejor hundirnos en el mar antes que traicionar la gloria que se ha vivido.
Pero Cuba no se va hundir en el mar. Al menos no durante esta era geológica (corazones paridos van y corazones paridos vienen). Ergo, más tarde o más temprano la gloria será traicionada.
Si es que no ha sido traicionada ya.
No sabemos, porque la gloria es abstracta y siempre se la puede reubicar o posponer.
Esa es la pregunta que dispara Silvio, fusil en alto, como un Milanés de otro siglo, a los uniformes de color ya no verdeolivo sino verdeolvido que lo rodean: ¿de qué manera piensan traicionar la gloria?
Yo lo único que les pido es que, hagan lo que hagan, no traicionen a Silvio. La gloria me tiene sin cuidado. Y ni tengo ni quiero tener voz ni voto en el futuro de Cuba.
¿Qué hacer?
Se me ocurre esto:
Un escuadrón de mercenarios, como aquellos que fueran destripados delante de Nicolás Maduro sin enterarse de nada. Una tropita diezmada desde la cuna, pero dispuesta a sacrificarse por una causa noble.
Y no hay causa más noble que seguirle el juego al cantor que, ya desde “El necio”, quería seguir —palabras textuales— “jugando a lo perdido”.
Dicen que me arrastrarán por sobre rocas
cuando la Revolución se venga abajo.
Que machacarán mis manos y mi boca.
Que me arrancarán los ojos y el badajo.
Los mercenarios cubanos no saben qué es el badajo, ni lo sabrán nunca, sólo saben que deben avanzar, haciéndose pasar por marines, hacia la trinchera de Siboney donde los espera Silvio.
“Si se lanzan”, escribió el trovador.
Pues bien, ya se lanzaron. Están aquí.
Van a arrastrarlo y machacarlo. Secretamente, planean vengarse del desmembramiento que sufrieron en Venezuela y en otros sitios más o menos dispersos de un tercermundo nuevatrovado.
Cantarán
su luto de hombre y animal.
Y en vez de lágrimas echar,
con plomo llorarán.
Silvio los ve acercarse y siente el peso del fusil en sus manos.
Es un fusil +10, +1000, +1.000.000…
Va llegando a más infinito, al tiempo que llega a su final esta columna.
Ya no es un AKM. Es un cañón de futuro para matar canallas.
Ese cañón en sus manos multiplica exponencialmente la ausencia de fusil —lo tengan o no lo tengan: a partir de ahora no lo tienen y nunca lo tendrán, porque su peso tiende a cero— en las manos de los Caneles, los Castrocangrejos y todos los Necios de las redes sociales.
(Se me olvidaba: si vas a dar una orden de combate, asegúrate de hacerlo en plena calle y con un fusil al hombro. Skin in the game. Si no, ni te molestes. No eres creíble, por más que tú te lo hayas creído: te falta esa integridad que solo se obtiene en la desesperación).
Silvio recuerda que le debe una canción a una bala. A un proyectil que debió esperarlo en una selva. Le debe una canción desesperada.
Desesperada por no poder llegar a verla.
Silvio ya no piensa en testamentos. Ni en Poe, ni en Vallejo, sino en el fusilado Juan Clemente Zenea. Y le pide a la Utopía —así en abstracto, y en modo oración— como último deseo: “otra patria, otro siglo y otros hombres”.
Silvio apunta el cañón y tararea relajado, más irónico que necio: Yo me muero como viví, como viví…
Así vamos a morir todos los seres humanos: en un mundo de fantasía. No somos mejores ni peores que Silvio.
A todas estas, más sabe el trovador por viejo que por trovador: Silvio entiende perfectamente que esos que vienen por ahí no son marines de verdad.
Ha leído estas letras antes de que hayan sido pensadas y escritas. Le suenan los acordes.
Los marines de verdad usan los fusiles a modo de contrapeso: para equilibrar la marcha al caminar por el paisaje que queda tras la explosión.
Esa explosión que es la palabra que se dirá in memorian.
Estos falsos marines van armados con AKM del año de otras bombas.
Estos falsos marines son ahora los Caneles, los Castrocangrejos y todos los Necios de las redes sociales, infinitamente desarmados e inofensivos.
Su fusil, por lo tanto, se enfrenta a quienes lo han armado con ese mismo fusil.
Silvio lo sabe, pero le han dado la cobertura perfecta.
Medio mundo se hizo eco de lo que escribió en su blog. Ni siquiera en el post principal: un escueto comentario en un post y consiguió llegar impune hasta aquí.
Quizás no había otra manera.
Con el cargador repleto de plomo y de lágrimas, Silvio recuerda y nos recuerda que sus dos manos, las que nos dieron canciones, son las mismas de matar.
Y hala el gatillo.












