Cuba: el fin ha comenzado

Ante lo que está pasando —y es que por primera vez hay políticas emanadas desde los Estados Unidos hacia Cuba, que pueden gustar o disgustar a muchos, pero tienen el potencial de generar cambios en el status quo actual— mi recomendación es rebajar el espíritu celebratorio. El régimen cubano está en una crisis terminal y ha puesto a Cuba como nación en una encrucijada existencial: la permanencia de este en el poder. Incluso, por unos meses más, pone en peligro la existencia de Cuba, no ya como país, sino como nación. La satrapía castrista lo ha dicho siempre, está dispuesta a hundir en el mar a la isla —y no en su sentido metafórico— antes de entregar el poder.

Esto implica no solo que a este régimen no le preocupa en absoluto matar de hambre, de sed y de enfermedades a un pueblo que sufre por sus políticas fallidas, sino que no les temblará la mano para reprimir y masacrar a esa sufrida población si osa levantarse contra su poder totalitario. Ya lo advirtieron el 11 de julio de 2021, cuando el títere de Díaz-Canel, como vocero de la familia Castro, dijo: “Tienen que pasar por encima de nuestros cadáveres y estamos dispuestos a todo. No vamos a admitir que ningún mercenario y contrarrevolucionario provoque un estallido. Convocamos a todos los revolucionarios y comunistas a enfrentar en las calles estas manifestaciones”.

La realidad es que pese a esta voluntad genocida del régimen cubano, esta élite totalitaria hoy enfrenta la pérdida gradual del control de la violencia, con constantes casos de terror delincuencial desbordado y de episodios de “justicia sumaria” desde lo ciudadano, lo que se suma el aumento repulsivo, escandaloso e inaguantable de las desigualdades económicas y sociales, que contrasta a esta élite minúscula, rica y vulgar con la depauperación hacia la indigencia de casi toda la población del país, lo que ya permiten advertir una posible ruptura en Cuba del equilibrio entre violencia institucional de este régimen asesino frente a la violencia de la ciudadanía.

Este aumento de la violencia de los de abajo de manera incontrolada puede transformarse en una violencia política capaz de producir ya a corto plazo una explosión social violenta masiva.

Por eso, los esfuerzos deben concentrarse ahora no en celebraciones prematuras, sino en pensar todas y todos los cubanos, dentro y fuera de la isla, en cómo actuar y planear ante un colapso inminente que se torna inevitable, ante la falta absoluta de voluntad de las élites parásitas cubanas para conducir al país hacia un proceso de destotalitarización. Esto implicaría que ante lo probablemente inevitable, se produzca un proceso rápido de estabilización en automático desde los que han sufrido este régimen, para evitar la ingobernabilidad en el mismo momento en que caiga del poder el castrismo.

Para  ello, las disidencias cubanas, hoy atomizadas, deben dejar de serlo para convertirse en una oposición articulada, unificada, no ideológica y organizada, que esté lista para actuar con urgencia, y proponer soluciones prácticas inmediatas, inspiradas en modelos exitosos de transiciones en otros países postotalitarios, y en la propia realidad actual de un país colapsado.

Por ello, tendría sentido organizar desde ya una estructura opositora unificada —que no existe hoy pese a que algunos claman serlo— que podría involucrar la creación de un Consejo Nacional con representantes de la resistencia interna y el exilio, incluyendo a militares disidentes. Este consejo podría integrar 50 o 60 miembros,  o los que se necesiten, para coordinar acciones —con el uso de plataformas digitales seguras (como VPN y apps encriptadas) para conectar a personas dentro y fuera de la isla, evitando la represión.

¿Qué acciones concretas se pueden hacer desde hoy mismo?

1) Desarrollar de manera inmediata planes para fomentar liderazgos y redes: identificar y promover figuras emergentes, políticas y técnicas dentro y fuera de Cuba, mediante campañas en redes sociales y medios independientes. Colaborar con la diáspora cubana en el exilio para capacitar líderes en gobernabilidad y diplomacia.

2) Elaborar urgentemente planes detallados por sector (donde más pueden agregarse), con la participación de comisiones no políticas sino técnicas y meritocráticas:

Seguridad: Formar una comisión para reformar las fuerzas armadas, ofreciendo amnistías a oficiales que se unan a la transición y planes para una policía civil. Involucrar a expertos internacionales, o cubanos en el exilio con experiencia policial, para entrenamiento, etcétera.

Energía: Proponer la dolarización temporal después del colapso, para importar combustible de emergencia y atraer inversiones en renovables, auditar termoeléctricas y priorizar alianzas con EE.UU. y otros países para suministros inmediatos, entre otras.

Salud: Establecer una comisión para importar medicamentos vía organizaciones como la ONU, reformar hospitales con financiamiento privado u de organizaciones humanitarias de carácter médico, etcétera.

Educación: Desideologizar el currículo, incorporando cívica y religión, crear inmediatamente programas online para capacitar maestros, etcétera.

Economía: Crear una comisión de economistas cubanos para implementar un plan de emergencia económica, presentar un plan de privatizaciones, crear un modelo de banco central independiente, diseñar políticas de libre comercio, auditar deudas del régimen y buscar alivio internacional, identificar activos financieros y físicos del régimen y sus personeros y proceder a su incautación, etcétera.

3) Elaborar desde ahora estrategias de Movilización No Violenta para tratar de evitar un proceso violento de cambio, que hoy parece inevitable.

4) Engagement Internacional: Presentar estos planes a EE.UU., la UE y la OEA, demostrando viabilidad. Aprovechar el interés de la administración Trump en un cambio de régimen, trabajar con figuras cubanoamericanas con influencia bipartidista en Washington –  o en capitales extranjeras – para generar apoyo en la creación urgente de este mecanismo cubano para la transición,  presentar planes concretos para atraer futura inversión desde el sector privado en una Cuba postcastrista, entre otros planes.

5) Uso de Tecnología y Comunicación: Desarrollar apps y redes para difundir planes, recolectar apoyo y monitorear represión. Crear fondos crowdfunded para recursos iniciales postcolapso, etcétera.

6) Sistema Jurídico-Legal: Considerar volver inmediatamente a la Constitución de 1940 después del colapso, aunque sea de manera temporal, considerada un marco democrático sólido con separación de poderes, derechos fundamentales y economía mixta, como paso inicial para restaurar la legalidad precomunista. Crear una comisión jurídica transicional con expertos del exilio y juristas independientes para ajustar esta constitución a la realidad actual: actualizar disposiciones sobre derechos digitales, medio ambiente y equidad de género; llenar vacíos legales en áreas como tecnología, comercio internacional y anticorrupción; y derogar leyes comunistas incompatibles mediante decretos de emergencia. Inspirado en transiciones como la de Polonia, donde se reformaron códigos penales para desideologizar la justicia, este enfoque garantizaría continuidad legal sin caos, permitiendo elecciones para una asamblea constituyente que refine el sistema a largo plazo.

Estas soluciones no son utópicas, son necesarias para el establecimiento de un marco concreto hacia una transición ordenada con comisiones judiciales, políticas y económicas, con un retorno en lo inmediato a la Constitución de 1940 adaptada, por ser lo más viable ante la urgencia. Con estas implementaciones mínimas, las disidencias, convertidas en una oposición real e unificada, pueden transformar la actual crisis en oportunidad, evitando que el colapso beneficie a los mismos que han perpetuado la dictadura.

En conclusión, no hoy necesitan los hijos y las hijas de Cuba celebrar nada por adelantado, ni esperar un milagro externo; la clave está en la preparación anticipada. Con planes sólidos y unidad, los cubanos pueden asegurar una transición ordenada y real hacia la democracia, demostrando al mundo que el fin del régimen no será el caos, sino el amanecer de la libertad.