Un librero en el archivo de la Revolución



Por más que lo intento no consigo olvidar el rostro barbado y el cuerpo enjuto de Óscar Restrepo, escritor apaleado por el alcohol y la poesía, personaje principal del filme colombiano Un poeta (2025). 

Gafitas de aumento, camisas enormes metidas por dentro, jeans, una voz para nada seductora. Combinan a la perfección con la personalidad de un sujeto tan feo como tan franco con sus propios tormentos y con los que le ha deparado la literatura. 

En la pantalla transcurre una singular tragicomedia ambientada en Medellín. Aunque un personaje con bastante peso en la trama esnifa unas rayitas blancas como harina de coco, no hay narcotráfico en el filme. Tampoco la espiral de violencia asociada a las drogas y los cárteles. El dolor y la angustia marchan en cuadro apretado por otros derroteros.

Dirigida por Simón Mesa Soto, Un poeta registra el devenir de un escritor en decadencia. Padre de una adolescente, divorciado, Óscar Restrepo no consigue encajar con paz y garbo los premios literarios de sus colegas. 

Un detalle adicional completa la descripción física y psicológica de este sujeto macerado en alcohol y derrotas: vive con su madre y el dinero nunca le llega al final del mes. Ni siquiera aporta a la economía doméstica. Envejecido y alcoholizado, incluso duerme la mona allí donde caiga fulminado por el último trago. 

Este poeta desea esquivar o dejar atrás sus fracasos a través de la tutoría de una adolescente. Yurlady, una de sus estudiantes, destaca entre la masa de chicos ágrafos y poco dados a la lectura. 

En la película nadie es bello, al menos no en los códigos del mercado. Pongamos que la belleza de lo anodino, lo escatológico, lo mundano, se alza ante los espectadores. 



Yurlady, que ha crecido al interior de una familia numerosa y de pocos recursos, es llevada por Óscar, su profesor, desde el entorno marginal de la casa, la familia y la escuela al entorno provinciano de la poesía donde Restrepo suele moverse mientras causa problemas y rechazos.

Asesores literarios de cabellos largos y coletas; jóvenes talentos; poetas-funcionarios con premios y libros y cargos en instituciones culturales; actividades con una pompa kitsch; un público que asiste a lecturas, premiaciones y presentaciones rematadas con un ambigú. Ese ecosistema en el que de súbito irrumpe Yurlady de la mano de su profesor no solo es propio de Medellín. Yo lo vi y lo viví a lo largo de casi toda Cuba.  

De feria en feria, encadenando encuentros municipales y provinciales de talleres o eventos literarios nacionales, a partir de la primera década del siglo XXI cubano vi, en primera fila, a narradores y poetas crecer violentamente, “incendiarse” de forma extrema ante colegas y seguidores, y de súbito “estallar”. Quizá exagero. Pero hablo de escritores cubanos en modo supernova.

Entre el ego, la pasión y las derrotas creían y creen en la literatura. Individuos en “estática milagrosa”quemando combustible vital. Hasta casi agotarse. 

En modo supernova, y ante la imposibilidad de resistir su propia gravedad, la fase kaput.

A modo de resumen: tensiones entre el contexto de lo privado y lo público; el campo literario cual escenario de conflictos personales, generacionales y políticos, y suerte de “campo de trabajo forzado” por la necesidad de ganar el próximo premio con su cheque adjunto; la invitación a un evento en cualquier paraje del planeta; una entrevista en un programa de televisión; la publicación y la presentación de un nuevo libro… 

Cada ejemplo listado en el párrafo anterior es parte de un paisaje económico, cultural y político que empezó a desconfigurarse, aproximadamente, en el 2020. Va y soy inexacto. Qué más da, lo cierto es la decadencia. Y si puedo resumir ese paisaje, si además lo conjugo en pasado, es porque viví, a mi modo, algunas de esas urgencias y tensiones.

El protagonista de la película de Simón Mesa Soto es un escritor que parece sobrevivir dentro de una suerte de promesa agotada. Continúa invirtiendo energía, tiempo y fe en una institución (simbólica) con la capacidad de organizar un mundo o universo limitado, local, provinciano. Se trata de un ecosistema que Óscar Restrepo no desea perder, y que el (re)conocimiento de esa pertenencia fluya, especialmente, desde el resto de sus moradores hacia el propio Óscar. 

Mientras avanzaban las escenas hubo un instante en que pensé menos en la poesía que en Cuba, ese país apresado dentro de la retórica de la continuidad.

Si me atreviera a escribir el guion de una versión libérrima y libre de Un poeta en un país tan parecido al que Jorge Enrique Lage narró en La autopista: the movie (Cajachina, 2024), ¿qué estaría desatándose en la pantalla?

A Lage lo considero uno de los escritores más políticos de mi generación. El propio Lage, o sus novelas, específicamente Archivo (Hypermedia, 2015), me conducen a una de mis obsesiones. Por más que lo he intentado no he logrado poner en pausa mi interés en la Revolución Cubana y en el archivo en tanto tecnología de administración del tiempo. 



Toda revolución produce su propio archivo. Y sus héroes. Sus mártires. Sus fechas. Sus imágenes. Sus consignas. Sus cadáveres. Y sus borraduras y silencios, así como sus contrarios políticos e ideológicos: el enemigo externo e interno. 

La Revolución Cubana no es una excepción. Durante décadas construyó una monumental y atroz maquinaria de producción simbólica. Cada escuela, acto político o cultural, cada programa televisivo o de radio, incluso los libros de texto funcionaron cual extensión de ese archivo. 

Para una de sus entregas en la columna La luna de Valencia, Jorge Enrique Lage entrevistó a Gemini. A propósito de las IA, tras enviarle un prompt, ChatGPT redactó de este modo la relación entre Revolución Cubana y archivo: “El objetivo no consiste solamente en gobernar el presente. Se trata también de monopolizar el pasado y colonizar el futuro”.

¿Hoy dicho archivo parece atrapado en una situación paradójica?

Además, ChatGPT agregó a su análisis de la función del archivo en una revolución en decadencia, o sumida en una megacrisis como la de hoy en Cuba, lo siguiente: “Continúa funcionando. Pero ya no convence. Permanece abierto. Pero casi nadie consulta sus fondos”.

Suena bonito. Se ve bonito. Equilibrado. La descripción es exacta porque justo es cuanto sucede en el contexto de Lo Real o en La Realidad.

Entonces, visto así, ¿cómo sería la versión cubana de Un poeta en una ciudad y un país llamado La Habana y Cuba, similar a la Cuba y La Habana de la novela La autopista: the movie de Jorge Enrique Lage, tan parecida a esa capital no tan caribeña de un archipiélago descojonado y anclado en El Caribe, y donde físicamente no existe una autopista tipo expressway o freeway conectando dos continentes y que atraviese, sobre pilotes, la isla mayor, y desde la que caen mercancías producto de accidentes o errores y son aprovechadas por “sujetos subalternos” —escucha cómo suena, diría el propio Lage, si a él le interesara esta larga interrogante y la etiqueta académica en cuestión?

Esa versión de ciudad y país podría estar contenida en su novela Libros raros y de uso (Casa Vacía, 2023) / Cuba Científica (Contrabando, 2025). El protagonista no sería un poeta sino un exescritor o “excritor”, a la postre librero que, más aburrido que espantado de todo, compra y se refugia en una librería llamada Cuba Científica, a donde arriba una cubanoamericana llegada de Miami. 



Esa mujer se llama Laura. Es crítica de arte y escribe un diario. Ha viajado a La Habana en busca del artista visual JEL. 

Laura parece “haber caído” desde una autopista imaginaria o metafórica donde circula a todo gas el imaginario de la fuga y el triunfo por sobre la maquinaria monumental y atroz de producción simbólica del Estado cubano. O el imaginario de la fuga y la sobrevivencia; llegado el caso, para muchos también es ganarle la partida a la Seguridad del Estado, al Partido Comunista, a los CDR y la FMC, a las escuelas al campo, a la bodega y a ETECSA, y al fantasma de Fidel y al futuro ectoplasma del casi zombi Raúl. 

Quien no haya sido nombrado, da igual si es institución o persona, es parte del nocivo polvo adherido a cada sustantivo del párrafo anterior. Digámoslo sin rodeos: a mí me gustaría filmar una versión de la novela de Lage. 

Puesto que no se va a poder, le propondría la idea a Carlos Díaz Lechuga. A esta película la titularía El librero. 

Un asunto nada baladí sería la recreación de la obra de JEL. Hablamos de un artista visual que, desde la instalación, apuesta por la microscopía, la fragmentación y la dispersión, y por el cuerpo (mujeres violadas; el agresor “aparece” exhibido en la Biblioteca Nacional José Martí, donde escritores y artistas cubanos presenciaron la intervención de Fidel Castro “Palabras a los intelectuales”). 

A propósito de escritores y artistas cito las palabras de Laura:

Scream Queens. Hologramas de mujeres (tamaño natural) ubicados por toda La Habana. Instalados en estas mismas calles. 

Ahora también reconozco de cerca algunos de aquellos lugares. Me sorprendo, un poco sobrecogida, en algunos de los paisajes que fueron intervenidos. 

JEL colocaba y camuflaba su artilugio en una esquina, en un parque, entre las raíces de un árbol, en medio de una avenida, en un balcón, en una azotea. El dispositivo proyectaba un haz cónico en cuyo interior tomaba cuerpo el holograma. 

Cuerpo, cuerpos, nunca mejor dicho.  

Todo lo anterior podría estar ocurriendo en un país anterior a una policrisis que parece no tener fin, pero abocado a una reforma económica sin que el gobierno haya modificado el archivo político que la sostiene.

Puestos a darle forma no al guion sino al casting para una versión cinematográfica de Libros raros y de uso / Cuba Científica, luego de haber consumido mis consultas gratuitas en ChatGPT, le pedí a Gemini elegir, por mí, actores cubanos residentes o no en el país. En el prompt le especifiqué: se trata de una producción independiente, un proyecto como este no tendrá el visto bueno del ICAIC.



Y Gemini ejecutó por segunda vez la tarea, tras precisarle el rango de edad de los actores. Esta es exactamente su respuesta, no hay edición alguna. El texto incluye las palabras en negritas y los hipervínculos generados por la propia IA:

Apuntar a un elenco joven para una adaptación de la literatura de Jorge Enrique Lage transforma por completo la energía de la película. La novela se convierte entonces en un viaje mucho más visceral, donde la apatía, el vacío existencial y el cinismo son encarnados por una generación atrapada en esa Habana alternativa y distópica de Libros raros y de uso (o Cuba Científica).

Aquí tienes una propuesta de casting ideal con actores jóvenes del cine independiente cubanoactual (tanto residentes en la isla como en la diáspora):

1. JEL (El Artista Visual / Exescritor)
Actor ideal: 
Daniel Romero o Neisy Alpízar.
Por qué: Daniel Romero tiene una mirada intensa y una gran capacidad para interpretar personajes atormentados, intelectuales o al borde de la crisis existencial. Sería perfecto para encarnar a ese artista críptico, esquivo y cansado de la “mierda literaria” que prefiere disolverse en el happening artístico antes que seguir escribiendo.

2. Laura (La Crítica de Arte / La Emigrada)
Actriz ideal: 
Andrea Doimeadiós o Lola Amores (si se busca un perfil joven-adulto de tremenda fuerza).
Por qué: Andrea Doimeadiós posee una versatilidad única en su generación. Tiene la agudeza mental, el tono irónico y la capacidad analítica perfectos para interpretar a la crítica de arte que llega de fuera. Su mirada puede alternar de inmediato entre la fascinación intelectual por el caos y el extrañamiento absoluto ante lo que encuentra en su diario.

3. El Librero (El Narrador / El Lector Polilla)
Actor ideal: Héctor Silva o Rodrigo Gil.
Por qué: Para una versión joven, el librero no tiene por qué ser un viejo ermitaño; puede ser un joven cínico atrapado voluntariamente en un almacén de papel olvidado. Héctor Silva o Rodrigo Gil aportan esa naturalidad desencantada y ese ritmo de habla pausado, ideal para los monólogos cargados de referencias a la ciencia ficción soviética y las portadas cubiertas de polvo.

4. Espectro de Juan Gelats (El Banquero)
Actor ideal: 
Milton García o Reinier Díaz.
Por qué: Milton García tiene una presencia física magnética y misteriosa en pantalla. Para encarnar a este eco del pasado, una aparición fantasmagórica que recorre la ciudad o forma parte de las perturbadoras performances que Laura investiga, se necesita un actor que controle muy bien la expresión corporal y el misterio sin necesidad de líneas de diálogo excesivas.

Dirección y Estilo
Con un reparto tan joven, la dirección ganaría mucho bajo la mirada de realizadores de la nueva ola cubana como Alan González (La mujer salvaje) o Daniela Muñoz Barroso, quienes saben capturar la crudeza urbana, el desencanto y la poesía de los espacios habitados por la juventud en Cuba de una manera completamente fresca e independiente.

¿Qué te parece la energía que aporta Andrea Doimeadiós como Laura? ¿Te gustaría que añadiéramos algún personaje secundario específico de la novela a este nuevo casting juvenil?

Por alguna razón, Gemini escogió a una mujer llamada Neysi Alpízar para el rol de JEL y yo no le pondría ninguna objeción. Para el Librero propuso a Héctor Silva y a Rodrigo Gil. Puesto que nada encontré de Héctor Silva, lo cambiaría por Héctor Medina. Sin embargo, con respecto al casting, la última palabra se la dejo a Carlos Díaz Lechuga.






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‘En la Voz de Ellas’

Por Jorge De Armas

Una conversación con Iris María Mariño y Daily Fortún sobre periodismo, activismo y la vida de las mujeres en la Cuba actual.