Edmundo Desnoes: “Las palabras mienten con sus verdades”


Edmundo Desnoes, por Clara Cecile (2017).








Y tal vez, son tus mástiles de los que el viento lanza
sobre perdidos náufragos que no encuentran maderos,
sin mástiles, sin mástiles, ni islote en lontananza…
Stéphane Mallarmé.

Edmundo Desnoes[1] nace en octubre, La Habana, 1930, y fallece en diciembre, Nueva York, 2023. Su obra es una de las más importantes de la literatura cubana contemporánea. Escritor, editor, traductor y crítico. Nos deja en sus novelas su singular testimonio de una época marcada por grandes cambios sociales. 

Sus profundas reflexiones sobre la relación entre el individuo y la sociedad, entre la libertad y el compromiso, y su maestría para desnudar los conflictos psicológicos en sus personajes han quedado plasmados en títulos como No hay problema (1961), El cataclismo (1965), Memorias del subdesarrollo (1965) y Memorias del desarrollo (2007). Una literatura social y reflexiva, encaminada a resolver sitios en el pensamiento del hombre.

Edmundo Desnoes, no solo narró una época, sino que inventó una forma de mirar a Cuba: desde la distancia crítica del observador que no logra integrarse, pero que no puede dejar de pertenecer. Y es, sin duda, el anatomista de la psicología del intelectual cubano. Su obra, especialmente Memorias del subdesarrollo, sigue siendo el espejo más lúcido (y a veces el más cruel) donde se mira la identidad de la isla.




¿Cuándo descubrió su vocación por las letras?

Todo empezó en mi tierna infancia, con mi pasión por las letras de las canciones y los boleros. Me asaltaban en el tranvía, cuando iba al colegio: Voy / por la vereda tropical, / la noche plena de quietud, / con su perfume de humedad

O mientras orinaba: Y al mar, / espejo de mi corazón, / las noches que me ha visto llorar, / la perfidia de tu amor

O mientras jugaba en un oscuro pasillo, con Gloria, la niña de enfrente: Pero muchacho, ¿qué hacías tú, / tanto tiempo en la cocina? / Jugando, Mamá, / jugando con la hija de la vecina.

En mi juventud aprendí que las palabras mienten con sus verdades: Que culpa tengo yo / de haber nacido así, / inerte la expresión en mí. En las letras reconocí mi visión del mundo hasta lo ridículo de nuestras palabras, de su intento en apresar nuestros deseos: Me gustas tanto, / tanto que no sé si decirte / que estoy enamorado / o decirte / que estoy loco por tu amor, / pero juro que algo tengo que decirte, / solo temo no sabértelo decir…

Todavía hoy, a los ochenta y dos años de mi edad, regurgito letras de canciones solo superficialmente olvidadas: El hastío es pavo real que se aburre de luz en la tardeNunca, nunca, / nunca creí merecerte, / y ahora que eres mía / ya no sé qué hacer…. No merecemos a las mujeres que nos han amado, ni el pequeño éxito de nuestra obra.

Y los tangos superan la sabiduría de Schopenhauer: Gira, gira, / aunque te quiebres la vida, / aunque te muerda un pesar, / no esperes nunca una ayuda, / una mano ni un favor… / Verás que todo es mentira, / verás que nada es verdad, / que al mundo nada le importa. / Gira, gira.

Las letras de las canciones y boleros y tangos me enseñaron a sentir, a pensar y a mentir para acercarme a la imposible verdad. Quiero decir a escribir.

¿Qué influencias fueron determinantes en su formación?

Lo decisivo fue que siempre me sentí incompleto, deficiente y la literatura me ofreció la oportunidad de completarme, de integrarme. Hay escritores que su obra es un desbordamiento, una inundación. Así Shakespeare y Dostoievski y Martí. En otros casos, la obra les llena la copa. Así Kafka y Mallarme y Borges. Esos seis escritores, si añadimos a Baroja y Celine, me ayudaron a construirme y expresarme.

Su novela Memorias del subdesarrollo deja en quienes la leen una extraña inquietud, los grandes cambios sociales. En otras ocasiones, usted ha comentado que “la película es una gran adaptación de lo escrito a lo visual”. ¿Cree que se logró realmente esa fusión entre el guion del cineasta Tomás Gutiérrez Alea y el texto original?

Como he dicho en otras ocasiones: yo soy la madre de Memorias del subdesarrollo y Titón el padre que llevó a mi hijo/hija a viajar y ser reconocido. Le doy dos sexos a mi obra porque todo escritor, y sobre todo yo, es una niña con pene.

¿Qué acercamiento tiene el personaje de Sergio con Edmundo Desnoes?

Yo soy yo y Sergio.

El grupo Orígenes forma parte de sus buenos recuerdos. Su nombre literario se debe al escritor José Lezama Lima. ¿Nos puede hablar sobre eso?

Lezama me enseñó el amor y el terror de las palabras. Luego, y ahora más que nunca, reconozco que las palabras lo expresan todo, todo lo que podemos pensar y sentir y desear… Pero nada tienen que ver con la realidad. Es decir, con el universo fuera de nuestro mundo limitado y biológico. Somos criaturas biocéntricas.

¿Por qué se fue de Cuba?

Y tú, ¿por qué te quedaste en la Isla? No tienes que darme respuesta. 

Ya sé, siempre es evasión o agresión contestar a una pregunta con otra interrogación. Siempre me hacen la misma pregunta. Siempre implica un posible rechazo del proceso revolucionario. ¿Cómo rechazar parte de mi vida? 

Mi contribución a la expresión literaria de los primeros años de la Revolución es evidente y palpable. Memorias… forma parte de esa historia. 

Soy tan responsable como Fidel y la dirección política de haber contribuido a expresar el sueño y la pesadilla de las dos primeras décadas de la intensa aventura. No creamos un Hombre Nuevo: descubrimos la poderosa persistencia del pasado. 

Al principio, fueron los intensos idealistas. Luego empezaron a dominar el oportunismo, el egoísmo y la ciega voluntad de poder de la dirección.

Abandoné físicamente la Isla cuando el PCC, en su arrogante ignorancia de tanto la economía como la cultura, comenzó a decirme lo que debía escribir, lo que podía consumir y, para colmo, a dónde podía viajar.




¿Considera la literatura una forma de escape de la realidad o de ayuda a mejorar determinadas cosas que las sociedades a veces necesitan?

Las palabras, el discurso, pretenden expresarnos y, a veces, crean la ilusión de una respuesta, pero del dicho al hecho va un gran trecho, o como dicen en inglés: easier said than done

Las respuestas en una entrevista parecen expresar nuestras razones, nuestra experiencia. Lo dicen todo y no dicen nada. La realidad nada tiene que ver con nuestras razones. Eso, en parte, es la raíz del desequilibrio.

Descubrí, con los años, que la realidad de la Revolución era una ilusión que me comprometió, que me permitió creer, como algunos creen en Dios. Fidel y nosotros vivimos durante años el desequilibrio entre sueño y vivencia. Encarnamos, con el placer de toda certidumbre, lo que siempre fue una imposible realidad. 

La grotesca conclusión: dimos carne a un sueño y terminamos entregándole a la dirección de la Revolución un poder que nos permitió vivir la incierta certidumbre de un mundo equilibrado en palabras y gestos condenados al fracaso. 

El idealismo encarnado terminó en una desnuda voluntad de poder. La derrota, como señaló Borges, tiene una dignidad que la ruidosa victoria no merece.

Debo admitir que, haber vivido la mentira, hizo posible mi obra literaria y la madurez que ahora ocupa mi conciencia. Madurez que también es un desequilibrio. La madurez es todo, dijo Shakespeare. Pero mi madurez es la certidumbre de que todo rostro esconde el vacío. 

He llenado el vacío con hechos y palabras que desembocan de nuevo en un vacío. Lo bello es siempre transitorio, fugaz. No existe otro equilibrio que no sea la muerte.

Hay muchas novelas y obras de teatro llevadas a la cinematografía desde el cine de Lumiére hasta hoy. ¿Considera esa fusión como una forma de acercarse a la realidad?

Mis palabras, mis libros, tienes razón, me permiten, me han permitido aproximarme a la imposible realidad. Es como el amor por una mujer y el vacío inevitable una vez que hemos explotado en el orgasmo.

¿Cómo definiría su Isla?

Si siempre es ahora, Cuba. No Cuba: La Habana es mi acceso a una intensa ilusión.







Nota:
[1] Entrevista realizada en 2014 vía electrónica entre La Habana y Nueva York.