Michael Ignatieff: “Si Viktor Orbán pierde, el orbanismo global se acabó”



Desde 2010, el iliberal primer ministro húngaro Viktor Orbán ha ganado elección tras elección, derrotando una y otra vez a sus rivales en su avance para remodelar el país y convertirse en el jefe de gobierno más longevo de Europa. Eso podría cambiar el domingo. Los sondeos muestran que su partido, Fidesz, va camino de perder frente a su rival de centroderecha, Péter Magyar, y su partido Tisza, en las elecciones parlamentarias del país.

Una derrota de Orbán tendría un alcance sísmico. Podría marcar un punto de inflexión tanto para Hungría como para la red de partidos, think tanks y organizaciones de derechas en Europa y Norteamérica que desde hace tiempo ven en este político iliberal un referente de los ideales de la extrema derecha.

Michael Ignatieff, político, académico y autor canadiense, fue rector y presidente de la Central European University (CEU) de Budapest a partir de 2016. La universidad se fundó en 1991, tras la caída del comunismo, y fue financiada por George Soros, el multimillonario liberal húngaro y antiguo aliado de Orbán, convertido después en su némesis.

En 2017, a las puertas de otra campaña electoral, Orbán expulsó a la CEU de Hungría, obligándola a trasladarse a Viena y provocando una amplia reacción de rechazo. Ignatieff, que siguió siendo rector hasta 2021 y cuya esposa es húngara, regresó al país antes de las elecciones del domingo. Habló desde Hungría sobre los comicios, el ascenso de Péter Magyar y el papel de Orbán como “avatar ideológico de toda la derecha radical que barre Europa y Norteamérica”.

Megan Gibson: ¿Cómo ha cambiado Hungría durante los últimos 16 años bajo el poder de Viktor Orbán?

Michael Ignatieff: Bueno, empezó en política como liberal y se desplazó hacia la derecha en los años noventa, cuando no era más que un joven de veintitantos años. Como joven primer ministro, después de haber llevado a Hungría a la Unión Europea, perdió unas elecciones. En 2010 volvió al poder porque supo explotar el desencanto de los votantes con la entrada de Hungría en Europa. Los húngaros, por ejemplo, habían contratado hipotecas denominadas en euros y francos, debido a los bajos tipos de interés, y luego tuvieron que devolverlas a tipos mucho más altos cuando cayó la moneda húngara. Aquello fue un problema enorme. En otras palabras, la entrada en Europa significó que los húngaros corrientes se enfrentaron a lo que realmente era el capitalismo, y muchos acabaron hundidos. Orbán utilizó esa cuestión, sumada a la condescendencia de Europa occidental hacia Europa oriental, para impulsarse hasta el poder. De modo que la campaña contra Europa fue fundamental en su ascenso al poder y ha sido fundamental para mantenerse en él.

Pero, volviendo a tu pregunta, ¿qué ha hecho con Hungría en estos últimos 16 años? Ha utilizado dinero europeo para reconstruir la infraestructura del país. Mires donde mires, ves dinero europeo que ha construido carreteras, escuelas, hospitales y toda clase de bienes públicos. Como ya he dicho en otras ocasiones, de lunes a viernes compite contra Europa, explotando la desconfianza húngara hacia Europa occidental, y los viernes y sábados cobra los cheques europeos.

La segunda cosa que hizo fue vincular la economía húngara a la industria automovilística alemana. Eso ayudó a proporcionar a Hungría unos cinco o seis años de crecimiento muy considerable, y consolidó así su control sobre el electorado. El período comprendido entre 2010 y el comienzo de la crisis de la Covid fue, en cierto modo, el mejor que había vivido Hungría desde el final de la Guerra Fría.

Pero desde alrededor de 2020, las cosas se han ido complicando de manera constante. La economía funciona mal. La corrupción es rampante y sistémica. No se trata de una simple rapiña ocasional: es la lógica misma de todo el régimen. Todo el mundo se lleva su 10%, y todos los estudios internacionales muestran que Hungría es uno de los Estados más corruptos de la Unión Europea.

La respuesta breve a tu pregunta inicial es esta: tomó un sistema democrático funcional en Hungría y lo transformó en una democracia iliberal corrupta de partido único. Y lo hizo dentro de la Unión Europea, que fue incapaz de impedírselo.

Estabas esta mañana en un mitin de campaña de Péter Magyar. Todos los sondeos dicen ahora mismo que va por delante y que está en condiciones de ganar el domingo. ¿Cuál es su trayectoria política y cuál ha sido su mensaje a los húngaros?

Magyar es un exmiembro de 45 años del círculo íntimo de Orbán. Estuvo casado con la ministra de Justicia de Orbán, Judit Varga, y fue burócrata del equipo de Fidesz en Bruselas. Rompió con el partido hace dos años a raíz de un escándalo espantoso en el que su esposa de entonces, como ministra de Justicia, y la presidenta del país, una política de Fidesz, indultaron a un delincuente sexual del partido condenado por pederastia. No acusado, sino condenado por un tribunal. Magyar rompió con el partido esencialmente por una cuestión moral y después fundó un nuevo partido. De manera asombrosa, en apenas cuatro o cinco meses lo hizo subir en los sondeos a base de trabajo constante y de recorrer el país. Después de poco más de seis meses, su partido obtuvo escaños en el Parlamento Europeo en las elecciones de 2024. Desde esa base ha eliminado prácticamente a la oposición existente y ahora es, de hecho, el principal rival civil de Orbán.

Es muy interesante porque representa un desafío de centroderecha a Orbán. Este hombre no es liberal, no es socialdemócrata: es conservador. Pero ha conseguido crear una enorme ola de repulsión moral ante una corrupción que los húngaros habían dado por sentada. Dio un paso al frente y dijo: “Podemos hacerlo mejor”. Y eso, creo, cristalizó algo que simplemente estaba esperando ser expresado.

La otra cuestión es que es un campaigner feroz. Hoy apareció en la ciudad natal de mi esposa para un mitin a las 11:30 y hará campaña en seis paradas sucesivas, y no terminará hasta las diez de la noche. Y lleva dos años haciéndolo. Es el primer político de la oposición que ha decidido desafiar a Orbán en el corazón electoral de Orbán, que son los pueblos y las pequeñas ciudades que constituyen la base de su apoyo electoral. Me parece una política fantástica: aparece subido a la parte trasera de un camión y monta su equipo de sonido. Hoy, delante de la estación de nuestro pequeño pueblo, había 600 o 700 personas. Enormemente entusiastas, extraordinariamente bien organizadas. Su trabajo de base, como diríamos nosotros, es absolutamente formidable. Creo que tiene muchas posibilidades de ganar el domingo.

Es interesante presentarse con la promesa de cambiar el sistema cuando él procede del partido de Orbán. ¿Sigue casado con la ministra de Justicia de Orbán?

No, hace mucho que están divorciados. Tienen hijos y están resolviendo esa situación. Pero una parte de su autoridad ante la opinión pública deriva del hecho de que puede decir: “Yo fui uno de ellos y sé perfectamente hasta qué punto son malos”. Ese es un argumento muy fuerte.

Ha habido mucha gente en la izquierda húngara —la vieja izquierda húngara— muy suspicaz con él precisamente porque es de centroderecha. Pero mucha gente piensa que la única manera de derrotar a Orbán es mediante un desafío desde el centroderecha.

Si Magyar es de centroderecha, procede del partido de Orbán y las instituciones del país han sido tan profundamente remodeladas bajo Orbán, ¿un gobierno encabezado por Magyar supondría realmente un cambio de calado para Hungría? ¿O sería una versión atenuada del mismo viejo sistema?

Nadie lo sabe. ¿Reproducirá el sistema de Orbán? ¿Mantendrá en pie una democracia iliberal, sin hacer nada por reforzar el tribunal constitucional, sin hacer nada por restaurar unos medios libres? Creo que, a juzgar por su retórica, está comprometido a lanzar un ataque realmente serio contra la corrupción. En el plano constitucional, se ha comprometido a limitar los mandatos del primer ministro, y eso es bastante serio. Está diciendo: “No quiero perpetuar simplemente otra variante del régimen de Orbán”. Así que ha asumido compromisos que, en mi opinión, lo obligan a introducir cambios bastante sustanciales.

La cuestión difícil para él es que ha dicho: “Quiero devolvernos al centro de Europa; no quiero que Hungría siga siendo el perro del hortelano constante en Europa. Quiero que estemos en primera línea”. Eso implica que sería menos reacio que Orbán a los esfuerzos europeos por financiar a Zelenski. Orbán ha hecho del rechazo a financiar el esfuerzo bélico de Zelenski el núcleo de su campaña. Esto es, como algunos han dicho, una política surrealista. Ha basado su campaña en el alarmismo de que Bruselas y Kyiv arrastrarán a Hungría a la guerra y de que soldados húngaros morirán en Ucrania. Magyar está respondiendo: “¿Hablas en serio?”.

Es importante recordar que Hungría tiene frontera con Ucrania, de modo que todo esto queda muy cerca y aquí la gente tiene miedo a la guerra. Así que Magyar tiene que hilar muy fino. Como ocurre en todos los países próximos al frente ucraniano, buena parte del petróleo del que depende Hungría es ruso, pero fluye a través de Ucrania. Orbán, que mantiene una relación estrecha con Rusia, ha utilizado eso como base para decir: votadme y vuestras facturas energéticas no subirán. Así que el asunto más complicado para Magyar será revertir la política orbanista de complicidad con Rusia sin poner en peligro el suministro de combustible.

Desde fuera ha resultado llamativo hasta qué punto han tenido protagonismo en esta contienda dirigentes extranjeros. Zelenski, como acabas de mencionar, y JD Vance estuvo hace poco en el país haciendo campaña a favor de Orbán. ¿Hasta qué punto crees que alguien como JD Vance ha sido eficaz a la hora de movilizar apoyos?

Bueno, no es solo JD Vance. Rubio estuvo aquí. Trump intervino en directo desde Washington en ese enorme mitin de Orbán que se celebró a comienzos de esta semana.

Lo que esto indica es que estas elecciones son mucho más importantes que unos simples comicios en un pequeño país de Europa oriental. Y la razón es que Orbán se ha convertido en el principal portavoz e ideólogo de esa democracia iliberal que admiran Trump, Vance y Rubio, y también la derecha alemana, la Agrupación Nacional francesa y Wilders en los Países Bajos. Se ha erigido en el avatar ideológico y en el portavoz de toda la derecha radical que recorre Europa y Norteamérica. Y eso significa que Trump, Vance y Rubio están apareciendo en Budapest para ayudar a Orbán a ganar.

Pero ¿van a decidir las elecciones? Creo que eso es muy dudoso. Hoy, en el mitin en el que estuve, Magyar se levantó y dijo: “Estas elecciones las vais a decidir vosotros”. Señalaba a los húngaros. Me parece una línea bastante atractiva. Esta es nuestra democracia, y seremos nosotros quienes elijamos. Ahora bien, no sé si en el margen JD Vance ayudará o perjudicará las opciones de Orbán, pero mi intuición me dice que es una causa perdida. Puede que el domingo se demuestre que me equivoco por completo, pero no creo que este apoyo externo vaya a inclinar las elecciones. Lo que sí revela ese apoyo externo es que estos comicios son muy importantes para la contrarrevolución conservadora a escala mundial.

El régimen de Orbán financia esa red de instituciones, think tanks y programas de becas de la derecha, tanto en Hungría como fuera del país. ¿Qué ocurrirá con esos institutos si él deja de estar en el poder?

Creo que se desintegrarán. No puedo imaginar que Magyar quiera asumir el papel de dirigente del iliberalismo en la civilización occidental. Creo que tiene otras preocupaciones más urgentes, como arreglar la economía, extirpar algunas de las prácticas corruptas y devolver a Hungría al centro de la política europea en lugar de dejarla en ese extremo pendenciero. La red conservadora internacional que Orbán ha creado será desmantelada si Magyar gana. A Washington no le gusta esa perspectiva. Y a los conservadores de derechas en París, Ámsterdam o Berlín tampoco.

¿Qué posibilidades hay de que Magyar gane el domingo, pero de que Orbán se niegue a aceptar la derrota?

Los expertos que conocen el sistema electoral húngaro dicen que existe una compra de voto considerable. Ya sabes: votas a Fidesz y te dan un saco de patatas, ese tipo de cosas. Luego está el programa municipal de obras públicas, que emplea a la gente más pobre y está controlado por alcaldes de Fidesz. Así que solo consigues un trabajo —por ejemplo, barriendo hojas en el parque municipal— si votas a Fidesz. Hay mucho de eso y vale, como mínimo, varios cientos de miles de votos.

Segundo punto: todo el mundo dice que la oposición, Magyar, tendría que ganar por una pluralidad del 5% para obtener mayoría, porque el sistema electoral está sesgado en favor de Fidesz. Aun así, sigo pensando que una victoria de Magyar es probable. Tengo la sensación de que el impulso está de su lado. Los sondeos han sido absolutamente consistentes no solo en las últimas seis semanas, sino en los últimos seis meses.

Pero tu pregunta era si Orbán se marchará tranquilamente. Y aquí nadie lo sabe, pero creo que hay dos cosas importantes que conviene tener presentes. La primera es que, piense uno lo que piense de Orbán —y a estas alturas debería estar claro que detesto al régimen—, Hungría no es un Estado policial y él no dispone del tipo de policía paramilitar que tiene, por ejemplo, Bielorrusia. Así que, incluso si quisiera aferrarse al poder, no tiene los instrumentos represivos que necesitaría para contener una oleada de indignación o manifestaciones públicas en la ciudad de Budapest. Budapest apoya sólidamente a Tisza y no se quedará quieta si siente que le han robado las elecciones. Si la pluralidad es muy clara, o si Magyar arrasa, entonces no creo que Orbán intente siquiera retener el poder.

Creo que es importante recordar que Orbán solo tiene poco más de sesenta años. Y uno podría imaginar una situación en la que negocia su salida del poder; es decir: no intentéis meterme en la cárcel, porque aquí puedo hacer caer el techo encima de todos, y me iré tranquilamente. Luego podría sentarse un par de años en el Parlamento, esperando que una administración entrante e inexperta meta la pata en una situación económica muy difícil. Después, de algún modo, podría forzar unas elecciones, volver y decir: os lo dije. Ese es un escenario muy atractivo para alguien como Orbán. Se toma un descanso, vuelve y cierra su carrera política con una victoria de remontada.

Si el resultado es ajustadísimo, entonces entramos en un terreno que no puedo predecir ni en un sentido ni en otro. Pero tenemos que contemplar la posibilidad de un resultado al filo de la navaja en el que Orbán arañe la victoria y, en ese caso, la pregunta ya no sería si Orbán intentará aferrarse al poder, sino si Magyar aceptará la derrota.

Todo depende, de manera crucial, de que Orbán y Magyar jueguen el juego democrático como debe jugarse. Y, francamente, no lo sabemos. Habrá que ver qué ocurre el domingo.


* Artículo original: “Michael Ignatieff: If Viktor Orbán loses, global Orbánism is over”. Traducción: ‘Hypermedia Magazine’.