Adiós, Alá. Hola, Irán / Goodbye, Allah. Hello, Iran

Adiós, Alá. Hola, Irán


Desde 1979, son miles y miles los iraníes masacrados por un Estado que se impuso como elegido por Dios. Una lección macabra para un pueblo tan vital. La pesadilla termina ahora de la mano militar de Israel y los Estados Unidos de América. Nunca más esa sabia nación ha de permitir la infamia religiosa en sus instituciones políticas.

Hasta ayer, ninguna potencia podía ayudar a los iraníes sometidos al régimen fundamentalista. En un par de horas, que podrán extenderse a un par de días o semanas o meses (tiempo ínfimo comparado con medio siglo de Revolución Islámica), Donald Trump y Benjamín Netanyahu dispararon el cambio. Irán será libre de la mano de dos democracias desarrolladas. Nunca más esa nación occidental ha de caer en oscurantismos que retrasen su historia secular.

Ni Alá ni El Corán salvaron al Líder Supremo. De ayatolá (signo divino), Sayed Alí Hoseiní Jameneí no tenía ni un pelo. Era un octogenario asesino que iba a morirse multibillonario en su lecho de gloria. El puesto máximo que ostentaba era una imposición, como todos los cargos de la República Islámica de Irán. Los violadores de los derechos humanos asaltan el poder por la violencia extrema y solo mediante una extrema violencia son despojados del poder.

Ignorar esa verdad brutal es un crimen de lesa humanidad.






Goodbye, Allah. Hello, Iran


Since 1979, thousands upon thousands of Iranians have been slaughtered by a state that declared itself chosen by God. A macabre lesson for such a vibrant people. That nightmare now ends at the military hand of Israel and the United States of America. Never again should that wise nation allow religious infamy inside its political institutions.

Until yesterday, no power could help the Iranians subjugated by the fundamentalist regime. In a matter of hours—perhaps stretching into days or weeks or months (a trivial span compared with half a century of Islamic Revolution)—Donald Trump and Benjamin Netanyahu pulled the trigger of change. Iran will be freed by the hand of two developed democracies. Never again should that Western nation fall into obscurantism that delays its secular history.

Neither Allah nor the Qur’an saved the Supreme Leader. As an ayatollah (a supposed divine sign), Seyyed Ali Hosseini Khamenei did not possess a single hair of sanctity. He was an octogenarian killer who was bound to die a multibillionaire in his bed of glory. The highest office he held was an imposition, like every office in the Islamic Republic of Iran. Human-rights violators seize power through extreme violence, and only through extreme violence are they stripped of it.

To ignore that brutal truth is a crime against humanity.