*
Cuarenta
días
ya
Pasan
pájaros
caídos
relojes
mudos
y la sábana
(santa)
huele
a ti
a tus manos y vómitos
Cada gota
saliva
orina
excre-
mento
Todo lo que fuiste
en el instante
del último suspiro
Todo y nada
guardo
entierro
en una lágrima
que resista
que refulja
que resalte
Y pasan los días y tu sombra
deambula
entre libros
hablan
susurran tus ronquidos
tu abandono un gesto
una caída
de cintura en pleno baile
Suena la orquesta
y la aldea tiembla
y nos perdemos como animales
(un paraíso
con pocos libros y muchas gallinas,
soñábamos al lado de la estufa)
pero ahora
el aire se quiebra
con la tristeza de un niño
desolado
Camino por la casa
tocando la sombra de tu ausencia
como quien toca
sin miedo
sin consuelo
sin nombre
Lo que fue
y aún duele
grito
tu silencio
vuelve
me atraviesa
arma
clavo
fuego
hueso
muerto
vivo
Tu olor
mi rabia
cuarenta días
y nuestra
sábana bien santa
*
1
Todo terminó un 3 de diciembre
como cuando se apaga una vela (o soplas)
La llama dura un segundo (más)
y luego nada
que avise
Quedan libros ideas
tesis a medio decir
Y un pájaro que canta al anochecer
sin saber
para quién canta
(La ausencia no duele organiza)
Huerta vacía de qué
gallinas Carvallo
leña apilada
algo que sería
y nunca fue
2
Por entonces
podíamos soñar
(el sueño no tiene peso)
Pero la muerte no gritó
se interpuso y puso
cada cosa en su sitio
y se fue como siempre
La verdad aparece cuando
el juego termina
y nadie pide revancha
Esto era —o fue— el amor
Ahora ya
silencio
y (después)
olvido
Soneto con risa que no cabe
Hoy la muerte se sienta, pero no manda.
Hay vino que se escapa del decoro,
pan que migaja el tiempo y un coro
de risas que a la pena no le aguanta.
Obdulia bebe, ríe, se adelanta,
saca la lengua al mármol y al oro.
Le hace cosquillas serias al ahogo
y baila donde el duelo se atraganta.
Tomás le sigue el paso —vaso en mano—,
primo del exceso, cómplice del ruido,
hermano del vivir sin pedir turno.
El soneto protesta: “esto es profano”.
Obdulia ríe más. Brinda conmigo.
La vida hoy no se explica: hace ruido.
*
Y siguen pasando autobuses
verdes como pimientos
verdes
Y patrulla de guardia civil como José
con su pulmón de hierro
lleno de obús metralla
Arrancado de la paz del paraíso la aldea
Guerra
interminable de
siempre entre
bandos
Pero el horror trajo
maravilla
Dos hermanas como gotas de agua del
manantial de la
abuela
Y también como aceite
y vinagre…
Y siguen pasando los pimientos verdes
como
autobuses verdes
Y tú y yo viejos y cansados…
Detenidos contra el tiempo
del destiempo que no existe
(En aquel instante
donde todavía no vive
la
muerte).










