Basta ya de minutos
de miedo,
de humillación,
de dolor,
de silencio.
Tenemos derecho
a que todos los minutos
sean de libertad,
de felicidad,
de amor,
de vida.
Nos queremos vivas.
Todas.
(Campaña Ni Una Menos)
En la madrugada del sábado 4 de febrero de 2023 en la ciudad de Nuevitas, provincia central de Camagüey, a unos 500 km al este de la Habana, fue atrozmente asesinada la adolescente de 17 años Leidy Bacallao, por su expareja, un individuo de 50 años de edad, Elesvan Hidalgo, en una estación de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR).
Es de vital importancia traer a la memoria casos como este que no debemos olvidar. Y más sin una Ley Integral Contra la Violencia de Género. No dejemos empolvar estos crímenes. Necesitamos un cambio efectivo en las instituciones y en la sociedad cubana.
En una escueta nota publicada el mismo día del crimen por las autoridades locales del Ministerio del Interior (MININT) en el medio de Radio Cadena Agramonte, afirmaron “de nefasta conducta social y con múltiples antecedentes penales” al presunto asesino. Episodio que atenuaron llamando “lamentable hecho”, sin reconocerlo como feminicidio y mucho menos examinar el contexto como violencia de género.
En el juicio se evidenció que el juzgado era amigo de los mismos policías que le permitieron a este sujeto su entrada a la estación de dónde sacó a Leidy para embestirla. Además, se supo que era informante del MININT.
Leidy estaba en una fiesta mientras Hidalgo la acosaba con amenazas. Ella apeló amparo en la estación más cercana. Trató de salvarse del siniestro que la seguía con un machete, pero no encontró refugio alguno, en el lugar donde se supone que el orden debe ir de la mano de lo justo y la sensibilidad humana.
Esto no es todo. Un policía los observaba sin atinar a nada. El policía que yo apodaría como Poncio Pilato, que se lavó las manos rehuyendo de toda responsabilidad, haciéndole caso omiso a una situación tan urgente. Tal vez sus ojos veían que ella se lo había buscado, típico del machismo, en justificación de una violencia que no debería de suceder en ningún rincón del mundo.
Este escenario mostró una vez más la culpabilidad institucional frente a la violencia de género. Es una problemática muy grave de la actuación policial, dado lo naturalizado que está, en las relaciones sexo-afectivas en la sociedad cubana, los roles de agresor-víctima, conduciendo a un libertinaje que conlleva como secuencia este tipo de crímenes.
Hay que seguir sacando la basura de debajo del tapete donde la ha mantenido escondida el macabro gobierno cubano durante siete décadas. Viviendo de la apariencia, mostrando un buen aspecto ante el mundo. Ya es hora de que tengan un ultimátum definitivo. Necesitamos zanjar toda esta podredumbre. Ojalá en un chasquido se hiciera el milagro.
“Mi niña estaba dentro de la estación de policía. […] Instructores y personal de Criminalística dijeron que ella había batallado en toda la Unidad de policía, intentando salvarse, huyendo, y él le hizo 10 heridas mortales. […] Los policías lo dejaron matarla. […] Incluso a la niña la dejaron muerta en el suelo. Auxiliaron al asesino, lo metieron para dentro, lo llevaron a la ambulancia. Y a la niña la recogieron los muchachos, los amiguitos de ella en una motorina”, dijo el padre de Leidy en una entrevista con Univisión.
¿Y la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), de qué nos sirve ante estas realidades?
Según el Observatorio de Género de Alas Tensas (OGAT) la FMC “reconoce que ha fracasado en los objetivos de capacitar a la policía para sensibilizarla y especializarla en el tratamiento de casos de violencia de género”.
En lo que va de 2026 las plataformas feministas independientes Yo Sí Te Creo En Cuba y el Observatorio de Alas Tensas han confirmado siete feminicidios, a partir de los registros que logran verificar. Y desde 2019, hasta 315 feminicidios a causa de la violencia machista.
El caso más reciente es del 24 de febrero, de Yaimée Carrazana Herrera, de 32 años, también arremetida por su expareja delante de su hijo mayor, que presenció cómo le hurtaban la vida a su madre en la vía pública de la ciudad de Santa Clara, Villa Clara.
No se puede esperar por estadísticas oficiales, debido a que las autoridades cubanas no rinden una pesquisa sistemática sobre feminicidios. Solo de manera independiente podemos saber estas cifras de manera aproximada, pues se torna imposible detectar el número real de todos los casos que ocurren.
Hasta finales de 2018, cuando se estableció el servicio de internet móvil, los medios oficialistas mantuvieron en un sinuoso murmullo los homicidios. Todavía continúan sin facilitar los datos de este fenómeno social. Pero la extensión en el uso de las redes sociales y los canales de la prensa independiente quebraron el silencio oficial.
¿Recuerdan al trovador Fernando Bécquer, el que usó su red de apoyo de otros hombres y sus oxidadas cuerdas en abusos sexuales hacia mujeres? Si no hubiera sido por la presión social en las redes digitales donde fue expuesto, creo que no le hubiesen hecho el juicio que ocurrió en octubre de 2022.
El fallo del tribunal fue una mínima sanción de 5 años de libertad condicional vigilada, pues hay una manta de perceptible de privilegio para los partidarios políticos de la dictadura.
En los meses siguientes, Bécquer posteó contenidos mofándose de las víctimas. De nuevo hubo que sacudir las redes y finalmente su condición penitenciaria la retocaron, sí, solo tuvo un leve retoque en la mesa del juzgado. Pero al menos así cumpliría el resto del tiempo en prisión.
En marzo de 2021, Miguel Díaz-Canel firmó el Programa Nacional para el Adelanto de las Mujeres (PAM), que “promueve acciones dirigidas para lograr mayor integralidad y efectividad en la prevención y eliminación de manifestaciones de discriminación contra las mujeres”. Para implementar dicho programa de gobierno, colocaron como mecanismo nacional a la FMC.
Sin una Ley Integral Contra la Violencia de Género rigurosa y funcional, estos programas y el Código de las Familias, aprobado el 22 de julio de 2022, seguirán traspapelados, quedando solo en lo teórico. Son insuficientes sin protocolos efectivos ante el hecho de que nos están matando.
En un país con una cultura patriarcal, de costumbres arraigadas y una violencia hacia las mujeres que es estructural, en un paralelismo social e institucional donde la mayoría de las personas no quieren desaprender.
Es una ceguera colectiva ante la hostilidad psicológica de control, amenazas, violencia digital, física y sexual, que pulula en los hogares y las calles. Además de la carga de las labores domésticas.
Como escribió Simone de Beauvoir, “pocas tareas se parecen más a la tortura de Sísifo que las tareas domésticas, con su repetición interminable: lo limpio se ensucia, lo sucio se limpia, una y otra vez, día tras día”.
Todo esto sumergido en la policrisis económica, política, social, sanitaria y migratoria que envuelve hoy a nuestro país.
“En Cuba, una vaca vale más que una mujer”, se oye la queja que debe convertirse en clamor.
¡Nos urge a todos!










