No hay comida ni agua ni electricidad, pero ruido sobra. Hay quien lo llama ʻresistenciaʼ.
Locura y caos: La Habana del realismo sucio
No hay policías que nos socorran. Tampoco una ley que nos ampare. Es la cruda ley de la calle la que opera.
Ni Comala ni Macondo, es La Habana del realismo sucio
Yo intento no pensar, pero la mierda insiste en ahogarme.
El ‘Selva Roof’ en La Habana boca arriba
Era como estar en esa ración minúscula de luz sin paisaje, donde todo alrededor se había quedado completamente a oscuras.
Los pasos sobre el asfalto
Dirijo el pelotón de hombres uniformados, sudados, hambrientos de sexo, de cambiar el olor a pólvora por el de esta perra en celo.
El Charlot cubano en la utopía de Díaz-Canel
Escribo un cartel imaginario en el aire: ¡NO vamos a salir de la CRISIS con los mismos que nos llevaron a ella!
Los sobremurientes de la Revolukenstein
Los cubanos sobremurientes salimos de una dictadura para entrar en otra mucho más decadente y perpetua.
El apagón de las mil y 959 noches
¡Pingaaa!, paren ya con la singá cancioncita de los cojones. Mira que somos aguantones, sí, en plural: yo soy otra aguantona más.
Sobre El Químico en Cuba: “Es duro vivir muriendo”
¿Y si El Químico es un invento más del régimen para tener entumecido el pensamiento de la juventud?
Eduard Encina y Martí, dos mambises de un mismo mayo
Ambos muertos casi con la misma edad, soñando con bañarse desnudos en el agua del Contramaestre, que aún sigue turbia y sin libertad.









