“Cargo con la verdad”: la historia de Leonard Richard González Alfonso

En los últimos años, nuestro Observatorio ha documentado a 31 artistas condenados políticamente: 19 que cumplen sentencia con internamiento —con la adición de los dos integrantes del proyecto audiovisual El4tico— y 11 sin internamiento, incluidos Luis Ángel Cuza —que espera juicio en la calle— además de José Alejandro Rodríguez Gelín —ya liberado por cumplimiento—. Las cifras revelan una tendencia persistente hacia la criminalización de la creación artística y de la palabra pública.

Ahora, a la Campaña de Artistas Presos del Observatorio de Derechos Culturales se incorpora el caso de Leonard Richard González Alfonso (1993, La Habana), tras su juicio en La Habana el 18 de febrero de 2026. Después de siete meses en prisión provisional, la Fiscalía le solicita hasta ocho años de privación de libertad por el delito de propaganda contra el orden constitucional: escribir en muros públicos mensajes vinculados a la difícil situación que atraviesa el país y a su propia condición de vulnerabilidad en un contexto de precarización creciente. De confirmarse la petición fiscal, enfrentaría una larga condena, la separación de su hijo pequeño y un riesgo real para su estabilidad psíquica, dada su historia clínica documentada y los antecedentes de autoagresión durante un encarcelamiento previo.



Leonard Richard González Alfonso. Fuente: tomada de sus redes sociales. 



Precedentes 

El caso de Leonard no es un episodio aislado, sino que forma parte de una dinámica más amplia, documentada y cuestionada a nivel mundial. En los últimos años, organismos internacionales han comenzado a reconocer formalmente la criminalización sistemática de la creación artística y de la libertad de expresión en Cuba. A solicitud de nuestro Observatorio, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha otorgado medidas cautelares a favor de artistas presos políticos como Juan Enrique Pérez Sánchez, Duannis Dabel León Taboada y su madre, Yenisey Taboada, reconociendo el riesgo que enfrentan.

Más recientemente, la CIDH emitió un informe de fondo favorable en el caso del rapero y preso político Maykel Castillo Pérez, solicitado por Cubalex desde 2018. Ese documento no solo funciona como protección, sino que también confirma la existencia de un patrón de persecución contra el arte disidente y la libertad de expresión en Cuba.



Sálvame

Leonard nació en Regla, uno de los municipios más antiguos y culturalmente densos de La Habana, y también de los más empobrecidos. Aunque no pasó por academias de arte, su familia advirtió en él un talento excepcional desde muy pequeño. Según el testimonio de su tía Yanela Alfonso: “Sus notas eran excelentes, pero más grande aún era su talento. Ojalá en Cuba se les hubiese dado más atención a los niños humildes con talento”. Ante la ausencia de mecanismos que acompañaran a niños talentosos de origen humilde, su familia buscó círculos de interés, talleres locales y maestros particulares que pudieran estimular sus habilidades.

Su trayectoria no fue improvisada, si bien se desarrolló al margen del sistema de enseñanza artística. Desde temprano, comenzó a insertarse en circuitos formales de reconocimiento. En 2012, su participación en el XII Salón Nacional de Artes Visuales Fayad Jamís, en La Habana, lo situó en un espacio de validación nacional. Años más tarde, en marzo de 2016, presentó su exposición personal Metamorfloris Humanus Natura en el Miramar Trade Center, bajo la curaduría de César Leal, donde desplegó un imaginario en el que lo humano, lo vegetal y lo simbólico dialogaban en una misma superficie pictórica. 



Invitación de su exposición personal en 2016. Fuente: cortesía de la familia del artista.



En 2017, integró la muestra colectiva Hermanos, en la Casa de la Cultura de Regla, con una talla en madera —manifestación poco habitual en su producción— que evidenciaba su disposición a explorar otros soportes y materialidades. Su recorrido incluye, además, menciones en concursos de artes plásticas, certificaciones de formación en espacios vinculados a la UNEAC y reconocimientos en el ámbito literario, como el segundo lugar en el género relato en un certamen por el Día del Amor y la Amistad en 2020. Más que una suma de eventos aislados, estas experiencias revelan a un creador constante en busca de espacios de aprendizaje, exhibición y diálogo, aun en contextos donde las oportunidades eran limitadas.



Muestra de certificados obtenidos por Leonard Richard González a lo largo de su carrera artística. Fuente: cortesía de la familia del artista. 



Además de su trabajo en las artes visuales, Leonard ha escrito poemas y textos de prosa poética publicados en redes sociales, donde vuelca su dolor íntimo y su percepción del deterioro social. Asimismo, ha cultivado la música dentro del género urbano, bajo los nombres artísticos de LZ Tan y luego de El Artistaje, con una producción prolífica de temas y, sobre todo, de letras que esperaba poder producir musicalmente. En uno de sus temas, Cubita linda, se escucha: “Y es que me duele dejar a mi país tan solo, más bien, en agonía, y me duele ver cómo luchan con la monotonía…”. La palabra y el ritmo son, en su vida, territorios tan constantes como la imagen.



Sálvame (dibujo). Fuente: cortesía de la familia del artista. 



El episodio que lo llevó por primera vez a prisión ocurrió en 2018, en su propio barrio. Leonard participaba en una actividad pública cuando presenció cómo un agente policial golpeaba a un muchacho menor de edad e intervino en su defensa. Esa acción fue tipificada como atentado a la autoridad, con una condena de cinco años de privación de libertad.

La experiencia carcelaria resultó devastadora. Intentó quitarse la vida en dos ocasiones y realizó una huelga de hambre que derivó en una pancreatitis aguda, cuyas secuelas todavía arrastra. Para alguien con antecedentes psiquiátricos complejos y una historia de autoagresión desde la adolescencia, el entorno penitenciario no operó como contención, sino como factor de agravamiento.

En los últimos meses, Leonard enfrentó un serio problema de adicción a sustancias que deterioró su estado físico y emocional.[1] Los carteles que pintó en junio no solo expresaban inconformidad política, sino que también reflejaban una sensación de asfixia y desamparo asociada tanto a su enfermedad de base como al deterioro social que lo rodeaba.

Precisamente por esos letreros, hoy afronta una acusación por propaganda contra el orden constitucional. Leonard nunca negó haberlos pintado, aunque la acción la realizó en la madrugada, recorriendo varias calles de Regla.



Fotos de las paredes donde pintó los carteles, luego de ser tapadas. Fuente: redes sociales.



El proceso ha estado marcado por elementos preocupantes. En el juicio, el testigo presentado por la fiscalía declaró haberse encontrado con Leonard esa noche, de quien sugirió que mostraba una actitud agresiva y portaba un objeto filoso. Sin embargo, durante el interrogatorio, comenzó a contradecir aspectos centrales de su relato, lo que deja abiertas interrogantes sobre la consistencia de dicha declaración y hace sospechar que pudo tratarse de un encargo de la Seguridad del Estado; metodología regularizada con vistas a la penalización jurídica del disenso político. En las manos, Leonard tenía, como todos sabían, un pincel. 

Antes de ser enviado nuevamente a prisión, permaneció más de veinte días detenido en Villa Marista, sede central de la policía política en La Habana. Allí, fue sometido a una evaluación por el Instituto de Medicina Legal. El informe, si bien recoge sus antecedentes psiquiátricos, no les otorga un peso relevante en la valoración final mientras sí enfatiza el componente de adicción, lo que sugiere un documento más orientado al descrédito del acusado que a una ponderación médica imparcial. Pese al historial de intentos suicidas y al deterioro sufrido durante el encarcelamiento anterior de Leonard, concluye que lo encuentra apto para enfrentar un proceso penal y cumplir sanción.

Sobre el juicio, su familia relató: “Estamos esperando la sentencia. Me cuenta mi hermana que el juez se comportó como un desalmado, minimizando la defensa de la abogada y concluyendo que ahí no se trataba de un artista, sino de la Revolución”. Su tía expresa hoy el temor de su círculo familiar ante lo que puede venir: “Leonard tiene la esperanza de no tener que pasar ocho años encerrado. Pero nosotros tenemos mucho miedo porque sabemos que vendrán situaciones muy duras si eso ocurre. Ya lo hemos vivido. Y es muy doloroso porque mi sobrino es un muchacho muy noble”.



Crear para no desaparecer

Sin embargo, si algo define la vida de Leonard con coherencia es el impulso de crear. Antes que el expediente, antes que la prisión, estuvo el acto persistente de dibujar, pintar y experimentar.

Una primera línea se vincula con ejercicios más clásicos de pintura y dibujo: retratos, escenas cotidianas y composiciones donde se combinan figuras humanas con motivos florales y frutales, con una influencia visible de las segundas vanguardias cubanas y un tono ligeramente naif.



Fuente: cortesía de la familia del artista.



Otra línea, más introspectiva y visceral, se fue intensificando a medida que su vida personal se volvía más frágil. En estas obras, el dolor íntimo se bifurca y se yuxtapone al dolor de la nación; el cuerpo aparece tensionado o fragmentado y los símbolos remiten a conflictos internos y a un entorno social deteriorado.



Fuente: cortesía de la familia del artista.



Ese tránsito entre lo íntimo y lo social es central en su obra, al punto de escribir en uno de sus textos:

Cargo el dolor en mi corazón,
de un país abandonado,
de cada lágrima de cada jubilado,
de cada joven obligado a aprender a matar,
de cada joven que se ahoga en la droga por miedo,
de cada niño sin juguetes, sin parque para jugar,
de cada persona que no tiene que comer, aunque trabaje,
cargo con eso y más,
cargo con la verdad.

La experimentación también ocupa un lugar importante en su recorrido por las artes visuales al incursionar en el arte digital y en la abstracción, produciendo piezas en las que el color y la forma buscan un equilibrio que contrasta con la tensión de otras obras. En estos trabajos se percibe una búsqueda de serenidad, como si el acto de crear funcionara como regulación emocional y espacio terapéutico cuando no existía otro acompañamiento posible.









Fuente: cortesía de la familia del artista.



Esa voluntad de explorar lenguajes se extendió también al performance y a la instalación. Cuando se le negó el acceso a la Casa de la Cultura de Regla, trasladó su obra al parque municipal y realizó una exposición con instalaciones espontáneas a partir de objetos recogidos y desechos. No fue un gesto aislado ni improvisado: en 2015, su profesor y curador, César Leal, había dirigido una comunicación formal a las instituciones culturales del municipio solicitando que le otorgaran a Leonard un espacio sistemático para desarrollar su trabajo y continuar su formación artística, destacando su talento, disciplina y proyección profesional; lo cual obtuvo una negativa. La exposición en el parque puede leerse, entonces, no solo como un acto creativo, sino como la respuesta de un joven que insistía en aportar a su comunidad, aun cuando los espacios institucionales se cerraban o no llegaban a materializarse. Era una forma de afirmar que el arte no depende únicamente de permisos.



Imágenes de la exposición en el parque de Regla. Fuente: Instagram del artista. 



Entre el aislamiento, el maltrato y la esperanza que aún sufre, el arte sigue siendo su tabla de salvación; pero, ¿hasta cuándo? ¿Cuánto dolor puede cargar un ser humano indefenso y pacífico dedicado por entero a la cultura, antes de que el régimen decida escuchar lo que intenta decir?

Existen esfuerzos para proteger a los artistas; existen resoluciones; existen medidas cautelares. Pero, mientras tanto, la vida concreta de un joven creador pende de una sentencia.






Nota:
[1] Su familia ha decidido no ocultar este dato porque forma parte de su historia.