En la oriental provincia de Holguín, el más humilde de los espacios habitacionales se convirtió, en poco más de seis meses, en una torre de dignidad, civismo, coraje, libertad, denuncia, tribuna, que señaló, interpeló, acusó, mostró, desnudó, al régimen totalitario que (des)gobierna en la Isla.
Al cabo de ese tiempo, cuando el Estado-gobierno-partido-cúpula militar ya no pudo más, cuando el aparato represor se sintió, de muchas maneras, rotulado, desmenuzado, expuesto, la orden fue dada para detener a los líderes de El 4tico, pero ya el proyecto audiovisual había logrado su objetivo con creces: medio centenar de publicaciones audiovisuales andaban por las redes sociales, cientos de miles de seguidores habían visto los contenidos y la detención de Ernesto y Kamil no hizo más que avivar las llamas y extender el fuego.
No dudamos que el régimen y su brazo represor deben estar muy disgustados. No dudamos que los dos jóvenes holguineros estén siendo víctimas de todo tipo de presiones, represiones, torturas, porque lo que han hecho Ernesto Ricardo Medina, Kamil Zayas Pérez, y el resto de los/las integrantes de El 4tico no ha sido poca cosa. En sus publicaciones, han desmontado las falsedades de lo que Ernesto calificó de “Estado perverso”.
El catálogo de temas tratados en esos cortos que apenas sobrepasan el minuto es amplio, abarcador de los problemas y conflictos que abaten a la sociedad cubana, cautiva en la inmovilidad y el silencio, sojuzgada por la represión que castiga y amordaza. Y no por su brevedad los videos dejan de ser profundos, viscerales. Justamente esa economía del tiempo es una de sus virtudes para enganchar a todos los sectores sociales y grupos etarios.
En su minimalismo narrativo, El4tico utiliza cada segundo para ir colocando, en la emisión, mensajes encapsulados para el receptor. Esas cápsulas de contenido son subrayadas en pantalla para reforzar los mensajes enunciados, los cuales se despliegan a lo largo de la exposición como apoyo de la lectura, de la recepción: “La libertad se criminaliza”; “Resistir no es solo político”, “es decir, yo pienso, yo creo, yo amo”; “Las veces que te digan”, “que los dictadores se van solos”, “recuerda el 89” [Ceasuscu y su triste final]; “El daño antropológico”, “que se nos ha causado”, “debería ser considerado”, “crimen de lesa humanidad”; “El tiempo se acabó”; “Aún controlan el miedo”; “Dejemos de esperar al héroe. El poder está en nosotros”, “Si el pueblo despierta”, “no hay sistema que lo aguante”; “La liberación empieza en la mente que se niega a callar”.
Cada corto de El 4tico tiene un propósito. Y aunque los elementos del set ―simbólicos todos― sean casi siempre los mismos —un ventilador de la era soviética colocado sobre cartones de huevos, una pizarra, una pared empapelada de periódicos—, el modo de expresión puede variar de acuerdo con el mensaje que se quiere transmitir y el destinatario principal.
En ocasiones, se identifica una realidad mediante la exposición de hechos y evidencias. Un ejemplo es la definición de “Estado perverso”. “Cuba no es un Estado fallido [como Somalia], sino un “Estado perverso”, porque ese Estado sí funciona, pero para ellos, para la cúpula; para la población, lo que existe es el apagón, la miseria.
Con similar narrativa, se explica la diferencia entre el colapso del régimen, que ya ocurrió, y la caída, que no se acaba de producir. “El colapso, es técnico; la caída, es política”. “El colapso se mide en la escasez, en la imposibilidad de comprar lo básico. La caída depende de cuando la sociedad deje de aceptar la ruina como normalidad”.
Con un coraje y una valentía pocas veces vistos, El 4tico no solo ha señalado el colapso y sus causas, sino que también se ha dirigido a instituciones oficiales del aparato represor —la policía, los oficiales de menor rango— y los ha emplazado: ustedes no caben en el avión. A ellos les pregunta: “¿Estás defendiendo a Cuba, o a una estructura que te usa?”
Los miembros de El 4tico, quienes se definen como “libertarios éticos”, también se han desmarcado de lo que llaman “oposición performativa”, porque “grita sin construir”. Igualmente, han llamado la atención sobre la elaboración de listas para pedir amnistía, de las que el régimen se burla. “Ellos aprendieron la lección del 55: nunca sueltes a quien puede tumbarte después”. Esas listas, según Ernesto, facilitan el trabajo de la policía política. “Dejen de recoger firmas, porque cada una es inteligencia gratis”.
Algunos cortos se han construido con marcada ironía, como el dedicado a la libertad de expresión, bajo el presupuesto sarcástico de que si El 4tico existe es porque hay libertad de expresión: “La prueba más absurda y perfecta de que la libertad de expresión sí existe en Cuba”. “Aquí se habla, se critica, se desmonta, y no pasa nada”.
Pero la mayor cantidad de mensajes de El 4tico han sido dedicados al cubano que sufre y malvive, en silencio; a quienes aceptan como “normal” el drama cotidiano de la lucha por poner algo en la mesa, comprar un medicamento a precio de oro, conseguir una consulta en un hospital, soportar apagones interminables, caminar kilómetros en la ciudad porque no hay transporte.
A ellos les dicen: “Mientras el miedo y la resignación se mantengan, la caída se posterga”; “La libertad no es un regalo que te dan: nos pertenece a nosotros”. “Nos han enseñado a sobrevivir como si eso fuera vivir”; “El poder solo existe cuando decides aceptarlo”; “Es hora de que empieces a vivir como si tu vida valiera algo más que obedecer”.
Pocas veces ese nosotros ha sido expresado con mayor propiedad. Porque esta vez el grito de libertad viene desde las voces de personas muy humildes que nadie conocía hasta ahora. Dos jóvenes evangélicos lideran un movimiento que la dictadura no vio venir. Los represores se quedaron dormidos y el cuartico prendió una candela que se extendió por todas partes. Ese fuego los sobrepasa, los desborda. Y entraron en pánico.
El cuartico ya no está igualito: es una multitud de voces encendidas.











