¿Por qué tengo que volver a escribir sobre mi Isla? Me gustaría tanto no tener nada que decir, pero no puedo.
Hoy debo hablar de lo que pasó en El 4tico y pido permiso para nombrar a los grandes:
“Sé bien que alzar la voz en este país no es gratis; también sé que, más pronto que tarde, van a venir a tocarnos la puerta o van a inventar algún pretexto para que dejemos de hablar. Tenemos en cuenta que cada vez puede ser la última vez que nos dejen grabar en libertad. Pero prefiero decir mi verdad de frente antes que resignarme al silencio que imponen. No tenemos poder, ni armas, ni respaldo de ningún partido; tenemos solo nuestra palabra y este espacio pequeño donde sé que otros me escuchan y sienten lo mismo que yo… Pertenezco a El 4tico”, Kamil Zayas Pérez.
El seis de febrero de 2026 fueron apresados los jóvenes activistas Kamil Zayas Pérez y Ernesto Ricardo Medina, creadores de contenido multimedia que iniciaron el proyecto El 4tico en el año 2024.
En la página de Telemundo 51, el pasado 9 de febrero, Jeny González publicó un artículo en el que nos comunica que “ante la detención, el Departamento de Estado de Estados Unidos exigió su liberación inmediata”.
La misma periodista nos cuenta que los congresistas Carlos Giménez, María Elvira Salazar y Mario Díaz-Balart calificaron ambos arrestos como “un acto de censura política” y pidieron su liberación inmediata.
Ese artículo nos comparte acceso a una carta escrita por Kamil a una amiga antes de la detención: “Es preciso que se sepa que no me arrestan por robar, por agredir, por traficar ni por ningún delito común. Me arrestan por el único crimen que una dictadura no tolera: atreverse a mirar de frente y decir en voz alta lo que todos notamos”.
Los jóvenes, según asegura Camila Acosta en su publicación en CubaNet, y cuyas especificaciones coinciden con el discurso de diferentes medios sobre el caso, fueron detenidos en Holguín y trasladados a la sede de la Instrucción Penal de la provincia, conocida como “Todo el mundo canta”, siendo acusados de cometer delitos como “propaganda contra el orden constitucional” e “instigación a delinquir”.
Camila Acosta nos comparte que se realizó el registro de la vivienda de Ernesto durante el operativo y que, según su esposa, y conforme fue informado por Ciudadanía y Libertad, “fueron confiscadas computadoras, teléfonos, cámaras y otros equipos de trabajo empleados por los jóvenes para sus grabaciones”.
La esposa de Ernesto publicó en su cuenta de Facebook, el pasado 10 de febrero: “Hoy hace tres días que no veo a mi esposo; mi niña me pregunta por él. Es una niña de tres años, inteligente, buena, fuerte como su papá. Ella me pregunta todo el tiempo dónde está mi papá; yo lo quiero ver”.
La joven agradece el apoyo recibido desde la comunidad y finalmente añade: “Yo lo único que pido es libertad para Ernesto Ricardo y Kamil Zayas”.
El mismo artículo nos ofrece información directa sobre las palabras sostenidas en Ciudadanía y Libertad, donde se informa que la admisión del habeas corpus obligará a la Fiscalía y a la Instrucción Penal a explicar oficialmente por qué están detenidos, bajo qué cargos y en qué condiciones.
Ernesto Ricardo Medina y Kamil Zayas Pérez son activistas. Estos jóvenes son revolucionarios: parte de esta nueva era que solicita una Revolución verdadera para la Isla y la caída del régimen autoritario que mancilla el término y lo prostituye a conveniencia. Son hombres de los que faltan y rogamos por tener en representación del territorio nacional. Son gente valiente; sostienen aún la dignidad humana suficiente para alzar la voz, pese al miedo y las consecuencias. Son parte de nuestra resistencia, ejemplo de nuestra historia y el reflejo de lo que el pueblo cubano vive y sufre cada día.
El 4tico es el escenario de grabación: una habitación, cuatro paredes carcomidas, una pizarra deteriorada, un ventilador azul que mueve la cabeza sin girar las paletas.
Pero El 4tico también ha sido un espacio que grita esperanza, oportunidad de hablar; que ha rajado la mente de muchos cubanos que se preguntan de dónde proviene tantísima bravura en el cuerpo de esos dos jóvenes, con familia y mucho que perder, pero con la férrea convicción de no renunciar a su derecho de hablar, por más que dictadura que los oprima.
El 4tico nace como sitio de disidencia; se alza y grita en medio de un contexto histórico quebrado. Nuestra pobre Isla no tiene culpa de todo lo que le han hecho, de cuánto la han saqueado.
Quiero que piensen en una prostituta desgastada, tirada en el suelo, herida y sangrante; violada hasta el cansancio por cada sitio que pueda ser desgarrado. Quiero que esa imagen penetre hondo en la mente de quienes lean este escrito, cuando digo que a Cuba la han violado tanto, pero tanto, que no le quedan ya ni ganas ni fuerza de ponerse en pie, porque solo quiere un segundo de paz y silencio para llorar tranquila y lamerse las heridas.
Esa es la justa imagen que se ve en el rostro de los cubanos que salen cada bendito día a resolver la vida, sin poder vivirla ni soñar con un cambio y con un futuro que no sea irse de allá adentro, preguntándose por qué les tocó tan duro vivir.
El cubano ha sobrevivido a demasiada historia. Guerras. Intentos fallidos de alcanzar la libertad plena. Cometió el pecado de confiar en promesas y se dejó avasallar por un tirano, por una dictadura que le perforó hasta lo más hondo. Buscando cómo vivir y resistir, y mirar a otro lado, el cubano siguió alegre, “resolviendo e inventando” por aquí y por allá. Siguió viviendo feliz porque “la vida son dos días” y “a quién le importa la política”. Llegó un punto de quiebre, una chispa prendida, y todos sentimos que nos vibraba la sangre gritando: “Basta ya, tantísima injusticia”. Pero no pasó.
La dictadura sigue. Nos oprimió. Y nos mató la esperanza de que las cosas podían cambiar algún día.
Vino una nueva época para Cuba, un ciclo de caras tristes y gente a la que no le quedan ni las ganas de soñar. Nos quitaron lo único que creímos que no nos podían quitar: la risa y las ganas de echar para adelante.
Ahora solo queremos coger un avión.
Pero, en medio de un escenario de silencio y abandono, de mucho miedo y poca esperanza, en medio de este hastío sociopolítico que vivimos hoy, se levantó una lucecita: un rincón con un ventilador azul y dos hombres hablando, en apagón y sudando la gota gorda del calor caribeño, los que se paraban con una camarita para decir, en medio de una ratonera, todo lo que pensamos y sentimos que quizás ya no vale ni la pena decir.
Para Ernesto Ricardo Medina y Kamil Zayas Pérez no es momento de callar; hay que seguir hablando porque, de esa forma tan cínica, no nos la podemos dejar meter tan suave, sin protestar.
“Te han domesticado con el miedo, con rutina, con cinismo, y tú lo has aceptado, con rabia, sí, pero con resignación; eso es lo que más duele”, Ernesto Ricardo Medina.
Hoy, cubanos dentro y fuera de la Isla graban y comparten su apoyo a los dos jóvenes; gritan para pedir la libertad de Kamil y Ernesto; denuncian la censura al pensamiento, a la libertad de expresión, la violación de los derechos humanos, el abuso del cuerpo policial y de las entidades gubernamentales de Cuba y, en este caso, de la provincia de Holguín.
Estos no son, ni de lejos, los dos únicos presos políticos encarcelados injustamente con que cuenta la historia de nuestra patria. Hay miles de historias, hay mucha gente. Hay luchas más intensas; otras, menos. Algunos han hablado por más tiempo, otros no. Ha habido casos gravísimos de tortura y silenciamiento. Algunos pierden en comparativa.
En realidad, ningún caso le resta importancia al anterior. Es imperioso que acabemos de entender, de una vez por todas, que todos —adentro de la Isla, afuera de la Isla, con más o con menos miedo, con apellidos que resuenan o sin ellos, con voz, alcance y medios o desde el absoluto anonimato—, todos los cubanos somos lo mismo, luchamos por lo mismo y queremos lo mismo.
Hace falta dejar el maldito orgullo descansar a un lado.
Dejemos de pelear entre nosotros mismos, de denunciar la “falta de unidad en la lucha por la liberación de nuestro pueblo” sin favorecer esa unidad.
Toda persona que se sume ayuda. Toda voz que se alce es bienvenida. Toda estadística que abandone el miedo o se permita sentir la indignación nos favorece. Y tenemos que alzar la voz por estos dos hombres, porque lo merecen, como lo merecen los otros que siguen allá dentro.
Camila Acosta publicó el 11 de febrero en CubaNet que el Tribunal Provincial de Holguín había fijado la audiencia del habeas corpus presentado por Yanet Rodríguez Sánchez a favor de los jóvenes para el 12 de febrero a las nueve de la mañana.
Nos comparte que, en el documento de admisión, el Tribunal reconoce que: “La solicitud alega la detención sin notificación de cargos, sin especificación de delitos y sin cumplir las formalidades legales, lo que podría constituir una violación de derechos fundamentales, por lo que interesa la inmediata libertad de estos”.
El 12 de febrero el portal Diario de Cuba compartió en su plataforma que las autoridades jurídicas mantienen a los jóvenes en prisión provisional.
El artículo informa que el Tribunal Provincial de Holguín amaneció militarizado; diferentes civiles se reunieron alrededor para mostrar apoyo; sus carnets de identidad fueron requisados y uno de ellos fue detenido “porque estaba filmando” (según dijo un testigo a Diario de Cuba).
También se nos informa —según ha sido verificado por distintas fuentes mediáticas y revistas que han cubierto el caso y mantenido informada a la comunidad— que el Tribunal decretó prisión provisional para ambos y que, al mismo tiempo, la Seguridad del Estado mantiene sitiada en su domicilio a Yanet Rodríguez Sánchez (quien presentó el habeas corpus).
Es maravilloso ver al pueblo unido y a la gente de Cuba gritando desde todas partes por su liberación. Pero el tiempo pasa, la energía se apacigua, el momento del boom mediático desaparece y la gente sigue con su vida. Pasa siempre. Ha pasado con los otros que siguen allá dentro, con los miles de los que no recordamos ni su nombre.
Se nos llena la sangre de esperanza, espíritu de fuerza y lucha con todos esos videos de apoyo que tienen de fondo el escenario de El 4tico. Pero no se cansen.
No es justo utilizar el nombre de estos dos hombres, sus palabras, su trabajo, su valor —todo lo que tienen, necesitamos y nos falta—, el dolor de su familia y la realidad de presenciar semejante crimen ante nosotros, para ser parte de un teatro. No colaboremos con el circo. No simplifiquemos lo que ha pasado. Y, más importante aún, no tengamos el cinismo de apropiarnos de su desgracia para nombrarnos parte de “quienes alzamos la voz” en su defensa.
Los que estamos de este lado, presenciando y hablando, no somos héroes de nada. Y espero que tampoco ellos se conviertan en mártires.
Dejemos a un lado el orgullo y la euforia y vamos todos juntos a seguir hablando, sin cansarnos de hablar. Vamos a seguir rezando a todos los santos.
Quizás logramos algo. Pero no se apropien y no se cansen.
Sigan gritando.









