Raúl Flores: Leo bajo cero

Es el hielo (o tal vez la falta de este) lo que ha marcado la carrera de Leonardo DiCaprio.

En 1997 halló un destino en la megaproducción Titanic. Millones de dólares en realización, millones de galones de agua para un mar erizado de témpanos de hielo, millones de adolescentes con los corazones rotos contra un iceberg y una canción de Celine Dion, My Heart Will Go On, colisionando con la pesadez de un iceberg de melaza contra las listas de éxitos. Allí DiCaprio muere agarrado a un tablón de madera, sumergido hasta los hombros a no sé cuántos grados bajo cero, mientras el personaje interpretado por Kate Winslet, Rose DeWitt, le habla y lo mira y no se muere.

Leo no estuvo ni siquiera nominado a los Oscar de aquel año (se dice que esto le molestó sobremanera), pero Kate sí. Años después y tras varias nominaciones más de por medio, ganó su estatuilla de Mejor Actriz por su personaje de guardia nazi analfabeta en The Reader (2008). Leonardo DiCaprio obtuvo el Oscar este 2016 por su actuación en The Revenant, una película de Alejandro González Iñárritu llena de paisajes nevados y gélidas temperaturas.
Si en Titanic DiCaprio (o Jack Dawson, como se nombraba su personaje) muere de hipotermia, en The Revenant Hugh Glass (nombre de este otro personaje) soporta temperaturas bajo cero sin problema ninguno, obcecado en un ideal de venganza que esperamos hasta el final de la película solo para verlo (spoiler alert!) diluirse como puñado de nieve a la orilla de uno de esos ríos donde transcurre la acción.

El problema, para ganar el Oscar, era no morir de hipotermia.

Iñárritu se tomó licencias con el personaje del hijo indio (que nunca existió) y con el deseo de venganza (que no fue tal: cuando finalmente Hugh y su archinémesis se enfrentaron, realmente no sucedió nada).

En una actuación a base de gruñidos y expresiones faciales a veces indiscernibles a través de mucha barba y mucha ropa, Leonardo DiCaprio tenía que ser la elección obvia como Mejor Actor. (Algunos de nosotros fantaseamos con el reencuentro, casi veinte años después, de Jack y Rose fuera del Titanic: Winslet también estuvo nominada este año como Mejor Secundaria por su papel de Joanna Hoffman en la cinta Steve Jobs. Pero no resultó.)
Visualmente, la película de Iñárritu es impactante. Densos bosques de escarcha y paisajes donde nunca o casi nunca se había posado la planta del hombre. El cazador y trampero Hugh Glass, junto a su hijo aborigen, conduce a una partida de hombres blancos a través de la espesura helada, lejos de los ataques de los indios, hasta que es agredido por una osa y después dejado por muerto junto al cadáver de su hijo asesinado.

Lo que sigue es una odisea (delirio de excelsa fotografía, una serie de sueños húmedos de la National Geographic, paisajes sobrecogedores seguidos de vastas extensiones de nieve y puestas de sol) en la que Hugh camina trescientos kilómetros hasta llegar a casa o, en su defecto, lo que pudiera ser tomado como casa.

La película viene avalada por el hecho de estar basada en hechos reales. Hugh Glass realmente fue atacado por una osa y realmente fue dejado por muerto, realmente caminó más de trescientos kilómetros con heridas graves a través de una espesura helada alimentándose de raíces y bayas silvestres. Iñárritu se tomó licencias con el personaje del hijo indio (que nunca existió) y con el deseo de venganza (que no fue tal: cuando finalmente Hugh y su archinémesis se enfrentaron, realmente no sucedió nada).

En la contienda por el Oscar, DiCaprio llevaba las de ganar. Ya se había llevado un Globo de Oro. Su competidor más fuerte era Matt Damon en The Martian.

Cuentan los actores que muchas veces sufrieron de hipotermia entre toma y toma.

Todo lo que hace Damon en su película es mostrar buen ánimo ante las adversidades y soltar chistes de vez en cuando, mientras espera pacientemente que lo regresen de Marte a suelo terrestre, comiendo patatas sembradas a base de excrementos humanos y oyendo de mala gana música disco de los años 70. DiCaprio, en lugar de perder el tiempo oyendo a los Bee Gees, se lanza desde despeñaderos a lomo de caballo para rescatar doncellas indias en peligro de muerte y/o violación.

Otra de las bazas ganadoras en la promoción de la película es su escasa concesión ante facilismos cinematográficos. Se usó solo iluminación natural, se filmaba seis horas al día en regiones remotas del planeta, y el invierno fue verdaderamente frío e inhóspito, como corresponde a todo invierno que se respete. Cuentan los actores que muchas veces sufrieron de hipotermia entre toma y toma.

Pero si para sumergirse en una experiencia fílmica hay que haber visto antes los extras del DVD donde sale el equipo técnico debatiendo sobre cómo se filmó tal o más cual escena, uno de cierta manera sale perdiendo. No debería venir el director a decirte “fíjate que bien nos quedó esto y qué clase de trabajo pasamos para hacerlo”.

La película por sí sola logra impresionar y, la mayor parte de las veces, también logra convencer. Haya sido filmada totalmente en interiores (pienso en la gigantesca piscina de Titanic) o, todo lo contrario, en el exterior menos artificial. Que venga Leonardo DiCaprio (un ejemplo hipotético) a señalar que el trozo de hígado que se comió estaba de veras crudo es innecesario. Aunque quizás por eso también deberían darle un Oscar.

Alegan algunos (casi siempre los perdedores) que los premios no significan mucho, o no significan nada.

The Revenant, con doce nominaciones, se llevó a casa tres premios (Mejor Director, Mejor Actor Principal y Mejor Fotografía). Pero el reboot de Mad Max, en cambio, se llevó seis, casi todos en categorías técnicas, lo cual convierte al actor Tom Hardy en el ganador de la velada. Dos películas protagonizadas por él se llevaron nueve estatuillas en total.

Y si no he hablado de Tom en The Revenant es porque no hay mucho de qué hablar. Borda su personaje, el trampero John Fitzgerald, con paranoica maldad. Recuerda un poco al malo que Hardy interpretara en la saga Batman (Bane, en The Dark Knight Rises).

Leonardo DiCaprio se ha llevado al fin su Oscar después de haber estado nominado cuatro veces. Alegan algunos (casi siempre los perdedores) que los premios no significan mucho, o no significan nada. Hay quien dice que la próxima entrega de Leo será en la segunda parte del reboot de Mad Max, ambientada en un mundo desértico donde el agua se convierte en moneda de cambio. Para alternar con Tom Hardy y, sobre todo, mantenerse alejado de los témpanos de hielo y las bajas temperaturas.

No es fácil morir otra vez de hipotermia, digo yo.