El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, llevó un mapa de Ucrania a su reunión con el presidente Trump la semana pasada. Pero no hacía falta. Al entrar en el Despacho Oval, se encontró con que Trump ya había colocado un mapa mucho más grande en un caballete junto al escritorio Resolute. El mapa del Departamento de Defensa de EE. UU. mostraba claramente la frontera de Ucrania con Rusia, la línea del frente de 750 millas donde actualmente combaten tropas ucranianas y rusas, y las áreas de cada provincia ucraniana que Rusia controla. En conjunto, Rusia ocupa ya la mayor parte de cinco provincias ucranianas, lo que equivale aproximadamente a una quinta parte del país.
Mapa 1: El mapa de Trump en la reunión del Despacho Oval
Para ayudar a visualizar las opciones planteadas en las distintas propuestas de paz, el equipo Russia Matters de Harvard elaboró un segundo mapa que superpone el territorio ucraniano actualmente ocupado por Rusia sobre un mapa de Nueva Inglaterra. Esas 44.000 millas cuadradas de Ucrania equivalen, en la práctica, al área combinada de los estados de Maine, Vermont y New Hampshire.
Mapa 2: Control territorial ruso actual superpuesto a Nueva Inglaterra
Al contemplar los futuros alternativos de Ucrania, conviene partir del hecho de que, en términos territoriales, se trata de un país grande. Cuando la Unión Soviética se derrumbó en 1991, Ucrania emergió junto con otros 14 nuevos estados independientes. Sus fronteras comprendían 233.000 millas cuadradas, el equivalente a toda Nueva Inglaterra (Maine, Vermont, New Hampshire, Massachusetts, Rhode Island y Connecticut), más Nueva York, Pensilvania, Virginia y Maryland.
En 2014, Putin se apoderó de Crimea y de partes de otras dos provincias, Donetsk y Lugansk —unas 17.000 millas cuadradas de territorio—. En febrero de 2022, los ejércitos de Putin lanzaron una invasión a gran escala destinada a capturar el resto del país. En los últimos tres años y medio, sus tropas han conseguido controlar la mayor parte de dos provincias adyacentes (Lugansk y Donetsk) y alrededor de dos tercios de otras dos (Zaporiyia y Jersón), lo que les proporciona un corredor terrestre desde Rusia hasta Crimea y la principal base naval rusa en Sebastopol.
Como alguien que inició su vida profesional en el sector inmobiliario en Queens y Manhattan, el presidente Trump acudió a la reunión con Zelenski y los líderes europeos dispuesto a hablar de “intercambios de tierras” como parte de un posible “acuerdo de paz”. Su mapa mostraba en rojo el porcentaje de cada provincia actualmente controlado por las tropas rusas. El Mapa 3 ilustra lo que significaría que Zelenski aceptara la exigencia de Putin de entregar el cuarto restante de Donetsk que las tropas rusas aún no han logrado conquistar. En un mapa de Estados Unidos, esto equivaldría al estado de Delaware.
Mapa 3: Equivalente al resto de Donetsk
Mientras Putin sigue exigiendo que Ucrania reconozca formalmente la anexión del territorio que ha ocupado, Zelenski y sus colegas insisten en que, incluso si se ven obligados a aceptar que las tropas rusas controlan por ahora esa zona, nunca renunciarán a su reivindicación de recuperar cada pulgada de sus tierras reconocidas internacionalmente. Recuerdan a la comunidad internacional que, al final de la Segunda Guerra Mundial, Alemania fue dividida, quedando Alemania Oriental bajo ocupación soviética, y que cuando la Guerra de Corea terminó en un armisticio en 1953, el régimen de Kim permaneció en el poder en Corea del Norte.
Sin embargo, ni Alemania Occidental ni Corea del Sur abandonaron sus aspiraciones y reclamos de recuperar los territorios ocupados. Por otro lado, los rusos recuerdan que al final de la Segunda Guerra Mundial, la Unión Soviética se quedó con aproximadamente el 10% del territorio finlandés previo a la guerra, tras la guerra ruso-finlandesa. Durante una década después de la guerra, los finlandeses discutieron la reunificación. Sin embargo, finalmente renunciaron a esos reclamos y se concentraron en convertirse en el milagro moderno que son hoy.
Queda por ver si la sangrienta guerra en Ucrania terminará en un futuro previsible. Pero si lo hace, dos hechos son casi seguros. Primero, Rusia continuará ocupando alrededor del 20% de la tierra que anteriormente pertenecía a Ucrania; segundo, Ucrania no renunciará a su derecho de recuperar esas tierras. La cuestión que este ejercicio cartográfico plantea con mayor nitidez es: ¿cuánto deberían importar a los ucranianos las diferencias entre las opciones viables que hoy enfrentan? Si partimos de la base de que recuperar ahora el equivalente al norte de Nueva Inglaterra no es una opción realista, la pregunta operativa es cuánto debería importarles la pérdida adicional de “Delaware”.
Si Rusia estuviera dispuesta, a cambio, a retirarse de las 400 millas cuadradas de territorio que actualmente ocupa en Sumy y Járkov —una superficie apenas mayor que Cape Cod—, no sería en absoluto un intercambio justo. Pero si la alternativa de Ucrania es seguir en una guerra en la que, al final de cada mes, las fuerzas rusas han ocupado entre 100 y 200 millas cuadradas adicionales de Ucrania —como ha ocurrido todos los meses de este año—, ¿cuál de estas opciones desagradables ofrece un mejor camino a seguir?
En la celebración del Día de la Independencia de su nación, el pasado domingo, el presidente Zelenski reiteró el objetivo de su país: construir “una Ucrania lo suficientemente fuerte y poderosa como para vivir en seguridad y paz”. La pregunta que su gobierno enfrenta ahora es si aceptar una opción que pondría fin antes a la guerra, con todas las cargas que ello implica, o continuar la lucha y arriesgarse a perder más combatientes, ciudadanos y territorio. Tras haber demostrado una voluntad extraordinaria de luchar y derrotar el intento de Putin de borrar a su país del mapa, la elección corresponde, con pleno derecho, a Ucrania.
En este momento, Zelenski está concentrado como un rayo láser en un asunto mucho más crítico: obtener garantías de seguridad de Europa y Estados Unidos que aseguren que cualquier “acuerdo” para poner fin a la actual guerra no se convierta simplemente en un intermedio durante el cual Rusia se prepare para el próximo ataque. Por mucho que deseara que se alcanzaran arreglos de seguridad efectivos políticamente viables en Europa y Estados Unidos, sigo siendo escéptico. No obstante, apuesto a que, si una iniciativa conjunta entre Estados Unidos y Europa logra ofrecer garantías razonables de un armisticio sostenible, el gobierno ucraniano encontrará la manera de intercambiar el control temporal de territorios por la paz.
Sobre el autor: El doctor Graham Allison es profesor Douglas Dillon de Gobierno en la Universidad de Harvard, donde ha enseñado durante cinco décadas. Allison es uno de los principales analistas de seguridad nacional, con especial interés en armas nucleares, Rusia, China y la toma de decisiones. Fue el “decano fundador” de la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de Harvard y, hasta 2017, se desempeñó como director del Belfer Center for Science and International Affairs, considerado el “think tank universitario n.º 1” del mundo.
* Artículo original: “Mapping the Russia-Ukraine War Endgame”. Traducción: ‘Hypermedia Magazine’.

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