La cuenta oficial del Festival de Cine de La Habana publicó el pasado 2 de febrero de 2026 en Facebook una declaración titulada “Cineastas de todos los mundos levantamos la voz ante la intención de cercar y oscurecer a Cuba”, cuyo contenido fue suscrito por decenas de realizadores internacionales. La proclama surge en un contexto crítico para Cuba: una paralización inminente de toda actividad social y productiva dada la escasez extrema de combustible, un creciente malestar social y un aumento del descrédito político y gubernamental.


Fragmentos de la publicación. Fuente: muro de Facebook del Festival de Cine de La Habana (2026).
El texto parte de una orden ejecutiva del presidente estadounidense Donald Trump que califica a Cuba como “amenaza inusual y extraordinaria”. Como respuesta, los firmantes de la carta expresan su “rechazo a las agresiones y amenazas contra el pueblo de Cuba”, y contraargumentan con los valores de instituciones culturales cubanas como el Festival de La Habana, la Escuela Internacional de Cine y TV (EICTV) y la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, resaltando el aporte del país a la formación y acogida de creadores del continente: “Para el mundo entero Cuba es una inspiración, nunca una amenaza”, afirma enfáticamente el texto. En esa línea, se posicionan en defensa de la política cubana y declaran que “Cuba sobrevivirá y la esperanza del mundo sobrevivirá con ella”.
Entre los firmantes de esta declaración de apoyo figuran el cineasta boliviano Jorge Sanjinés, la documentalista ecuatoriana Yanara Guayasamín, el director argentino —y exministro de cultura— Tristán Bauer, el actor mexicanoDamián Alcázar, así como veteranos realizadores y precursores de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano de países como Perú, Panamá, Chile, Venezuela, Puerto Rico y Cuba. También suscribieron la proclama graduados de la EICTV de diversas nacionalidades, y figuras de la industria audiovisual europea y estadounidense simpatizantes de la Revolución cubana. De forma resumida, puede decirse que los convocados más arriba realizaron varias acciones simbólicas:
- condenaron las nuevas presiones de Estados Unidos;
- exigieron el fin del “cerco” económico-político contra Cuba;
- esgrimieron el respeto a la “soberanía”;
- refrendaron la práctica de “solidaridad”; y
- defendieron la continuidad del proyecto revolucionario cubano.
Reacciones: apoyo oficialista y críticas desde la comunidad cinematográfica
La declaración tuvo amplia e inmediata difusión en los medios oficiales cubanos, que la presentaron como muestra del apoyo internacional al país en momentos difíciles. Portales de prensa estatal como Cubadebate y Prensa Latina einstituciones culturales como la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y el propio Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) reprodujeron fragmentos de la proclama. Esta reacción oficialista en bloque acusa la carta como respaldo moral, reforzando el discurso gubernamental de que Cuba enfrenta un asedio externo unilateral y merece apoyo global.
En paralelo, emergió una oleada de reacciones críticas, sobre todo en la comunidad cinematográfica cubana. En el propio post original, decenas de comentarios de cineastas, estudiantes de cine y espectadores nacionales cuestionaron su premisa central y señalaron la contradicción de pedir solidaridad internacional mientras “dentro del país se normalizan la censura, la represión y los privilegios” por parte de los funcionarios culturales. Otros criterios remarcaron el “peregrinaje” de figuras internacionales que disfrutan de las prebendas entregadas por autoridades cubanas para promover a Cuba como un parque temático de la utopía socialista, desconectado de la dura realidad en la Isla. Por ejemplo, la editora y miembro del gremio cinematográfico Miryorly García advirtió: “…no debemos cerrar los ojos a la realidad. Los apagones y la miseria […] no comenzaron con Trump ni es solo el resultado del bloqueo”.
Lo anterior es solo un ejemplo de una brecha mayor que expone las contradicciones abiertas entre jóvenes realizadores y productores cubanos, agrupados en la Asamblea de Cineastas Cubanos, y directivos del ICAIC y otros organismos oficiales. Durante los últimos años, el ODC también ha registrado numerosos casos de censura en el gremio, en forma de exclusión de plataformas de exhibición, medidas burocráticas coercitivas y preferencias al cine de propaganda, entre otras acciones de silenciamiento directo.
La arbitrariedad se hizo incluso evidente en la decisión del Festival de cerrar la sección de comentarios en el portal de Facebook para intentar detener la discusión pública que conducía ineludiblemente a esta crítica y subrayaba la fractura en la autolegitimación de la institucionalidad cultural cubana.


Fragmentos del intercambio. Fuente: muro de Facebook del Festival de Cine de La Habana (2026).
Declaraciones militantes como herramienta política de autolegitimación
Es importante resaltar que el ODC no pretende descartar las declaraciones de principios allende los diversos derroteros políticos que deben tomar parte compartida en la comunidad cultural global. Tampoco presupone esta crítica un ejercicio de criminalización vs. apología, condicionado a lo que el Observatorio promueve como una cultura plural y democrática. Más allá de la postura política, es de interés entender las proclamas y cartas abiertas suscritas en bloque como una táctica recurrente empleada por gobiernos para orquestar la impresión de apoyo hacia el exterior y reforzar su narrativa en momentos de crisis de legitimidad.
A lo largo de las últimas décadas, cada vez que el gobierno cubano se ha visto sometido a fuerte presión internacional o a cuestionamientos internos sobre su proceder, ha desplegado el capital simbólico de intelectuales y artistas, tanto nacionales como extranjeros, mediante declaraciones públicas de respaldo unánime. Estas iniciativas buscan proyectar la imagen de un amplio consenso moral en torno a la Revolución cubana, presentando las políticas gubernamentales como justas y contando, supuestamente, con el aval de la “conciencia mundial” en materia cultural.
Ejemplos notables de estas declaraciones en bloque incluyen:
- abril de 2003: en medio de la llamada “Primavera Negra”, que determinó el encarcelamiento de 75 disidentes pacíficos y ejecutó de forma expedita a tres jóvenes que habían secuestrado una lancha para intentar emigrar, 27 relevantes escritores y artistas cubanos firmaron una carta pública respaldando la pena de muerte como veredicto aleccionador del tribunal cubano. La misiva, titulada “Mensaje desde La Habana para amigos que están lejos”, fue divulgada en el diario oficial Granma el 19 de abril de 2003. Figuras de renombre como el cantautor Silvio Rodríguez, la bailarina Alicia Alonso y el historiador Eusebio Leal, entre otros, aparecieron como suscriptores de aquella carta de apoyo incondicional.
- noviembre de 2021: tras las protestas ciudadanas del 11 de julio de 2021 (11J) en Cuba, el gobierno cubano organizó una respuesta propagandística similar a escala internacional. Pocos días antes de una marcha cívica convocada para el 15 de noviembre de 2021 (15N) por activistas dentro de la Isla, circuló una carta abierta de “personalidades del mundo” respaldando la postura oficial de La Habana. En dicha declaración, firmada por exmandatarios latinoamericanos como Dilma Rousseff, Rafael Correa, Ernesto Samper y José Luis Zelaya, así como por intelectuales de izquierda y artistas aliados, se “repudió cualquier manifestación en Cuba contra el Gobierno” y se culpó a Estados Unidos por instigar las protestas mediante una “guerra mediática”. El documento calificó las movilizaciones populares como “subversivas” y acusó a sus promotores internos de ser “sujetos respaldados y protegidos por Washington”, en línea con el discurso criminalizador oficial. De nuevo, la estrategia consistió en movilizar aliados extranjeros para validar la narrativa gubernamental, restando importancia a las demandas de cambio político provenientes de la sociedad cubana.
Miembros de REDH celebrando su vigésimo aniversario junto a autoridades del ministerio de cultura cubano. Fuente: Cubarte (2023).
Estos ejemplos, junto a numerosos comunicados de “solidaridad con Cuba” promovidos por organizaciones como la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad (REDH) en momentos puntuales, demuestran un patrón consistente. La carta de febrero de 2026, suscrita por cineastas internacionales, encaja precisamente en esta tradición: en esencia, una maniobra de diplomacia cultural dentro del poder del autoritarismo transnacional que pretende presentar al régimen cubano no como un aislado objeto de crítica, sino como un faro de dignidad admirado por la comunidad artística mundial. Al movilizar a cineastas foráneos en defensa de Cuba, las instituciones oficiales intentan homogeneizar la opinión pública internacional, proyectando la idea de respaldo al proceso cubano y de rechazo al “bloqueo” norteamericano como único causante de los sufrimientos del pueblo cubano.
Esta estrategia plantea serios cuestionamientos. Por un lado, las proclamas buscan legitimar externamente al régimen, pero lo hacen sustrayendo del relato a las voces disidentes o críticas dentro del propio sector cultural que dicen representar. Mientras los medios estatales enarbolan las firmas extranjeras en defensa de Cuba, muchos creadores cubanos contemporáneos sienten que sus derechos a la expresión y difusión son vulnerados de forma sistemática. Además, es revisable la ética de estos concilios, que respalda a un aparato cultural estatal que ha utilizado la emigración forzada de talentos (cineastas, artistas visuales, músicos) para deshacerse de voces críticas, dañando en demasía el legado artístico nacional. Mientras se arguye el cerco externo como mayor peligro para la soberanía cubana, es la propia institucionalidad oficial la que cerca, amedrenta o silencia la labor de artistas independientes.
El ODC recuerda que la brecha entre la retórica oficial y las vivencias del sector cultural y nacional en general es cada vez más ineludible: no vale reunir firmas en tanto la legitimidad efectiva del proyecto cultural cubano se alce sobre su incapacidad para respetar la diversidad, la crítica y los derechos culturales de su propio pueblo. En última instancia, no habrá proclama internacional que sustituya el necesario diálogo nacional sobre las libertades artísticas y el rumbo político-cultural de Cuba hacia una apertura, transparencia y respeto a la creación libre dentro de sus fronteras.









