Ser un cineasta político o escandaloso no es ninguna vergüenza para un intelectual. Pero sería tonto considerar que ‘Santa y Andrés’ pudiera avanzar por el mundo sin el manto gris de la censura, que asusta y a la vez te muestra quienes son tus amigos en las malas, en lugar de esos cómplices puntuales que están ahí cuando las cosas marchan.

La edad de las ciudades se cuenta a partir del día que llegamos a ellas. Yo llegué a Los Ángeles en 1979, recién salido de la cárcel, en el vigésimo año de la época revolucionaria, en plena era del Disco. Mi primer elepé, adquirido con dinero propio, fue Bad Girls, de Donna Summer; mi primer atuendo angelino, unos pantalones de gabardina sintética y un saco cruzado de solapas anchas; mi primera película, Apocalipsis Now en el Cinerama de Hollywood.