“Al principio eran solo dos extraños compartiendo un mismo espacio temporal. Ella era caribeña, él vivía en algún lugar de Norteamérica”.
“Al principio eran solo dos extraños compartiendo un mismo espacio temporal. Ella era caribeña, él vivía en algún lugar de Norteamérica”.
Julio Llópiz-Casal (La Habana, 1984) es artista visual, escritor y activista. Vive exiliado en España.
El huracán Idalia, amenaza la costa del Golfo de Florida. Con vientos de 130 mph, marejadas sin precedentes y regiones como Big Bend en su trayectoria, se están llevando a cabo evacuaciones urgentes.
Un bosque hecho pulpa para que millones de humanos jueguen a ser dioses. Seres que nacen y mueren para ser masa, soporte de signos e ideas. ¿Qué ideas?
“Rawls es quizá el único pensador de los últimos cien años cuyo lugar en el canon del pensamiento político occidental es universalmente aceptado”.
“Es el territorio del zahorí. Hace muchos años yo quise formar parte de ese mundo y me entregaron un péndulo”.
“No estamos aquí para hacer un estudio general de la prostitución intelectual; sino para denunciar la represión”.
El Confidencial: “La buena y la mala suerte siguen contando más en nuestras desgracias que los —a menudo— ilusorios sistemas de prevención”.
Gaztelu, el llamado “cura de Orígenes”, que había tenido numerosos contactos con los ‘barbudos’, era de los que apostaban por mantener el apoyo al gobierno revolucionario.
“Aunque ahora mismo no esté parada en el sur del mundo, creo que es una forma de enunciar, enmarcar, preguntar y cuestionar ciertos órdenes que muchas veces se dan por sentados. Al crecer en contextos con situaciones e historias tan fuertes, hay una necesidad por cambiar el mundo y hacerlo mejor”.
No se trata de caridad. Se trata de una alternativa económica para un oficio que, históricamente, ha sido mal remunerado. Veámoslo así: es como agradecerle a Héctor Antón por uno o varios textos, invitándolo a una cerveza. Abrir la cuenta de Héctor en Patreon es una tarea romántica, pero no imposible, y necesita del apoyo de todos.
“Tratar de dialogar tiene un precio en Cuba. No creo en ese diálogo, nunca te pondrán de igual a igual… Pero aun así siento la necesidad de seguir pidiendo el diálogo. Si tuviera que volver a sentarme frente al Ministerio de Cultura para que seamos escuchados, lo volvería a hacer”.
La población tiene un miedo tal que ni siquiera maneja la opción de una manifestación pacífica, en la que no solo intervengan artistas, intelectuales o periodistas independientes. Una marcha de brazos caídos a lo Gandhi, por ejemplo. No es suficiente la cuota elevada de estrés motivada por medidas impopulares.