Aplaudir ya es un acto intrínsecamente de izquierda. Como debatir. Como dialogar. Como cualquier tipo de cónclave o congreso. Como cualquier organización pública que involucre a más de un individuo.
Aplaudir ya es un acto intrínsecamente de izquierda. Como debatir. Como dialogar. Como cualquier tipo de cónclave o congreso. Como cualquier organización pública que involucre a más de un individuo.
Cuba ha expresado su satisfacción por la decisión de Colombia de rechazar la participación de un equipo de beisbolistas cubanos emigrados en un torneo ahora cancelado.
Los Blue Jays se acercan a un acuerdo de 32 millones de dólares con el lanzador cubano Yariel Rodríguez, el diestro de 26 años, con un récord estelar en Japón y en el Clásico Mundial de Béisbol.
La deferencia de Trump hacia el dictador ruso se ha convertido en una imitación total.
Los Estados Unidos continuarán siendo un país maravilloso porque su gente es maravillosa.
Increíble. Las Leylands eran la civilización occidental hecha guagua rodante sobre el asfalto de La Habana.
El plan tiene un costo estimado de $25.000 millones y recomienda tácticas agresivas para deportar rápidamente a 12 millones de personas.
A cualquiera, seguramente, le ha pasado por la cabeza perpetrar un asesinato. A mí misma me pasó.
El absurdo carnavalesco de lo cubano, ese “choteo” expresa una lenta degradación de lo cívico, la reducción gradual de la sociedad a la categoría de “pueblo”, de “masa”.
El acuartelamiento significó una auténtica sacudida para todos. ¿Qué provocó semejante nivel de identificación con nuestra situación? ¿Por qué no se había dado antes un fenómeno como ese? Son preguntas que permanecen para el futuro.
“No es el aplauso dentro del ruido plural desde el graderío, no es expresión coral del momento, menos es consenso general”.
Para el “capicastrismo” es esencial mantener lo que llaman “masa trabajadora”, atomizada, intimidada, manejada por los mecanismos de control político que hay en cada centro del trabajo; no solo mediante la administración, sino con el Partido Comunista.
El Estado, como el gran proxeneta que es, decide quién vive, quién muere y quién sobrevive calamitosamente.