Veo a través de estos óleos la posibilidad, muy remota, de evitar el genocidio.
Veo a través de estos óleos la posibilidad, muy remota, de evitar el genocidio.
A pesar de la fuerte promoción y las subvenciones, las ventas de VE se estancan, persisten los problemas de recarga y los Estados cuestionan la sostenibilidad de los incentivos financieros.
Ser escritor en Cuba, hoy, es ―¡cómo no!― un tremendo ejercicio de terquedad. De orinar contra el viento. De dar cabezazos contra el muro.
Para Diango Hernández, pintar un rostro significa proyectar sobre el papel o el lienzo la esencia de un modelo, su doble fluídico, antes que su apariencia.
¿‘Solamente el dolor, ese gusano que roe…’?, digo para mí, queriendo nunca olvidar.
¿No te das cuenta de que estás creando un nuevo proletario y generando el descontento de una clase que logramos extinguir desde los años 70?
El mercado se saturará, los coleccionistas dejarán de pagar cifras astronómicas por objetos sin valor real y el sistema colapsará.
Lo diré de entrada: con este libro he tenido una pelea cordial, un diálogo tenso que ya dura 30 años o más.
Necesitaba cierta lógica de ficción para empatar las dos imágenes que tengo de ella: primera y última cita.
En Cuba ha tenido un impacto brutal en la estética ya que se han vuelto tendencia los tatuajes faciales y corporales. Me atrevo a decir que el 85% de los jóvenes llevan aunque sea un tatuaje.
El guanchismo cree, al igual que el régimen, que las presiones externas, el “bloqueo” o la “mafia de Miami” son los culpables de la situación en Cuba.
“El proyecto que más me interesa es siempre el que aún no he realizado. Siempre que veo un corto mío, tengo la rara sensación de que no me pertenece, que los ha hecho otra persona distinta”.