En el año 1975 el Departamento de Orientación Revolucionaria del Partido Comunista de Cuba (PCC) publicó la Tesis sobre los medios de difusión masiva, que tenían la función de formular “una política que señale a estos medios funciones y exigencias en correspondencia con las nuevas tareas y necesidades”.
Desde aquella fecha hasta hoy la prensa en Cuba ha estado marcada por el tono que dicta esta premisa.
Primer tiempo: ¿golpe o secuestro?
Nadie podría prever qué sucedería en la madrugada del sábado 3 de enero de 2026, cuando fuerzas de élite del gobierno de Estados Unidos llevaron a cabo “con éxito un ataque a gran escala contra Venezuela y su líder, el Presidente Nicolás Maduro, quien ha sido, junto a su esposa, capturado y sacado volando del país”, según la información que luego diera Donald Trump en Truth Social.
Era el desenlace de la Operación Absolute Resolve. Este anuncio, que rápidamente se convirtió en noticia de primera plana mundial, marcó un punto de inflexión dentro de la convivencia en América Latina y provocó un heterogéneo grupo de reacciones en todos los espacios políticos.
Apenas la noticia tuvo confirmación, en la propia madrugada del sábado, el sitio de la Presidencia de Cuba en X y el mandatario Miguel Díaz-Canel demandaron y exigieron “urgente reacción de la comunidad internacional contra criminal ataque de EE. UU. a Venezuela”.
Si bien aún eran momentos de incertidumbre, existía evidencia de que Caracas había sido bombardeada. No obstante, en las primeras noticias que publicaron medios como Cubadebate o Granma aún no había información de la extracción de Maduro. De esta se comenta en la Declaración del Gobierno Revolucionario, donde se reclama “la inmediata liberación por parte de las autoridades estadounidenses del presidente Nicolás Maduro Moros y la compañera Cilia Flores”.
La Presidencia, en su canal de WhatsApp, convoca, en las primeras horas de la mañana, a un “acto de condena a la agresión militar imperialista de Estados Unidos a Venezuela” para ese mismo día a las 10:00 a.m. en la Tribuna Antimperialista José Martí, frente a la embajada estadounidense de La Habana.
Hasta ese instante toda la información se encontraba enfocada de manera reducida en los sucesos de la madrugada y eran muy pocos los que conocían el nivel de intromisión cubana en los asuntos internos venezolanos. El acto convocado, presidido por Díaz-Canel, en el que se encontraba Orlando Maneiro Gaspar, embajador bolivariano en La Habana, fue ampliamente reseñado por la prensa y los sitios oficiales del gobierno cubano. En esa mañana, eso sí, el discurso del presidente llamó la atención por el tono bélico y confrontativo con el que se refirió a Estados Unidos.
Díaz-Canel, reconocido por una oratoria pausada y poco beligerante, comienza el discurso con un exaltado “Abajo el imperialismo”, que repite mientras lleva en el puño derecho, fuertemente agarradas, las banderas de Cuba y Venezuela.
Un momento importante de sus palabras es cuando señala que “por Venezuela, y por supuesto también por Cuba, estamos dispuesto a dar hasta nuestra propia sangre, ¡hasta nuestra propia vida, pero a un precio muy caro!”
¿Qué estaba sucediendo?
Tras la captura de Maduro comienza explícitamente el inicio de la ruptura de la alianza estratégica Cuba-Venezuela. Es un mensaje lanzado al gobierno de La Habana sobre la resignificación de las políticas de contención (“de terrorismo de Estado”, las llama Díaz-Canel) que evidentemente acelerará la policrisis en Cuba.
En línea general, durante esas primeras horas, el discurso oficial de La Habana se enfocaba en una matriz clara: el compromiso total y absoluto del gobierno cubano con el chavismo. En una simbiosis justificada por la “hermandad histórica”, el diario Juventud Rebelde, en su edición del domingo 4 de enero, tituló un artículo Dos naciones que unidas vencerán, donde asegura que diferentes “organizaciones políticas y de masas y de la sociedad civil alzaron su voz para denunciar la voracidad del Norte”.
Las relaciones diplomáticas entre Cuba y Venezuela son, desde finales de la década de 1990, un punto de apoyo en la inserción regional de ambos gobiernos. Establecidas como una alianza, han sido eje en la consolidación de proyectos como el ALBA y la concepción de Hugo Chávez del socialismo del siglo XXI, una alternativa política de izquierda que abrazaron luego políticos como Rafael Correa, en Ecuador, y Evo Morales, en Bolivia.
A la muerte de Chávez, el 5 de marzo de 2013, el periódico Granma publicó una Declaración del Gobierno Revolucionario en la que lo declaró “hijo de Cuba”, además de ser “enardecido, persuasivo, elocuente, ingenioso y emocionante”, sellando con dos días de duelo un pacto que combinó liderazgo histórico, cooperación y compromiso.
Ese compromiso se renovó el 18 de marzo de 2016, al condecorar con la Orden José Martí (la más alta que otorga el Consejo de Estado de la República de Cuba) al presidente Nicolás Maduro.
Resulta curioso que este acto, precedido por una reunión con Raúl Castro, sucedió dos días antes del arribo a Cuba de Barack Obama, presidente de Estados Unidos. La portada del diario Granma del 19 de marzo de 2016 resume, desde su concepción gráfica, el “ambiente de fraternal amistad que caracteriza las relaciones” entre Cuba y Venezuela, junto a la “hospitalidad y respeto” con que se recibirá al presidente estadounidense. En este escenario de deshielo (2014-2017), La Habana lanzaba un mensaje claro a Estados Unidos y al mundo: existía una “indestructible y excelente relación entre Venezuela y Cuba”.
No es entonces imprevisto que la prensa cubana, ante los sucesos del 3 de enero pasado, reaccione en concordancia a sus principios de “medios en la lucha ideológica”.
Mientras plataformas no oficiales como CiberCuba, elToque, CubaNet, y periodistas como Mario Pentón relataban manifestaciones de júbilo en Caracas y en los sitios con fuerte presencia de emigración venezolana, o incluso establecían contacto directo con la conferencia que diera el presidente Donald Trump en Mar-a-Lago, la oficialidad de La Habana reseñaba el Consejo Nacional que presidió la vicepresidenta ejecutiva Delcy Rodríguez.
Sin embargo, no debe creerse que se hacía solo por mantener una postura de solidaridad y acompañamiento. En todo caso, durante el sábado 3 y el domingo 4, el gobierno cubano necesitó recolectar toda la información posible sobre lo sucedido y dosificar el flujo de noticias a la cantidad de personal médico que presta servicio en Venezuela, por las posibles implicaciones a la seguridad que significaría dar un dato innecesario o excesivo.
Así fue hasta la emisión estelar del Noticiero Nacional de la Televisión Cubana (NTV) del día 4 de enero.
Segundo tiempo: honor y gloria
En mayo de 2019, la subdirectora general de Estados Unidos de la cancillería cubana, Johana Tablada, citada por Cubadebate, ratificó que “no hay tropas de seguridad de Cuba en Venezuela. Cuba no participa con tropas ni efectivos en operaciones militares o de seguridad en Venezuela”, argumento que defendía el ministro de relaciones exteriores Bruno Rodríguez Parrilla.
Sin embargo, en el NTV del domingo 4 de enero de 2026, el presentador leía la Información del Gobierno Revolucionario sobre combatientes caídos en cumplimiento de su deber en Venezuela. Esta noticia sería reproducida íntegramente al día siguiente en un periódico Granma, con su tradicional cintillo rojo ahora de duelo en negro. En esa primera plana había solo otra noticia: Declara Presidente de la República Duelo Nacional, dispuesto para los siguientes dos días, 5 y 6 de enero.
La presencia de militares cubanos en Venezuela siempre había sido motivo de discusión, y muchas fueron las ocasiones en que desde la oficialidad se desmintió enérgicamente. Que fuera entonces, tras la extracción de Nicolás Maduro, cuando finalmente se confirmara lo que era un secreto a voces, impactó en muchos cubanos, venezolanos y personas enteradas de los sucesos en general.
No obstante, en la propia Información… se hace énfasis de una presencia “a solicitud de órganos homólogos del país sudamericano”. Treinta y dos fueron los cubanos muertos que “cumplían misiones en representación de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior”.
A partir de esta noticia, el discurso de la prensa se transforma. Confirmado por el presidente Trump y sin rebatida del gobierno cubano, se supo que fueron estos cubanos los que formaban parte del anillo de seguridad de Nicolás Maduro y que fueron ellos los que se enfrentaron directamente a las fuerzas estadounidenses, durante los minutos que tomó la operación de extracción.
La prensa, entonces, comienza a trabajar sobre todo bajo dos premisas: presentación del ataque como una “criminal acción terrorista” violatoria del Derecho Internacional, con énfasis en la continuidad histórica de la política intervencionista de Estados Unidos, y en la reafirmación de la hermandad inquebrantable entre Cuba y Venezuela, que pasa por la legitimidad del proyecto chavista como heredero natural de la Revolución cubana.
Con estos dos presupuestos se crea una atmósfera informativa en la que se dignifica el duelo a partir de la admisión tardía de militares en Venezuela, en un discurso que, en apenas horas, pasó de “no hay tropas” a militares “que perdieron la vida en acciones combativas”.
Incluso Granma, en un artículo de opinión publicado el 10 de enero de este año, comenta que “debe saberse que la presencia de esos cubanos en Fuerte Tiuna no es un hecho fortuito: es parte de la larguísima historia del internacionalismo revolucionario de Cuba”.
En el libro 100 horas con Fidel, el presidente cubano mencionó que, cuando el intento de golpe de estado contra Hugo Chávez en abril de 2002, él personalmente conversó con el líder venezolano y le insistió que no se inmolara, y que la única manera en que le ayudaron fue “usando los recursos de la diplomacia”, aunque luego propusieron “enviar dos aviones para traerlo (a Cuba), en caso de que los golpistas decidieran aceptar su salida”.
En aquel momento, sin embargo, ya hay referencias de cubanos insertados en las tropas y servicios de seguridad venezolanos, aunque no en grandes cantidades. La relación entre Hugo Chávez y Fidel Castro, ya se sabe, fue de tipo paternal. El líder venezolano reconoció en Fidel un “ejemplo sin duda para todos nosotros y para generaciones enteras”.
Según el periodista Gerardo Arreola en el libro Cuba: el futuro a debate, tras los acuerdos firmados por Raúl Castro y Hugo Chávez el 15 de octubre del 2007, este último comentó que “perfectamente pudiéramos conformar (Cuba y Venezuela) una confederación de repúblicas”.
Casi tres años después, en febrero de 2010, se fundó la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), que Cuba y Venezuela adoptan como vía privilegiada para relacionarse con el resto de la zona, manteniendo una distancia con la OEA. En 2014, se realiza en La Habana su II Cumbre, bajo la premisa de Unidad en la diversidad, en la que sus anfitriones logran la aprobación unánime de una Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz.
La Proclama, ampliamente difundida, hace una particular mención a “observar los principios de soberanía nacional, la igualdad de derechos y la libre determinación de los pueblos”, que se convirtió este 3 de enero pasado en la clave de las denuncias realizadas por el gobierno cubano contra los Estados Unidos.
Relata el periódico Granma, que el canciller cubano participó de manera virtual en una Cumbre Extraordinaria de la CELAC, en la que advirtió sobre “los peligros de las intenciones de Washington de restablecer una política de injerencia mediante el uso de la fuerza”.
Vencidas las primeras horas de confusión y analizadas las noticias que se reciben desde Venezuela, en Cuba el discurso se endurece y envía un mensaje muy directo: en la Isla no va a suceder lo que en Venezuela y por ello “se prepara, dispuesta a defender la Patria hasta la última gota de sangre”.
Coinciden en estos días los plenos extraordinarios de los comités provinciales del Partido Comunista en Pinar del Río, Artemisa, Guantánamo y Santiago de Cuba, en los que se pide “dar el extra como militantes en la Cuba de hoy”.
Esta posición defensiva, casi beligerante, es una reacción a la del gobierno estadounidense y, particularmente, al presidente Donald Trump, que a través de Truth Social publicó varios mensajes donde aumenta la presión sobre la isla.
El semanario Tribuna de La Habana, por ejemplo, publicó el domingo 11 de enero un artículo titulado La Habana se prepara para la defensa, en el que relata la realización de ejercicios de valoración en la “capacidad de respuesta ante situaciones excepcionales”. El diario Juventud Rebelde, también ese día, amplió sobre el particular en un texto donde no solo aborda la defensa de la Isla, sino que “reafirma el compromiso político con la Revolución Cubana y la solidaridad activa con la República Bolivariana de Venezuela, en un contexto de creciente hostilidad imperial”.
El lunes 12 de enero varios periódicos publicaron el mensaje de Díaz-Canel ante el pronunciamiento de Donald Trump donde le sugiere a Cuba hacer “un trato (con Estados Unidos) antes de que sea demasiado tarde”.
La primera plana del periódico Granma contiene una frase en letras enormes: “Nadie nos dicta qué hacer”, fragmento de lo dicho por el mandatario cubano en una publicación donde aseveró que Estados Unidos “no tiene moral para señalar a Cuba en nada”.
Este tipo de mensaje, sin embargo, no está centrado únicamente en el discurso clásico de la Revolución contra la injerencia. El miércoles 7 de enero, el periodista Luis Manuel Arce, había publicado un artículo titulado Cuba bajo las amenazas de la Casa Blanca, en el que aseguró que la Isla caribeña “es vista por Donald Trump y sus secuaces como el próximo paso en la ocupación del continente”, pues Estados Unidos “lleva años preparando el terreno para un holocausto cubano”.
Advertimos en este texto, así como en el publicado por Granma el día 10 de enero, que la posición del gobierno y partido cubanos es la de tomar con seriedad y atención las publicaciones de Trump, utilizando la concepción de resistencia de Guerra de todo el pueblo, frente a un eventual ataque de los Estados Unidos.
Finalmente, tras casi quince días, el jueves 15 de enero arriban a Cuba los restos de los 32 soldados muertos en Venezuela, en todo momento tratados en la prensa local como “combatientes caídos en acto criminal de terrorismo cometido por Estados Unidos en Venezuela”.
Ese mismo día, varios medios notifican “que se ha decidido, como digno y merecido homenaje, que todos sean ascendidos en grado militar, con carácter póstumo”.
Bajo una fuerte llovizna, hasta horas de la tarde desfilaron miles de cubanos frente a las urnas funerarias colocadas en un salón del Ministerio de las Fuerzas Armadas. También se concentraron en la Tribuna Antiimperialista José Martí, en un “acto y Marcha del Pueblo Combatiente, como reafirmación del compromiso con la Patria”.
Para estas fechas, tras los cambios apreciables del gobierno de Delcy Rodríguez enfocados en agradar a Estados Unidos, la prensa cubana giró su discurso hacia la defensa nacional y la preservación de la soberanía. Si desde el día 10 de enero la concepción oficial en la prensa es la mirada interior hacia la consagración de la independencia, para el 15 y 16 del actual mes las noticias en las que se lee la palabra “Venezuela” son solo aquellas en las que se alude a los cubanos muertos en ese vecino país.
Resulta curioso cómo las informaciones, a medida que se suceden los días, se van moviendo del terreno de la injerencia y la violación del derecho internacional en Venezuela, hacia la resistencia y defensa de la Revolución cubana ante un probable ataque armado de los Estados Unidos, lo que nos pudiera demostrar que la crisis del sistema chavista, lejos de ser tratada como el colapso de un modelo, se entiende como una amenaza a la seguridad y la existencia misma del Estado cubano.
En este sentido, por ejemplo, La Habana no realizó declaraciones claras frente a los comunicados del gobierno venezolano y PDVSA de iniciar una “negociación con Estados Unidos para la venta de volúmenes de petróleo”, algo que puede entenderse como una suerte de cautela, y permanecen a la espera de los próximos movimientos en Caracas donde, sin duda, ya la presencia de Cuba comienza a menguar.
Es obvio que las relaciones entre las tierras de Bolívar y Martí irán enfriándose hasta no tener más contacto que el que Cuba tiene hoy con Ecuador o Bolivia, antiguos aliados de Cuba. La Isla, como en los años 1980, pronto podría verse rodeada de gobiernos poco afines que, unido a la policrisis que experimenta y el recrudecimiento de las sanciones (o los posibles ataques) de Estados Unidos, podría dar al traste de manera efectiva con el proceso social iniciado en 1959.
Habría que ver si prensa oficial cubana seguirá reseñando o, en su lugar, silenciando cada nuevo paso.










