Carlos Manuel Álvarez: Proclama del año nuevo

Y si nos preguntan, ¿cómo queremos que sean nuestros padres?, tenemos que decir: Queremos que sean comunistas. ¿Por qué? Porque son laicos y frugales.

Y si nos preguntan, ¿cómo queremos que sean nuestros padres?, tenemos que decir: Queremos que sean comunistas. ¿Por qué? Porque conocieron la derrota y la orfandad, atravesaron el desierto y el hueco de la aguja.

Y si nos preguntan, ¿cómo queremos que sean nuestros padres?, tenemos que decir: Queremos que sean comunistas. ¿Por qué? Porque conocieron la más violenta ternura y crepitaron como el insecto en la vela.

Y si nos preguntan, ¿cómo queremos que sean nuestros padres?, tenemos que decir: Queremos que sean comunistas. ¿Por qué? Porque fueron dóciles y fieles y algunos, incluso, cobardes, pero hicieron que leyéramos a Kipling, a Dumas, a Daudet.

Y si nos preguntan, ¿cómo queremos que sean nuestros padres?, tenemos que decir: Queremos que sean comunistas. ¿Por qué? Porque amaron y nada tuvieron, porque fueron espuriamente traicionados.

Y si nos preguntan, ¿cómo queremos que sean nuestros padres?, tenemos que decir: Queremos que sean comunistas. ¿Por qué? Porque desconocen el cinismo, el ríspido sarcasmo, la clave del éxito.

Y si nos preguntan, ¿cómo queremos que sean nuestros padres?, tenemos que decir: Queremos que sean comunistas. ¿Por qué? Porque son polvo y carne de cañón.

Y si nos preguntan, ¿cómo queremos que sean nuestros padres?, tenemos que decir: Queremos que sean comunistas. ¿Por qué? Porque el mundo los compadece o los desprecia.

Y si nos preguntan, ¿cómo queremos que sean nuestros padres?, tenemos que decir: Queremos que sean comunistas. ¿Por qué? Porque nada saben ya y porque, contrario a los pájaros del monte, fuera de la jaula entristecen y mueren.

Y si nos preguntan, ¿cómo queremos que sean nuestros padres?, tenemos que decir: Queremos que sean comunistas. ¿Por qué? Porque nos besan la mejilla o las cabezas y luego licenciosos saludan desde la ventana.

Y si nos preguntan, ¿cómo queremos que sean nuestros padres?, tenemos que decir: Queremos que sean comunistas. ¿Por qué? Porque van a morir en sus pueblos natales, cubiertos con el manto tibio de la decrepitud.

Y si nos preguntan, ¿cómo queremos que sean nuestros padres?, tenemos que decir: Queremos que sean comunistas. ¿Por qué? Porque no nos aman, porque si nos hubiesen amado, no nos habrían tenido.

Y si nos preguntan, ¿cómo queremos que sean nuestros padres?, tenemos que decir: Queremos que sean comunistas. ¿Por qué? Porque usaban medias rotas, blusas estampadas, zapatos descascarados, espejuelos para ver de cerca y de lejos.

Y si nos preguntan, ¿cómo queremos que sean nuestros padres?, tenemos que decir: Queremos que sean comunistas. ¿Por qué? Porque hallaban el hueso de la comida o, si no lo hallaban, se desmembraban ellos.

Y si nos preguntan, ¿cómo queremos que sean nuestros padres?, tenemos que decir: Queremos que sean comunistas. ¿Por qué? Por el bronceado duro que los años le dieron.

Y si nos preguntan, ¿cómo queremos que sean nuestros padres?, tenemos que decir: Queremos que sean comunistas. ¿Por qué? Porque dejaban el pan a medio comer sobre el fogón de la cocina.

Y si nos preguntan, ¿cómo queremos que sean nuestros padres?, tenemos que decir: Queremos que sean comunistas. ¿Por qué? Por el pan agrio y mohoso, mordido por el gusano del tiempo, mordido por el asco, mordido por nosotros y por todos por igual.

Y si nos preguntan, ¿cómo queremos que sean nuestros padres?, tenemos que decir: Queremos que sean comunistas. ¿Por qué? Porque saben que sus hijos tenemos razón pero saben, y no dicen, que ellos son mejores y que puestos a escoger se quedan con ellos, aunque digan que con nosotros.

Y si nos preguntan, ¿cómo queremos que sean nuestros padres?, tenemos que decir: Queremos que sean comunistas. ¿Por qué? Porque presenciar el declive o el ascenso de una persona te hace compadecerlo sin remedio.

Y si nos preguntan, ¿cómo queremos que sean nuestros padres?, tenemos que decir: Queremos que sean comunistas. ¿Por qué? Porque trabajaron día y noche para que los hijos fuéramos lo que ellos no pudieron ser. Se rompieron el lomo. El sol los maltrató. Los consumió el humo de las fábricas, el mal genio de los jefes.

Y si nos preguntan, ¿cómo queremos que sean nuestros padres?, tenemos que decir: Queremos que sean comunistas. ¿Por qué? Porque los padres nunca son lo que ellos quieren. Y luego los hijos son padres y tampoco son lo que ellos quieren. Y porque castrados, gracias a nuestros padres, ya no queremos que nadie sea nada después de nosotros.

Y si nos preguntan, ¿cómo queremos que sean nuestros padres?, tenemos que decir: Queremos que sean comunistas. ¿Por qué? Porque movían el alfil, se enrocaban largo y corto, nadaban en las aguas profundas.

Y si nos preguntan, ¿cómo queremos que sean nuestros padres?, tenemos que decir: Queremos que sean comunistas. ¿Por qué? Porque duelen y, como duelen, asquean.

Y si nos preguntan, ¿cómo queremos que sean nuestros padres?, tenemos que decir: Queremos que sean comunistas. ¿Por qué? Porque son el puto fiasco.

Y si nos preguntan, ¿cómo queremos que sean nuestros padres?, tenemos que decir: Queremos que sean comunistas. ¿Por qué? Porque nos recuerdan lo que no debemos ser.

Entonces, si nos preguntan cómo queremos que sean nuestros padres, tenemos que decir, con toda la convicción moral posible, con toda la entereza moral posible, con toda la reserva moral posible, sí, absolutamente sí, una y mil veces sí, queremos que nuestros padres sean comunistas.