Néstor Díaz de Villegas: Devolver la confianza a lo que escapa

Situada en los márgenes de Facebook, la nueva poesía de Javier Marimón es poesía de la Cuba del aire, escrita en alguno de los dialectos del cubano internacional, una escritura carente de mercado y de público definido. Fragmentada por regionalismos y clubes generacionales, su difusión es precaria. El nuevo lugar de encuentro de los poetas cubanos ha venido a ser el espacio virtual, por lo que es de esperarse que la velocidad digital condicione de alguna manera su forma. Quizás se trate de poesía del gueto, de nuestra aldea global.

Por tales razones, Sinalectas, de Javier Marimón (Casa Vacía, Richmond, VA, 2016) corre el peligro de ser leído a la ligera. Pareciera quedarse en el gesto (y no es que el gesto sea poco); carente de sustrato, vendría a ser poesía gestual, o action poetry, en la tradición de Jackson Pollock, el pintor calígrafo. La escritura como goteo o derramamiento sobre el papel asoma en un pasaje de Franny and Zooey, de J.D. Salinger, donde una cierta variedad de poesía es clasificada de droppings. Menos que acción intencional, el dropping es respuesta involuntaria: deyección (lo que las palomas dejan en el alero). Leer droppings es como interpretar borras de café o cenizas de cigarro.

Así el poeta llega a ser médium, pero un médium que es el mensaje. Se ha dicho que al cabo de un tiempo infinito, y provisto de una máquina de escribir, un chimpancé llegaría componer Finnegans Wake. Esas fueron mis primeras impresiones al enfrentarme a los textos que Marimón dejó a su paso por las páginas de diarios digitales en el último quinquenio.

El libro de Marimón ha tenido la suerte de encontrar un intérprete excepcional en Yoandy Cabrera. El crítico comienza por observar, en relación a lo señalado arriba, que “pareciera que a veces el sinsentido y lo lúdico se imponen en la forma y el propósito de una zona fundamental” de la obra de Marimón. Estas “pequeñas y pulidas prosas”, como Yoandy las llama, son una especie de “proceso al revés”, pues, según ha explicado el mismo poeta en una entrevista, primero publica y después “recopilo… desde Facebook todos los textos y los pego en un documento Word” (sic). Solo entonces comienza el trabajo de edición.

Un ejemplo de ese trabajo puede apreciarse en una de las sinalectas que pasaron a integrar la colección definitiva, publicada por Casa Vacía. Reproduzco la versión de “El lunar peculiar en el rostro” aparecida en la sección De leer del portal Diario de Cuba, del 26 de marzo de 2015, seguida de la que recoge el libro (p.31):

  1. La persona del lunar peculiar en el rostro tuvo mejor manifestación en la minuta redactada por la psicóloga, y eso como elemento descriptivo. Lo peculiar del lunar en el rostro fue absorbiendo todos los comentarios anotados alrededor: comportamiento, sexo y otros indicios que lo amarraban a una idea de sí con lunar peculiar en el rostro. El papel comenzó a brillar de modo peculiar, muestra de esos inusuales momentos donde la palabra genera los átomos del fuego de ser.
  1. Peculiar en el rostro alcanza mejor manifestación en informe de psicóloga, aun como elemento descriptivo. Lo peculiar absorbe comentarios alrededor: comportamiento, sexo, y otros indicios que le atan a una idea de sí con lunar en el rostro, lejana a intangibles del lunar soterrado.

“La persona”, “mejor”, “minuta”, “redactada”, el segundo “peculiar”, “amarraban”, el tercer “peculiar”, “el papel comenzó a brillar”, el cuarto “peculiar” y la frase “muestra de esos inusuales momentos donde la palabra genera los átomos del fuego de ser”, han sido eliminados (fueron dropped, se diría en inglés).

La última versión comienza con la frase “Peculiar en el rostro”, que describe el lunar, pero sin mencionarlo como “elemento descriptivo”, aunque quede descrito de una manera mucho más rotunda que en la primera versión. Es “lo peculiar” en sí lo que “absorbe comentarios alrededor”; “lunar” funciona como espéculo de peculiar, redondeado por aquellos mismos comentarios. Solo entonces aparece el “lunar en el rostro”, y únicamente como “lejana a intangibles”, es decir, como espejo del “lunar soterrado”. Qué pueda ser ese otro lunar subterráneo, depende enteramente del “sexo, y otros indicios”. Así el poema alcanza su consistencia.

Lo que Peculiar en el rostro ha descartado, de una versión a otra, es otro poema, carente de valor. Se ha depurado: la depuración ocurre en el espacio público, a la vista de los lectores, las maquinaciones del proceso mental son una especie de exhibicionismo. La opinión negativa que me provocó la primera versión, y que compartí con el autor, no estaba exenta de curiosidad por el nuevo procedimiento de la poesía de Marimón. En la versión final, que aparece en la edición de Casa Vacía, el texto sufre una evolución (o una revolución) cibernética y adquiere un formato cercano al mensaje de texto –no al telegrama, aunque aún hay algo telegráfico, predigital, en estos poemas (que no “prosas” o “pequeñas prosas”, como los clasifica Yoandy). Se trata de una escritura dinámica que no pertenece al plano de la página estática, sino a lo pantalloso y lo móvil.

El segundo traspaso, de la pantalla a la página, de Facebook a Word, trae aparejada una victoria sobre los procedimientos tradicionales: Marimón nos entrega los despojos del poema, después de haber violado la integridad de la poesía. Creo que ahí radican los “indicios de sexo” que afloran en cada una de sus sinalectas. Cada poema es una “hazaña”: las sinelectas son poemas victoriosos. Es la victoria sobre la resistencia de las cosas –y, entre las cosas, la poesía– a dejarse definir. De una versión a otra, Marimón aplica una especie de herramienta desorganizadora, o función renormalizadora. El discurso evita adoptar cualquier forma definitiva, y por eso no llega a ser “prosa” sino más bien dibujo, gesto.

Por cierto, la búsqueda del término “sinalecta” arrojó un solo resultado: Inoxidables Chiclana. Accesorios diversos de inoxidables. Sinalectas> sinalecta con SUJ. Por tornillo IN.26.405.p. En la imagen acompañante que dice “View full size”, hay un cigarro dentro de un círculo atravesado por una barra de prohibición. Otra sinalecta.

En una sinalecta, la expresión depende de un retroceso, de una regresión. Las amarras sintácticas, las cláusulas y la subordinación, se rompen, la ilación se deshilacha y el discurso cae en un estado original, primitivo. Evidentemente, Marimón está inspirado, habla en lenguas; como una sibila, canaliza un mensaje que deberá descifrar el lector. Este es el sentido primitivo de “lectura”, cuando solía pronunciarse cada palabra, antes de que leer significara pasar los ojos pasivamente por la página. La poesía como proceso activo de descifrado es sinalecta. Y el espacio intermedio, entre el vacío y la interpretación, es también sinalecta. Yoandy Cabrera ha identificado cada uno de estos procesos, y es un regalo al lector que el libro de Marimón aparezca escoltado por la crítica. Los periódicos echan mano al sucedáneo de la entrevista y pasan por alto el pensamiento, como si la filosofía del poema fuera algo impracticable. Se evita precisamente el asunto precioso, sin el cual no puede haber lectura del poema. La poesía y su crítica son las dos caras de un mismo medallón, como bien sabe Yoandy, el clasicista.

El segundo aspecto a considerar en el libro de Marimón son las ilustraciones. Los dibujos de Filio Gálvez describen puntualmente el proceso lírico. El ilustrador procede por sacabocados, abre huecos en la imagen, corta patrones en los iconos, convida a una lectura paralela. Luego –como Marimón y sus versiones–, Gálvez reorganiza el confeti, las cortaduras y retazos, y los expone en un doble cuaderno estrambótico. El libro de Marimón deviene álbum entomológico, cada pieza es una larva lingüística clavada a la página, capullos cogidos con alfileres, a punto de transformarse en polillas. Los textos imitan el proceso descrito por los dibujos de Gálvez, y viceversa. El libro se mira a sí mismo, y se traduce al lenguaje de la acción.

Los exquisitos bosquejos son una serie: progresan y regresan, en dos movimientos concatenados. Son parte y todo; luego, todo y parte: tal es la dinámica de la sinalecta. Parte y todo, en un silogismo; todo y parte, en un algoritmo. La ecuación poema/dibujo arroja una demostración, la totalidad constituye un teorema.

Estas son, ante todo, las notas de un filósofo: “sinalecta” viene a ser sinónimo de “pensée”, aunque no en el sentido del pensar cartesiano sino pascaliano, donde lo olvidado, lo omitido y lo borrado completan la expresión. No “Pienso, luego existo”, sino “Pienso donde no existo” que acoge la inexistencia del pensamiento que escapó. Así en Blaise Pascal, Pensées, 370: “El azar concede los pensamientos, y el azar los quita; no hay arte ninguno para conservarlos ni para adquirirlos. Pensamiento en fuga, yo lo quería escribir; en cambio, escribo que se me escapó”.

Tampoco se trata de cajas vacías, al estilo patafísico de Lorenzo García Vega, sino de cajitas musicales. “Adentro, hacia un cristal, figura humana dando vueltas”, dice una sinalecta (p. 67). Las cajitas de Marimón contienen sentido, mientras que García Vega y sus epígonos trafican en sinsentido. Donde aparece la “figura humana dando vueltas” hay un trasfondo musical: los poemas son gymnopédies.

Las sinalectas son, por último, anécdotas. Hay acción en la poesía de Javier Marimón. Sinalectas es un libreto dramático donde cada poema es un acto, y hasta un actor. “Nunca debió aceptarse la pintura alterada por la ficción de un evento” (p.73) es la crítica de Marimón al vacío poético, a la póetica del vacío. Él es un pintor de escenas familiares, pues hay una cierta familiaridad esencial a la que la poesía no puede ni debe renunciar: “Para el recurso de sardina hay que enrrollar la tapa” (p.65), nos advierte el poeta.

No quiero revelar nada más de este libro sorpresivo, sería como contar una película, estropearía el asombro de encontrarnos con un argumento nuevo. También revelaría el truco. Las Sinelectas son los naipes que Javier Marimón se saca de la manga, como un mago que “devuelve la confianza a lo que escapa” (p.77).

Febrero 18, 2017