Alberto Garrandés: En busca del futuro II

16. Seguimos en la isla, sitiados por la maldita circunstancia de las testificaciones (literarias, del realismo literario) por todas partes. Pero ojo con eso: en la ficción hay testificaciones, alegatos, invocaciones presentados en distintos estilos y épocas. El de Thackeray, el de Tolstoi, el de Proust, el de Joyce, el de Paul Auster. No pretendo correlacionar a estos escritores porque no haría falta, pero pensemos en estas otras (muy insulares) maneras de testificar: la de Cirilo Villaverde, la de Lino Novás, la de Carlos Loveira, la de Virgilio Piñera, la de José Lezama Lima. O las Enrique Labrador Ruiz, Ezequiel Vieta, Lorenzo García Vega, Calvert Casey y Reinaldo Arenas. La isla entera. O en peso. (La ínsula fabulante.)

17. ¿Un escritor debería cargar con el país, con la nación, con la patria, con ese espacio-tiempo inmediato donde tantas nociones compulsivas suelen ir a parar? No, no debería. Podemos, sin embargo, creer en lo cubano y en la identidad, como sugiere cum grano salis, me parece, José Kozer. Pero desde una marginalidad donde la persona del escritor se constituya en el primer plano de la existencia. La construcción de su persona en las palabras.    

18. Hace unas semanas The New York Times reconoció que en los Estados Unidos hay “a fresh crop of doomsday novels”. En Cuba no es así, por supuesto. No hay cosechas literarias de esa naturaleza. Pero una parte de los narradores produce una escritura distópica, como ya indiqué.

19. Si, con algún grado de persistencia, la realidad real le insinúa o advierte al escritor de ficciones que reformule su idea del realismo (para que, apremiado por lo que ocurre, se sumerja en la testificación), la realidad estética, por su lado, aconseja y exhorta al dibujo de las distopías, las alegorías sociales y el acrecentamiento de los pormenores. Cuando los pormenores aumentan de tamaño, el detalle llega a ciertos límites y se esfuma.

20. Acabo de ver Havana Moon, la película del concierto que ofreció The Rolling Stones en La Habana en marzo de 2016. Es un ejemplo de cómo lo real, transformado en cosa mentale durante mucho tiempo, de pronto irrumpe en lo real-cotidiano. Algo que se aproximaba a esas sustancias que proliferan en los bordes de lo utópico, de repente se transformó, una noche, en materia sólida para, de inmediato, regresar a la utopía. Esos movimientos son una parte de lo distópico, o de algo que se constituye en rareza, como el momento en que Mick Jagger recoge una bandera cubana que alguien ha lanzado al escenario, la pone sobre uno de sus hombros y canta así “Brown Sugar”.

21. De hecho, cuando por pura casualidad uno avizora el elegante automóvil vintage (creo que era un Ford Thunderbird descapotable de 1958) donde Paris Hilton y Naomi Campbell recorrieron una parte de la Habana Vieja, quizás uno ha paseado ya por la calle Teniente Rey y ha visto los agujeros impresumibles (solares a veces enormes) donde lo real es lo real cotidiano + lo distópico. Si en una trama narrativa usas ese momento, y pones a la Hilton entrando en uno de esos solares y conversando allí con un hacker que hace su trabajo en una choza llena de cables y tecnología de punta (como se dice), entonces ya estás en un orbe congruente con el mundo cyberpunk, que, a su vez, es el mundo queer

22. Celeridad, pobreza, neones, Skype, inmundicias, lujo, borrado de fronteras. Y, por supuesto, PRISM. Y las vigilancias normales, las que uno sabe que están ahí, para observar y recopilar. O vigilar y castigar, como dijo Foucault. Reales o no, las vigilancias existen. Y si existen, bien. No puedes evitarlas. ¡Es una suerte saber al menos que son reales! Y si no, pues la paranoia las crea y las configura cuidadosamente hasta que coinciden punto por punto con la expectativa de lo real. Allí están ya la literatura y el fenómeno que me interesa subrayar: las ficciones neobarrocas urbanas.

23. Haré esta digresión. Creo que fue Steven Soderbergh quien aludió a un descubrimiento que el cine hizo unos años después de la invención de la cámara. De acuerdo con dicho descubrimiento, se puede pasar de un plano general a un primer plano, o de un plano medio a un close-up donde solo veremos, por ejemplo, los ojos de un personaje. ¿Qué implicaciones tiene eso? Sencillo (y colosal): la continuidad visual no es básica. O no tanto. Solo importa la continuidad emotiva. Mantener el ritmo de un estilo donde la emoción estética brota de la historia. Y, aunque con seguridad esa historia hipotética poseería variaciones, todas ellas se consagrarían a un tema cardinal capaz de suministrar (por su tejido de sentimientos, su aroma y su textura dramática únicos) unicidad al conjunto.

24. ¿Vamos hacia allí? Hay un grupo de escritores que van hacia esos espacios.

25. Pero en la narrativa cubana (y, de cierta forma, también en la poesía) siempre ha existido una condena que muchos escritores soportan (y que otros desestiman o ignoran) y que se llama así: la urgencia de la testificación. Lo he dicho ya: como esa maldita circunstancia de lo acuoso, de lo lacustre en tanto enclave. Somos, en la isla, criaturas al nivel del mar, con respiraciones cerca del mar. Y entonces tenemos el apremio de testificar (distópicamente) al pie de los hechos, contra el lujo de imaginar fábulas donde esos hechos buscan, a su vez (y este es un fenómeno anómalo), respaldar una lectura literaria (y estetizante) y hasta filosófica (o post-filosófica) de lo insular. De cierto modo hay aquí un corrimiento. Y en última instancia, y sin entrar en matices, ese sería otro avatar de la pelea del realismo contra el no realismo. O de una idea del realismo literario en tiempos de Facebook contra la metamorfosis de lo real en lo irreal, o más bien de lo tangible en lo intangible.

26. ¿Estamos a punto de acceder a una escritura semasiográfica, imposibilitada de un habla, de una versión hablada? No es para tanto. Además, aún es necesario y producente escribir otras memorias del subdesarrollo. Sin embargo, juntamos varios signos y lo que queremos presentar es lo que nuestra mente produce cuando las articulaciones ocurren. Es más: lo presentable allí se encuentra en esas articulaciones.

27. Superación tecnológica ralentizada + escrituras distópicas + subdesarrollo. ¿Qué y cuánto suma eso?

28. ¿Y cómo se soluciona ese corrimiento, en caso de que necesite solucionarse, dado que hablamos de una anomalía? En un territorio intermedio, en una interzona ni más adelante ni más atrás en el espacio-tiempo cubano, sino más bien por encima del tiempo: el neobarroco. El pliegue, la discontinuidad. El neobarroco admite la flexión, la curvatura, el torcimiento: he aquí algunos procedimientos de la metáfora en la condición neobarroca.

29. Iba yo medio enajenado, en un P-6, rumbo a la zona más antigua de La Habana, y en una parada vi algo sorprendente y, a la vez, cotidiano. En el muro tras el cual se alza una casona medio derruida, alguien había escrito con pintura verde y negra: Rakel te amo perdío. Textual. La casona acoge a una “clínica de celulares” (así se llama), mientras que junto a ella se venden discos de música y películas. Rakel te amo perdío significa, claro está, que el escribiente ama a Rakel hasta la perdición. Está perdido por ella. Ese enunciado abierto, gritado, prorrumpido desde la desesperación (románticamente, pero coqueteando con el amor cortés y con esas óperas que subsisten gracias a sus leyendas amorosas), es un credo que dialoga con la tecnología gracias al contraste.   

30. La escritura neobarroca, en la isla, deviene gusto por el exceso, asimetría compleja, ausencia de sistematicidad. El detalle se estetiza y la fragmentación se convierte en forma cómoda de asedio. A veces presenciamos la abolición de la integridad, persuadidos de que el orden deforma. La incoherencia resulta, a veces, más verdadera que el orden porque el orden se alimenta de convenciones y esquemas canónicos (como el de la novela). Por eso uno puede referirse allí a una materia inestable (una escritura inestable) y de recepción vacilante en lo que tiene de pulsión e intermitencia.

31. El futuro será (o es) neobarroco y queer. No todo el neobarroco conduce a lo queer, pero sí todo lo queer acepta la contaminante vecindad del neobarroco por ser materia compleja y escritura hipercompleja, y por llenarse de indeterminaciones e imprecisiones. Ahora mismo la isla es casi tanto una isla virtual, conceptual, como una isla real. Una isla de relatos.

32. Una coda: nacer aquí no es una fiesta innombrable. Lezama Lima se refería a la médula armable de la cubanidad. Pero uno no vive en las médulas. Las médulas son construcciones solidificadas por la imaginación.

En busca del futuro I