Jeffrey S. Smith: “¿Barcos de guerra rusos frente a Cuba? Esperemos que no sea un déjà vu otra vez”

¿Sigue cumpliendo Rusia los términos del “entendimiento” que resolvió la crisis de los misiles cubanos de 1962? Los recientes informes sobre buques de guerra rusos realizando maniobras en el Caribe suscitan serias dudas sobre las intenciones de Moscú.

El entendimiento, a menudo conocido como el entendimiento Kennedy-Jrushchov, es un acuerdo verbal, no un tratado formal. Pero su esencia —que los rusos no desplegarían armas nucleares ni sistemas capaces de lanzarlas en Cuba— se ha mantenido durante 62 años. Los rusos han cumplido su compromiso al menos en dos ocasiones anteriores, y Estados Unidos debe insistir en que sigan haciéndolo.

En octubre de 1962, bajo una intensa presión militar estadounidense, el primer ministro soviético Nikita Jrushchov accedió a retirar los misiles nucleares que Moscú había desplegado secretamente en Cuba. Tras la decisión de Jrushchov, Estados Unidos trató de plasmar el entendimiento en un acuerdo formal bajo los auspicios de las Naciones Unidas. Las negociaciones fracasaron en cuanto a los detalles, pero los soviéticos se comprometieron a no desplegar “armas ofensivas” en Cuba, que definieron como armas nucleares o sistemas vectores capaces de transportar armas nucleares.

Este compromiso se puso a prueba a principios de la década de 1970, cuando submarinos nucleares soviéticos visitaron puertos cubanos. El entonces secretario de Estado, Henry Kissinger, exigió que los rusos se adhirieran al acuerdo de 1962. En respuesta, Moscú insistió en que el entendimiento sólo abarcaba las armas nucleares o las armas capaces de portar armas nucleares, no los barcos o submarinos de propulsión nuclear. Washington aceptó esa interpretación.

La cuestión permaneció latente hasta que se descubrieron aviones de combate soviéticos MiG-23 en Cuba en 1978. Como una versión del MiG-23 estaba diseñada para llevar armas nucleares, se planteó la cuestión de si esa versión estaba desplegada en Cuba. Yo era abogado del Departamento de Estado en aquel momento y, como tenía las autorizaciones necesarias para ver los datos de inteligencia, se me pidió que redactara un memorándum jurídico en el que determinara qué abarcaba el entendimiento y si era un acuerdo legal vinculante. Reuní a un pequeño equipo de colegas y nos pusimos manos a la obra.

Responder a esas preguntas no fue tarea fácil. Como el entendimiento era sólo verbal, tuvimos que basarnos en los registros de la época de la crisis de los misiles. U. Alexis Johnson, subsecretario de Estado para Asuntos Políticos en aquella época, había conservado los mejores registros. Los encontramos en un carrito de la compra en el sótano del Departamento de Estado. También realizamos varias entrevistas y recuperamos registros de la Biblioteca Presidencial John F. Kennedy de Boston.

Nuestra investigación nos llevó a la conclusión de que, aunque el entendimiento no era un acuerdo formal por escrito, los soviéticos habían cumplido hasta ese momento su compromiso, lo que nos daba una confianza razonable en que seguirían haciéndolo. Tanto Estados Unidos como la Unión Soviética reconocían que las armas nucleares eran una especie de “línea roja” y que había que evitar cruzarla.

Presentamos esta conclusión al secretario de Estado Cyrus Vance, quien nos ordenó que enviáramos a los rusos una nota diplomática exigiéndoles que confirmaran que los MiG desplegados en Cuba no estaban equipados para llevar armas nucleares. Nuestra nota se basaba en el lenguaje utilizado en los intercambios con los soviéticos en 1962 y 1963. Para nuestra sorpresa, Moscú respondió rápidamente, citando también aquellos intercambios y asegurándonos que los MiG-23 no eran “armas ofensivas”, como se había acordado en aquellas conversaciones anteriores.

Más tarde pudimos confirmar que, efectivamente, los MiG-23 desplegados no eran la versión equipada para llevar armas nucleares.

Pero estos días no son aquellos. La Rusia de Vladímir Putin es peligrosamente más agresiva que la Unión Soviética bajo su osificada dirección. Las actuales armas rusas no nucleares son mucho más capaces que las armas soviéticas de los años 60 y 70. Está claro que Putin pretende ampliar su influencia en el hemisferio occidental y utilizar Cuba como base para ello. Su amenaza a Ucrania demuestra que está dispuesto a amenazar con el uso de armas nucleares.

No sabemos qué le ha dicho el Departamento de Estado al Kremlin sobre su creciente actividad militar en este hemisferio, pero no debemos aceptarlo como la nueva normalidad. El punto de partida debe ser reconfirmar la adhesión de Rusia al entendimiento de 1962. También debemos dejar claro que, al igual que entonces en Cuba, no toleraremos el despliegue en ningún lugar de este hemisferio de armas nucleares rusas o de sistemas vectores capaces de transportar armas nucleares.

Seguramente los rusos se resistirán a ampliar el alcance del entendimiento, pero no debemos dejarles creer que tienen vía libre para actuar a su antojo en nuestro vecindario. De lo contrario, corremos el riesgo de que se repita lo de 1962.



Jeffrey H. Smith, consejero principal de Arnold & Porter, es un antiguo consejero general de la CIA.

* Artículo original: “Russian warships off Cuba? Let’s hope it’s not déjà vu all over again”. Traducción: ‘Hypermedia Magazine’.





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