Los enemigos de Estados Unidos celebran la posible desaparición de la National Endowment for Democracy

En los últimos días, los adversarios más peligrosos de Estados Unidos han celebrado lo que consideran una gran victoria: la congelación de fondos que ha detenido, en la práctica, el trabajo de la National Endowment for Democracy (NED), la fundación estadounidense dedicada a promover la libertad en el extranjero.

Regímenes autoritarios en Pekín, Moscú, Teherán y La Habana, los talibanes en Kabul y redes terroristas están exultantes. No solo porque la NED ha pausado la asignación de subvenciones, sino porque su red global de beneficiarios, que luchan por la libertad en sus propias sociedades, se ha visto obligada a suspender actividades fundamentales.

El ministro de Relaciones Exteriores de Cuba se burló de la NED en redes sociales. Los talibanes celebraron el cierre de un importante medio de comunicación independiente respaldado por la NED, declarando que era “el fin de una ilusión”. Los medios estatales iraníes presumieron de que “el negocio de los derrocadores está en declive”. Y los medios estatales chinos señalaron que “aunque la NED es mucho más pequeña en tamaño que la USAID, es más agresiva y radical en términos ideológicos… La sensación de que se le haya cortado la financiación no es menor en absoluto”.

Estos regímenes entienden lo que está en juego: una NED debilitada significa que los grupos ciudadanos locales serán menos eficaces a la hora de desafiar los crímenes autoritarios.

También hemos enfrentado críticas dentro de EE.UU., de Elon Musk y otros, que cuestionan el valor de que los estadounidenses apoyen a quienes buscan la libertad. Algunos sostienen que la NED no debería existir. Es un debate que vale la pena tener. De hecho, la NED está dispuesta a contar su historia de inversiones modestas con grandes beneficios para el pueblo estadounidense. Pero, como escribió recientemente Noah Rothman en estas páginas, “los defensores de la eficiencia gubernamental no deberían ignorar el hecho de que los enemigos de Estados Unidos —e incluso del mundo civilizado— están celebrando su buena fortuna”.

Tras la reelección del presidente Trump, tuve el honor de ser elegido presidente de la NED. Y considero estas reacciones como una prueba de que nuestro trabajo es más crucial que nunca. En un momento en que EE.UU. debate cómo alinear mejor su asistencia con sus intereses nacionales, algunas de las voces más estridentes que celebran las dificultades de la NED son aquellas que desean ver fracasar la libertad. Eso debería decirnos todo lo que necesitamos saber.

Como una fundación privada con respaldo y estatuto del Congreso, dedicada a fortalecer la libertad en todo el mundo, la National Endowment for Democracy (NED) es una de las herramientas más rentables en el arsenal de Estados Unidos.

Invertimos en aquellos dispuestos a invertir en sí mismos. Incluso en países sometidos a una opresión extrema, hay individuos valientes que luchan por la libertad de pensar, expresarse, mantener a sus familias y practicar su fe sin temor.

En sociedades represivas, apoyamos a quienes tienen el valor y la creatividad para desafiar pacíficamente a los dictadores y buscan asegurar sus derechos humanos y políticos fundamentales. En sociedades más abiertas, respaldamos a ciudadanos que trabajan para fortalecer las instituciones y los procesos esenciales para democracias libres y prósperas. Apoyamos a grupos ciudadanos de base que ya están en la primera línea, tomando la iniciativa —y, a menudo, asumiendo los riesgos—. Y lo hacemos por una razón clara: no nos dedicamos a la construcción de naciones ni a exportar la democracia estadounidense, ni tampoco repartimos caridad. La NED es capital de riesgo para la libertad.

Durante su audiencia de confirmación, el actual secretario de Estado, Marco Rubio, estableció tres criterios para evaluar cada dólar que EE.UU. destina a asistencia: ¿Hace que EE.UU. sea más seguro? ¿Hace que EE.UU. sea más fuerte? ¿Hace que EE.UU. sea más próspero?

Son las preguntas correctas. Y cuando se trata de la NED, la respuesta a cada una de ellas es afirmativa. Estados Unidos avanza en la agenda America First del presidente Trump apoyando a quienes buscan activamente la democracia y la libertad en sus propios países.

No se trata solo de valores, sino también de estrategia. En China, Irán, Rusia, Corea del Norte, Cuba y Venezuela, estamos presenciando el ascenso de adversarios autoritarios que trabajan en conjunto para desafiar a EE.UU. de formas sin precedentes. No solo buscan competir con nosotros, sino también atacar y socavar las bases mismas de las sociedades libres. Irán incluso ha amenazado con asesinar al presidente Trump y a varios de sus principales asesores.

El presidente Trump ha señalado que enfrentar a este “Eje de Agresores” es una de sus prioridades en política exterior. Al mismo tiempo, ha prometido mantener a Estados Unidos alejado de enredos en el extranjero. ¿Cómo puede lograr ambos objetivos?

La mejor manera de desafiar a los tiranos es empoderar a sus ciudadanos. Y eso es precisamente lo que hace la NED. En todas partes del mundo, la gente anhela vivir en libertad. Como ha dicho el presidente Trump: “Por encima de todo, valoramos la dignidad de cada vida humana, protegemos los derechos de cada persona y compartimos la esperanza de cada alma de vivir en libertad. Es lo que somos”.

Gracias a las organizaciones financiadas por la NED, el mundo conoció la historia de Mahsa Amini, una joven iraní de 22 años que murió bajo custodia policial tras ser detenida por no llevar hiyab. Su trágico destino personificó las razones detrás del movimiento Mujer, Vida, Libertad, que ha sacudido al brutal régimen iraní. Asimismo, socios de la NED han expuesto el genocidio uigur y revelado la existencia de una red mundial de “comisarías secretas en el extranjero” operadas por el Partido Comunista Chino, incluso en países democráticos como Estados Unidos. Hoy, una nueva generación de activistas chinos está denunciando aún más crímenes del régimen.

La NED no es solo un lema que dice “la democracia es buena”. Es una institución ágil que realiza un trabajo a largo plazo para llevar los intereses de EE.UU. hacia un mundo más democrático, estable y próspero. Muchas de las naciones en las que la NED y sus institutos centrales (el International Republican Institute, el National Democratic Institute, el Solidarity Center y el Center for International Private Enterprise) han invertido estratégicamente, han logrado la transición a la democracia: Chile, países de Europa Central y Oriental, Taiwán, Filipinas, Mongolia, Ghana y otros.

Cuando las dictaduras se convierten en democracias, los adversarios se transforman en aliados. Comparten más responsabilidades en el escenario internacional, reduciendo la carga sobre EE.UU. Se convierten en socios comerciales transparentes y responsables, aportando sus propios recursos para apoyar y defender la causa de la libertad.

No es casualidad que los focos de mayor inestabilidad en el mundo sean países no democráticos. Además de albergar terroristas y traficantes de drogas, estos lugares generan el caos y la represión que alimentan oleadas masivas de migración, provocan guerras y crean crisis que, inevitablemente, conducen a demandas de ayuda humanitaria e incluso intervención militar por parte de EE.UU. Hacer inversiones preventivas para evitar que estos países colapsen en primer lugar —como hace la NED— no solo es más inteligente, sino también más económico. El costo de un solo avión de combate avanzado supera el presupuesto anual de la NED.

Como conservador fiscal, creo firmemente que la NED es una inversión inteligente con un gran retorno. La NED dirige los fondos a donde se necesitan, en el momento oportuno y de manera constante a lo largo del tiempo. Actúa con rapidez para ayudar a sus socios a aprovechar oportunidades y llevar a cabo algunas de las tareas más difíciles en las sociedades más represivas del mundo.

En este momento de reexaminación, el modelo de trabajo de la NED puede convertirse en un referente. Su estructura única de asociación público-privada le permite combinar la eficiencia empresarial con un enfoque singular en su misión de interés público: promover la libertad. La NED busca innovar en la entrega eficiente de asistencia específica mediante la adopción de monedas digitales, la implementación de prácticas de gestión optimizadas y la incorporación de inteligencia artificial segura.

Doy la bienvenida a los debates sobre el papel y el impacto del gasto público de EE.UU. Coincido en que cada dólar debe ser sometido a un riguroso escrutinio para garantizar su impacto y rendición de cuentas. La NED está sujeta a la supervisión del Congreso, auditorías de la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno (GAO) y la Ley de Libertad de Información (FOIA). Auditores independientes han certificado su integridad financiera, cumplimiento y transparencia.

Las operaciones de la NED y su administración de fondos son completamente accesibles para el Congreso y, a través de él, para nuestros verdaderos inversores: el pueblo estadounidense.

El presidente Reagan y el Congreso concibieron la misión de la NED hace cuatro décadas, en un momento en que el autoritarismo comunista avanzaba sin freno. La Guerra Fría puede haber terminado, pero los desafíos que enfrentamos hoy son inquietantemente similares. Una NED fortalecida y un enfoque más estratégico en la asistencia de EE.UU. son exactamente lo que necesitamos para prevalecer.



* Artículo original: “America’s Enemies Are Rooting for the Death of the National Endowment for Democracy”. Traducción ‘Hypermedia Magazine’.

Peter Roskam, excongresista republicano de Illinois durante seis mandatos, es el presidente de la National Endowment for Democracy.





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