¿Qué pongo en la mesa para mi familia? ¿Qué me llevo a la boca? Y no ya en las tres comidas, sino al menos en una diaria. Qué es mejor que enunciar a Lorenzo Lunar con su lúcido libro Cocina criminal cubana, si voy a dar algunos brochazos en el tema de la alimentación en Cuba.
Hace un par de días, una anciana se encontraba en la cola del agromercado. Buscaba a alguien que le regalara un tomate para completar su almuerzo, con un huevo. Quizás, también, lo pidió en otro sitio, porque los seis huevos que daban en la bodega por la libreta de abastecimiento, para todo el mes, se desaparecieron igual que Matías Pérez.
Vive sola y no puede comprar un cartón de huevos en tres mil y picos de pesos. Por lo menos ese día iba almorzar un poco de arroz salcochado, sin aceite, un huevo hervido y unas rodajas de tomate.
A manera de entrante, transcribo a Lunar:
Tengo un amigo que afirma que uno de los tres principales problemas de Cuba, desde hace mucho tiempo, es la comida. Los otros dos, dice, son el desayuno y el almuerzo.
Recuerdo que mi madre y mi abuela hacían unos “samborotos” deliciosos, para no pasar por alto el almuerzo o la comida. Aunque sea, algo caliente cae al estómago, decían. Al menos así lo sentía mi paladar o acaso mi hambre: un manjar, después de tantas horas de clases en la escuela primaria.
Esos mediodías eran la salvación. También servían de sostén durante otras horas más, en caso de no haber merienda y que hubiera que aguantar hasta el horario de la comida. Todavía, de vez en cuando, mi madre los hace. Así se ahorra cantidad, cuando echas un poquito de cada cosa, dice.
¿Qué es un samboroto?
Muchas personas en la Isla no sabrán que es un alimento y un plato típico del oriente del país. Por ello, deviene su jerga: “samboroto”. Algunos ni lo habrán probado. Esto también influye en el estatus económico de cada familia.
Ingredientes del samboroto:
- Carne de puerco o pollo
- Chícharos o frijoles negros
- Arroz
- Un pedazo de col
- Papa, plátano macho o burro, yuca, calabaza, malanga, boniato
- Aceite vegetal o grasa de puerco
- Tomates cherry
- Ají dulce
- Cebolla
- Ajo
- Pimienta bomba
- Comino
- Cilantro
- Laurel
- Sal
Modo de preparación:
Se ablandan los chícharos o los frijoles junto con el pedazo de carne de puerco o pollo. Luego de estar ablandados, se le añaden las viandas, el arroz escogido y lavado, el pedazo de col. Después, el sofrito hecho con las especias bien picadas y un poco de aceite o grasa de puerco. Hay quien echa las especias sin sofreír. Al final, agregas la sal necesaria, unas hojas de laurel, cilantro, un poco más de agua, a ojo. Y dejas que hierva ese samboroto hasta que esté listo para servir.
No pretendo hacer un conjunto de recetas culinarias, pero sí exponer un poco, o mil veces, que en pleno 2026 y tras 67 años de un régimen totalitario, la decadencia está a flor de piel: en el mismísimo tuétano del cubano humilde.
Mierda de los humildes, por los humildes y para los humildes. Eso es lo que nos han dado. Mucha mierda.
Y sigo con la parodia: Estamos dispuestos a quitarles la vida.
—¡Cojones!
¿Cuándo vamos a llorar de alivio, de mucha luz entrándonos por los ojos?
¡Por la libertad!
Mil veces lo escribo, en mil formas y mil géneros:
Año 63
Dios dio un pan a cada pájaro
pero una migaja a mí.
No me atrevo a comerla,
aunque muera de hambre.
Emily Dickinson
Ha vuelto la patria al marabú
que hinca tajos en el pecho.
No hay Dios
ni Martí
ni Mariana.
Entre escombro
migajas
el gorrión se desangra.
Las aves carroñeras insisten en atajar el tiempo
con la Historia coagulada
los nombres desdibujados.
Si intentas arrancar el marabú, desapareces
y prohibido consolar al gorrión
que no tendrá derecho a levantarse.
Picotea
una y otra vez el aciago
la belleza de la tarde.
No hay Dios
ni Martí
ni Mariana.
Salvo la flema del gorrión.
Desayuno, almuerzo y comida quizás no sean las tres principales dificultades, pero sí aspectos de un único problema. De cualquier manera, resulta una verdad indiscutible que conseguir la comida del día es un gran dilema para el cubano de ahora. Me refiero al de a pie, el trabajador, el jubilado, el artista, el intelectual, el mismísimo guajiro…
Todo el que deja su sudor y su talento en soñar —que ya parece imposible conseguir— un mejor país, está condenado a esta incertidumbre: qué poner en la mesa es el primer pensamiento, la primera duda y el primer reto que debe enfrentar el cubano de hoy al despertarse por la mañana, si es que en la noche consiguió dormir. Para poner cualquier cosa en la mesa, ya ni pensar en una comida decente, ese cubano tendrá que poner en función todas sus energías, inteligencia, talento, y creatividad.
—¡De pinga, asere!
Otro Periodo Especial en el pensamiento colectivo del cubano. En las mesas cubanas.
Ofelia es otra de las tantas jubiladas que consiguió un trabajo de ayudante de cocina después de jubilarse. El salario de ayudante de cocina es de dos mil novecientos pesos y su pensión es de tres mil y pico. ¿Cómo va a alcanzarle para tener una merienda digna?
Para merendar, se prepara un poco de los paqueticos de refresco en polvo, Zuko, de dos litros. Con agua fría o al tiempo, según le haya dado tiempo a enfriarlo, por los largos apagones eléctricos. Los venden en cualquier esquina o lo hacen los vendedores ambulantes. Le gusta más el de sabor a Cola. Calienta un sartén con un poquito de aceite usado una y otra vez. No me queda de otra que utilizarlo varias veces, dice.
Cuando ya está bien en el punto de calor, pone a fuego lento el pan de bolita (el que dan en la cuota diaria por la libreta de abastecimiento, picado a la mitad), hasta que se dore por ambas partes. Si no lo preparo así, no me lo puedo comer, dice. Para qué engañarnos, si está incomible. Ácido y, para colmo, hay veces que lo hacen con una harina vieja llena de gorgojos, que huele más bien a cucaracha. Tú me entiendes…
El pan es una de las casillas que no han quitado de la libreta de abastecimiento.
¡Ahhh!, ¿qué papa ni qué papa? Mucha mierda, caliente.











