Carta a abierta a los que regresan y a los que regresarán


Cubanos que viven fuera de Cuba.
Cualquier ciudad del mundo.
Domingo 30 de marzo, 2025.

Asunto: Carta a abierta a los que regresan y a los que regresarán.

Coterráneas, coterráneos,

Iba dedicarle espacio de lectura y escritura al “por qué no he escrito hace ya un tiempo” ; pero no vale en esta carta, pues esta carta es mía pero para ustedes; incluso esta carta es para mí, que ya no regreso a Cuba y que aún no regresaré.

No hay fecha mínima o máxima para el no-regreso a Cuba. Para los niños y niñas de la Operación Peter Pan, no hay recuerdo memorable que no sea casi fantasioso. Para los marielitos, el tiempo fuera y dentro fue siempre lleno de clavos y ataduras a lo tenido y al no tener. Para los balseros, los que llegaron vivos, los que llegaron, los que llegan, el dolor es tanto físico como psíquico, el dolor se reemplaza a veces por indolencia y se vive y se come, pan y bistec. Para los que salieron y llegaron justo ayer, no existe ni Cuba ni el mundo, existen ellos, pues por esa última bocanada se pudieron escapar de una isla ya estrangulada.

Sin embargo, coterráneos de la tierra de afuera, ¿cuál es hoy su tierra? Cuba nunca nos perteneció. Nos la robaron mientras nuestras madres cargaban sus barrigas por aquella Isla ya en peso. Cuando nacimos, en esa Cuba revolucionaria y voraz, comenzamos, al estilo de un Benjamin Button distorsionado, a sufrir/morir; porque la muerte en Cuba es rutinaria, la muerte está ahí, tal vez no al estilo de otras culturas y otras islas que en sí, son la muerte ; sino que vivimos muriendo y para morir en la Cuba revolucionaria.

Al salir, quien nos lleva y nos despide siempre queda ahí; la posibilidad de que nos quede algún familiar son más que justas, porque ese fue nuestro país, de ahí vinimos; nuestro acercamiento a la realidad es cubano, caribeño, dictatorial. En la construcción de cada joven y niño cubano fuera y dentro de Cuba está el espíritu maligno de Fidel Castro, quien ha sometido y somete al cuerpo y la mente a vivir retorcidos, a autoflagelarse perversa y perseverosamente.

Hombres y mujeres cubanos que regresan aún, y aun así intenten recordar ese sentimiento puntual, en aquel medio de transporte: la cámara, la lancha o el tubo e’ pasta; que estando aún en territorio degenerativo cubano, ya el corazón estaba tristemente latiendo fuera. Ese primerísimo primer viaje, esa travesía de dejar de correr y escapar, de al menos, haber atravesado el umbral de alguna puerta y sin estarlo, sentirte fuera, mirar y decir “ya yo no estoy ahí”. Con placer o no, el dolor, ese sí está ahí; tal vez no por la salida, sino por el regreso.

Luego, al llegar a ese otro aeropuerto, a esa otra orilla, a ese otro puerto estamos perdidos, siempre lo estaremos pues nuestra nueva tierra tampoco es tan nuestra, la hemos hecho nuestra, pero ella ya les pertenecía a otros, y ahí ves, compa’, que aún no tenemos nada.

La otra tierra, la otra arena es madre de algunos que logramos ser hijos otra vez, ser adoptados sin haberlo ameritado. El otro lugar (new mommy) nos da cobijo y patadas en el culo, pero en un culo que necesita patadas, porque en Cuba nos patean pero por la cabeza, por el pecho, por la cara, para hacernos no pensar, para reducirnos, para animalizarnos ; la otra madre-tierra, que no es Cuba, nos quiere siempre evolucionados, independientes y dueños de nuestro destino.

Incluso una mayoría llegamos sin permiso a imponer asco y tristeza, y Mater nos dijo “vengan”. Y aquí estamos. Y ahí están ustedes, queriendo regresar, traicionando el amor, el amor que nos han dado para ir a venerar inconsciente o conscientemente a la madre-tirana-revolucionaria, que nunca para nosotros fue Cuba, sino Castrolandia.

Entiendo, por veces la aflicción… Claro, ella está ahí; pero aflicción no es vacío, el vacío es lo que trabaja la Revolución Cubana; ese vacío perenne a pesar de levantarte cada día y saber que habrá siempre a tu disposición todo lo que en la isla-calabozo siempre te faltará con la Revolución en el poder.

Libertad, primero y ante todo. Si ya tu camino de inmigrante tiene los cuños y certificaciones necesarias para que correspondas a un ser social de otro lado, ¿qué haces que te despojas a la primera, tomas ese pasaporte azul y vuelas a tierra de incertidumbre? ¿Qué haces que otra vez entras callado a mirar a la cámara, sin mirar a la oficial a los ojos y decirles sin decirlo: “he vuelto; soy suyo otra vez; estoy a su disposición; mi cuerpo les pertenece; no quiero tener derechos, no quiero más nada que no sea que, durante mi estancia aquí, mi cuerpo y mi mente veneren la figura de Castro omnipresente y que el fantasma de la Revolución aparezca en mi sueño de apagones sin almohada”.

Entonces, ¿qué significaría ir a Cuba “por la familia”? Cariño, a modo de pago de vuelta, con cenas en restaurantes y hoteles semi incluidos en playas semi playas. ¿Es acaso lo familiar lo que motiva al fiesteo en las noches, ya cuando se regresa y se vuelve a ver a aquel amigo o amiga que aún está allá, en la pobreza y desgracia más profunda?

La desgracia de verte regresar y querer todo pagar y pagar incluso su amistad, la sustancia que le genera ebriedad y que le ayuda a ocultar, durante ese momento en el que tú estás allí, lo insoportable que es vivir en Cuba. Llegas tú y ni siquiera “de política” quieres hablar porque ¿para qué?, ¿para recordarte qué triste es la verdadera y única realidad del pueblo cubano?

Tú no quieres eso, tú quieres tu Cuba sin Revolución, pero con el revolucionarismo, aquel que te permite regresar y “salvar” por unos días la realidad de los tuyos. Pero todos con la cabeza baja y pensando lo que solo Dios y la Seguridad del Estado saben.

Entre vuestros pagos de casos y cosas, entre sus idas y venidas, entre el seguir haciendo acto de entrada y de salida, la Revolución celebrará un día su centenario.

Según el periódico El País, alrededor de 850 000 cubanos llegaron a la frontera americana hasta el 2024[1]. Gente huyendo, gente espantada, gente infiltrada también. Muchos infiltrados y, entre ellos, los que se ocultaron en los controles gracias a la ayuda de sus familiares en otras tierras.

No pasa nada tampoco para aquellos que regresan, con sacar familiares que más que amor, tienen un compromiso a vida con el castrismo. Aún así, “son la familia”, pero no es lo justo. Habrá entonces que prepararse, todos y todas, al enfrentamiento de la post-Revolución, en la que los “nosotros” irán a hacer justicia en una Cuba libre a los “ustedes”.

Si no es bien trabajada la historia, la memoria y el patrimonio, nuestra nación cubana estará descarriada y perdida para siempre. El trauma revolucionario debe ser psicoanalizado y tratado, con justicia, con la Justicia. No una divina, sino una libre y liberta que apunte con uno o dos dedos a aquellos y aquellas que fueron partícipes de nuestro olvido, aquellos que en parte vas a visitar en tu viaje de vuelta.

Algo inentendible para el que escribe, es saber de artistas y actores y opositores y contestatarios que regresan una vez más a Cuba, “porque hace ya 20 años”, porque esto o porque lo otro… No creo exista una excusa válida de un regreso a Cuba en dictadura. Incluso si una madre o un hijo muere y nosotros regresamos, eso es ir a ser observador de una muerte provocada también por nuestra participación en el juego del sistema y la de ellos todos, dentro del sistema; en silencio, a sufriendas y en silencio, a palos y en silencio y por supuesto, entonces ya muertos y silenciados para siempre.

Mi empatía sería con el que no es dejado entrar, que sus hijos o madres o familiares o ellos mismos mueren y no los dejan regresar a Cuba, ni siquiera para acompañar el cadáver de ese ser querido que murió en libertad y debía enterrarse en dictadura[2]. Mi empatía es con esos que tienen que quedarse fuera, sin poder decir adiós desde hace años, por voluntad impropia, por voluntad impuesta. Hoy es un relajo, una burla, les niñes entran y salen y luego a su turno, los agentes tapades y encubiertes; asco.

Una amiga me dijo que ese párrafo anterior era duro, un poco agresivo. No lo es. Quien lea ese pedazo entenderá que es desde el dolor lo escrito. No es nada mi ejemplo personal frente a los ejemplos de una Cuba entera. Todo lo que yo pueda o no escribir y describir sobrepasa cualquier realidad posible, cualquier entendimiento.

¿Cómo regresan ustedes a ese charco? A pesar de ser nuestro y que nuestros familiares aún pertenezcan, sigue siendo un charco grande en un hoyo lleno de mierdas, muchas y de muchos tipos, pero solo eso. Respirar en Cuba es el único privilegio, el resto es Revolución en el poder. Se está agradecido de no estar muerto en aquel lugar, porque no es la paz de la muerte la que obtendremos, es la vergüenza, el descontento y el disgusto de morir preso.

Si algo sabemos nosotros, que estamos fuera, es que somos libres de morir ya. Nuestra muerte será maravillosa. No será en Cuba, no será en una ambulancia maloliente o en un hospital craquelado o en una camilla sucia con sábanas manchadas. Fuera de Cuba podemos morir en la calle, pero podemos morir. En la Cuba castrista la muerte no es nuestra y siempre está ahí, ayudándonos a respirar moribundos, mortibundos.

Regresé a Cuba hace casi seis años ya. Con mis hijas, recuerdo exactamente el sentimiento al bajar del avión. El olor, el hedor a revolucionario. Solo abrir la escotilla y ya estaba ahí, esperando y penetrando tranquilamente. Cada cuerpo era poco a poco infectado por la Revolución.

¿Recuerdan el control de ingreso y salida? Cierren los ojos y piénsenlo de nuevo, frente a ese oficial de aduanas y frente a la cámara que cuelga de la caseta y: “quítese las gafas, quítese la gorra y mire a la cámara”.

Un silencio se instala, luego es removido por el sonido de las teclas de un teclado, tu pasaporte se cierra. Por primera vez la o el oficial te mira a los ojos pero, al fondo de la retina, como buscando a un culpable y dice: “Bienvenido a Cuba”.

Sus palabras se escuchan como una sentencia: te condeno a la estancia en este país. Luego de agradecer, mirando al oficial, ves también, en sus ojos, un grito, una desesperación, un no comprender, un no entender de tu vuelta, un desprecio por tu regreso.

Luego, la espera de las maletas, esperando también que entretanto no suceda nada y puedas “salir”, entrar. La puerta del fondo se va abriendo y reconoces a los prisioneros que dejaste cuando te fuiste, y ya casi tienes ganas de irte, pero es muy tarde, al pasar esa puerta será el momento de la commedia della morte. Y sonreirás y abrazarás, por no estar muerto aún y aun así yendo a morir.

Durante el trayecto a esa casa que te vio crecer y morir, miras por la ventanilla reconociendo lo que no veías hace mucho o hace poco, pero que ya no te pertenece, como no te pertenecía cuando estabas allá. Al fondo de uno mismo está ese sentir de no saberse más en ese lugar y ahí estamos, sin embargo, rodando una vez más por esas calles.

Y ahí entran las ciudades sucias, la gente flaca caminando por la calle como en el medioevo; los autobuses aún más llenos y aún sin detenerse cuando de detenerse se trata.

Saludas a uno o dos vecinos que creen conocerte de siempre, pero tú no los conoces más. A pesar de tu abrazo empático y tu risa cálida, sus olores te molestan, te entristece saberlos así, vivos y muertos, pero ahí, en silencio y silenciados.

¿Qué te pueden contar ellos y qué les podemos contar nosotros? La realidad uno y dos sobrepasan las posibilidades de comunicarse sin gritar, llorar y gritar más fuerte: ¡Abajo la Revolución! ¡Muerte al Partido Comunista! ¡Raúl Castro, asesino! ¡Díaz-Canel, singao!

Ese eres tú consciente cuando vas allá. Luego, está el descarado o la descarada que su naturaleza es la revolucionariedad. Y en ese charquero se revuelcan y se regodean al llegar. Sudan con gusto, la comida con pelos les maravilla y rodar y caminar y singar también los enloquece.

Solo que para esos, como para todos y todas hasta el día de hoy, la Revolución les tiene reservado siempre su poder y su espíritu de joder, de maltratar y atropellar al pueblo cubano, que no es el pueblo de la Revolución. El pueblo de la dictadura cubana son los castristas, sus traidores, chivatos y ratas más fieles, aquellas que conscientemente apoyan y segundan con violencia la Revolución dictatorial de Fidel Castro.

No me tardaré tampoco sobre los hijos y parientes de las grandes y medianas figuras de la dictadura en La Habana, que entran y salen y gozan. A ellos ya los espera un dedo, un dedo señalador, un dedo puesto de por vida.

¡Pero, tú! Que, luego de esta jaba de palabras, no estás convencido, quisiera que sepas que no tengo interés ninguno en convencerte, de nada ni de nadie.

Si no entiendes que cada entrada y salida es dinero directo a través de muchos medios para el poder que destruye tu familia y la mía, está (no) bien. Si no entiendes que regresar es seguir validando que en Cuba no pasa nada, está (no) bien. Si participas al castrismo en sus clubes, hoteles y restaurantes, y no se te retuerce la moral y la persona, está (no) bien. Si ser cubano para ti es ser revolucionario, también, está (no) bien.

Cuba será libre. Libre de comunismo, de castrismo, de fidelismo. Y habrá entonces otros capítulos en los libros de Historia, luego de aquel de Revolución en el Poder. Y ahí estaremos todos, escribiéndonos, mostrándonos.

Cada momento, cada expresión, cada actuar es imprescindible para liberar esa nuestra Cuba.

Lectores, regresantes, turistas en desconocimiento, no travel to Cuba.

Atentamente,

Anthony Bubaire





Notas:
[1] Carla Gloria Colomé. El País, 23 Sept. 2024. https://elpais.com/us/actualidad/2024-09-24/mas-de-850000-cubanos-llegaron-a-estados-unidos-desde-2022-en-el-exodo-mas-grande-de-la-historia-de-cuba.html
[2] Ex: Doctor Jorge Luis Bubaire Martínez, luego de la muerte de su madre Elvira Martínez en Las Palmas de Gran Canaria, es vetado de llevar el cuerpo hasta Cuba y entregárselo a los familiares. Negada incluso la estancia en el aeropuerto de La Habana.