La Gran Agresión

Acerca de Cuba uno oye diversas cosas referidas a la Gran Agresión Imperialista. Ok. Un montón de indicios y sospechas. Ok. Una larga preparación para ese Ataque Definitivo (luego del cual se desencadenaría una especie de Gran Guerra Patria) que nunca dejó de suscribirse a los entramados de las ficciones hormonales, románticas, heroicas. Ok. Pero cabe hablar de la Otra Gran Agresión. La que, a la larga, deviene auténtica, real, inmediata y comprobable. La que pide aludir al concepto de devastación.

(Entre paréntesis, y antes de que lo pase por alto: los Grandes Ridículos existen. Y moverían a risa si no fueran nocivos.)

La Gran Agresión Imperialista sería de índole militar, ¿no? Bien. Pero la otra, la que es consecuencia, durante años y años, de pésimas gestiones, y consecuencia del contumaz desastre administrativo, y consecuencia de experimentos económicos que fallan una y otra vez…, de esa otra Gran Agresión que martillea sobre las cabezas de la inmensa mayoría de los cubanos, ¿quién asume las responsabilidades?

Sin embargo, aunque lo que acabo de decir no es incierto, mis palabras quedan en abstracciones.

El día a día de los cubanos consiste en: 1) si habrá o no habrá electricidad, y cuánto durará, 2) qué preparar de desayuno, o de almuerzo, o de cena, lo cual causa un poco de risa (amarga risa) porque, en rigor, el cubano común ya no hace esas tres comidas, y 3) si entrará agua o no, si podrá bombearse desde las fuentes (contando con que haya electricidad para hacerlo), o si solo se abrirán las válvulas para que, por gravedad, el agua llegue a las viviendas. 

Hay un asunto técnico con las válvulas. Hay que darles determinado número de vueltas. Y casi nunca ocurre así. Los empleados de esa institución llamada Aguas de La Habana las abren, y al parecer les dan solo un par de vueltas y se marchan. Limitan la fuerza del agua. ¿Por qué lo hacen? Misterio.

(Hay una novela titulada Los de abajo. Su autor es un mexicano: Mariano Azuela. El libro, breve, forma parte del ciclo narrativo de eso que se llamó la Revolución Mexicana. Allí Azuela habla de las “más bajas capas bajas”. ¿Cuántos cubanos pertenecen a ellas? Las cifras importan.)

Hay quien dice que el agua se vende. Es cierto. En Facebook las pipas de agua venden sus servicios. Una pipa puede costar entre 50 y 80 mil pesos. También hay quien dice que el agua se desvía para relleno de piscinas o relleno de los almacenamientos de agua de ciertos restaurantes y mipymes.

La termoeléctrica Antonio Guiteras ha vuelto a dejar de funcionar. Leo por ahí que ya es la tercera vez que sucede en el mes de octubre. O la cuarta. El hombre que, sin gas para cocinar, pudo hervir un huevo en la cocina de leña (¡la alegre vida del campista!) de una vecina (véase mi columna anterior), ha soportado 29 horas de apagón. 29 horas continuas. Pero no es él solamente. Es la Isla entera (se apaga aquí, se enciende allá…, un juego macabro en el que la vida se malgasta sin remedio), excepción hecha de quienes pueden adquirir estaciones de suministro eléctrico, paneles solares y baterías especiales.

Quienes pueden realizar “semejante inversión”, tienen negocios o sus familiares (que viven fuera de Cuba y trabajan y ahorran y se preocupan por el desastre insular) los proveen del dinero necesario. No pertenecen, pues, a las “más bajas capas bajas”. 

Las “más altas capas altas” viven de otra manera. Por ejemplo, no necesitan comprar arroz a 230 pesos la libra, ni azúcar a 500 pesos, ni carne a 2400, ni frijoles a 400. Tampoco necesitan comprar Benadrilina a 600 pesos un blíster de 10 píldoras, ni Enalapril a 400, ni Azitromicina a 500. Ni un spray de Salbutamol a 4000 pesos. 

En 1945 George Orwell publicó su breve novela Animal Farm (La granja de los animales). Allí dijo: All animals are equal, but some animals are more equal than others. Todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros.

ECOFLOW –palabra de orden, palabra mágica. Cargas tu ECOFLOW durante los esmirriados alumbrones de una o dos horitas, te compras tus paneles solares, los conectas al ECOFLOW, y vas usando la energía del equipo mientras él se renueva en términos fotovoltaicos, por así decir. 

Si para todo eso dispones de 1000 dólares (más o menos), adelante. La termoeléctrica Antonio Guiteras va a seguir llena de parches, remiendos, y sin el mantenimiento integral que necesitaba desde hace muchos años, pero que no pudo hacerse porque los señores imperialistas lo impidieron.

El hombre del huevo hervido no recibe agua en su casa desde hace 13 días. Ya le advirtieron que se produjo una avería (una de tantísimas) y que el sistema de tuberías tiene mil y una filtraciones y que el cronograma de bombeo es caótico e impredecible. 

La poca agua con que el hombre cuenta es reciclada para usarse en la descarga de la taza del baño. Para beber, cuenta con unos 30 envases plásticos que ocasionalmente renueva en una llave donde, al estar al nivel de la acera, suele haber agua. El hombre ya no se ducha. Emplea un cubo que llena hasta la mitad.

Escuchen, jóvenes “hormonados” de la izquierda romántica euroamericana: esto es real.

El agua está clorada, en efecto. Pero eso no basta. Aun así, hay casos de hepatitis y otras enfermedades. El hombre pregunta por qué. Alguien le dice que la carga biológica es superior a lo que la cloración puede remediar. El hombre sigue sin entender. Y le explican. Hay demasiada contaminación. Demasiadas roturas. Demasiados agujeros.

Esta es la Isla de los agujeros. Hay agujeros por doquier. He ahí, pues, la Gran Agresión.

“Si no nos mata el imperialismo, nos matarán los bichos”, le dice, sarcástico, el hombre al vendedor de pan. Ah, el pan. Una pequeña barra: 300 pesos. 

Muerte por bichos. Porque en los basureros (el más próximo se encuentra debajo del balcón del hombre) hay un contingente de ratas y ejércitos de moscas y mosquitos. Y dengue. Y el dengue te mata si no andas con cuidado. 

Cuando llueve (y por estos días hay mucha lluvia, que arrastra restos de comida podrida), los mosquitos proliferan. Y te pican y puedes enfermar. Y si en mitad de la noche sientes que tienes fiebre alta y apenas puedes sostenerte, y el apagón inunda el espacio, y no hay manera de hallar un transporte al Cuerpo de Guardia de alguna clínica, y la red móvil apenas funciona, ¿qué haces?

Te jodes.

O resistes y te pones creativo y optimista, aunque nada funcione.

Porque la Revolución, que no deja a nadie en el desamparo, sigue ahí, en el horizonte de las Grandes Utopías, y saberlo emociona: es un consuelo del tamaño del sol. 






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Pedro Freyre: “Yo quiero ser un instrumento de la paz”

Por Jorge De Armas

“Cuando uno pierde una patria, pierde verdadero poder sobre su futuro”