Waldo Fernández Cuenca: CMQ

(La imposición del silencio. Hypermedia, 2016)

En su libro Televisión ¿Ángel o Demonio?, Josefa Bracero expone cómo en el primer y segundo año de la Revolución se fueron interviniendo de manera paulatina todos los canales de televisión tanto de alcance local como nacional. La primera tele-emisora en caer en manos del Estado a mediados de 1959 fue el Canal 12, de Gaspar Pumarejo, pero este tenía una audiencia limitada y resultaba insuficiente para los planes del Gobierno, por lo cual el golpe siguiente fue Telemundo, Canal 2 y Canal 10 en febrero de 1960 —propiedad de Amadeo Barletta y de alcance nacional. El objetivo de esta confiscación estaba claro: arrebatarle a Barletta su imperio mediático y contar con un canal nacional para difundir las directrices oficiales.

Al Gobierno solo le iba quedando un serio competidor: el emporio comunicacional de los hermanos Mestre quienes controlaban la tele-emisora más grande del país: CMQ, los canales 4, 6 y 7 y las emisoras radiales Radio Reloj y Radio Universal (CMBF) además de ser dueños o poseer intereses en 23 firmas, que incluían, además, agencias de publicidad, fábricas de alimentos y agencias de autos.

Con respecto a la intervención de CMQ y el proceso de su definitiva confiscación los acontecimientos se desarrollaron de la siguiente manera: la CMQ abrió sus micrófonos para todos, tanto para los principales dirigentes de la naciente Revolución, como para otras personalidades de la política y la vida nacional que no ostentaban cargos en el Gobierno. Todos eran entrevistados en el famoso programa televisivo “Ante la Prensa” donde un grupo de periodistas guardaban una batería de preguntas para las personalidades a entrevistar sobre los más candentes temas de actualidad, sería innumerable nombrar el número de personas que desfilaron ante las cámaras de CMQ en ese primer año.

Sin dudas, el incidente con el periodista Luis Conte Agüero marcó un parteaguas en la CMQ.

La empresa empezaría a confrontar problemas desde mediados de 1959 ante el reclamo del Sindicato de Trabajadores del Circuito el cual exigía la renegociación del Convenio Colectivo de Trabajo que estipulaba otorgar a los trabajadores sueldos más altos y el pago de horas extras. En pública reclamación los dirigentes del Sindicato exponían que la empresa había rechazado dicho convenio y ellos esperaban del nuevo Ministro del Trabajo del Gobierno Revolucionario Augusto Martínez Sánchez que los reclamos del Sindicato fueran cumplidos por los patronos. En su libro Gregorio Ortega afirma que los Mestre “fracasaron en su intento de sobornar a los dirigentes sindicales y optaron por prolongar las negociaciones” (Ortega, 1989: 233).

De ser cierta la afirmación de este autor lo cual encierra una acusación gravísima hacia los hermanos Mestre no veo porqué los dirigentes sindicales no lo expusieron en carta pública aparecida en la publicación humorísitica Zig-Zag donde el sindicato de la CMQ trata de empañar la trayectoria de la empresa al resaltar cómo fueron los trabajadores y no los directivos de la empresa los que apoyaron la lucha de los rebeldes por derrocar a Batista, además de exponer otros elementos para hacer notar que la empresa no compartía los “postulados” de la Revolución al resaltar que la CMQ seguía usando los servicios de las agencias cablegráficas norteamericanas AP y UPI, y se negaba “en cambio a contratar “por falta de presupuestos” el servicio de PRENSA LATINA, que sí informa al mundo la verdad de la Revolución Cubana y las inquietudes de todos nuestros pueblos hermanos” (“Del Sindicato de Trabajadores de CMQ al pueblo de Cuba”, en Zig-Zag, diciembre de 1959, p. 4). Según Ortega, el Convenio Colectivo de Trabajo le fue impuesto a la empresa el 19 de diciembre de 1959.

Sin dudas, el incidente con el periodista Luis Conte Agüero marcó un parteaguas en la CMQ. De manera nada casual, por esos mismos días, es intervenido el Canal 4 donde los Mestre tenían acciones y sus cuentas bancarias son congeladas, lo cual imposibilita el libre desenvolvimiento de la empresa. Para colmo de males en medio de las fuertes tensiones con Estados Unidos el Canal 6 de esa cadena proyecta en julio de 1960 una película donde se exhibe el poderío militar de ese país durante la Segunda Guerra Mundial. La coincidencia según Revolución no podía ser más “inoportuna” (“CMQ, Inoportuna coincidencia”, en Revolución, 11 de julio de 1960, p. 2). A raíz de la nota de Revolución, el Sindicato de Trabajadores de la empresa le hizo llegar una misiva a Carlos Franqui donde señalaba que eso no volvería a suceder y que se les pediría explicaciones a las personas implicadas. La carta terminaba con la famosa consigna que miles de cubanos han repetido durante más de medio siglo: ¡PATRIA O MUERTE! ¡VENCEREMOS! (Cfr. “Adoptan medidas obreros de CMQ”, en Revolución, 12 de julio de 1960, p. 1 y 8).

Con la intervención de CMQ en septiembre de 1960, empezaba a consolidarse el totalitarismo informativo en la Isla.

Más de dos décadas después de su aparición el libro La coletilla de Gregorio Ortega es uno de las obras más usadas como referencia para aquellos que se acercan a la historia de la prensa en Cuba, sin embargo por ser Ortega el interventor designado por el Gobierno para expropiar a la CMQ, el autor expone en su obra varias falsedades que años después otros investigadores oficiales se han encargado de refutar sin cuestionar lo escrito por Ortega. El interventor escribe sobre las condiciones de trabajo y la infraestructura tecnológica de esta empresa:

Los Mestre abandonaron el país, dejaron equipos y empresas al deterioro paulatino del tiempo y la ruina, y se dedicaron en el extranjero a intrigar contra la Revolución” (Ortega, 1989: 235). Ortega al referirse además a otros medios como emisoras y canales de televisión que no eran propiedad de CMQ señala: “En aquellos momentos numerosas emisoras de radio y televisión intervenidas pasaban por una difícil situación económica. Las intervenciones en los canales 2, 4 y 12 no habían podido superar las pésimas en que sus dueños al abandonar el país las habían dejado: eran empresas incosteables, con enormes deudas, con exceso de personal y algunas con equipo en mal estado (Ortega, 1989: 238).

Estas aseveraciones contrastan, con lo expuesto por Guillermo Jiménez en sendas obras de consulta, imprescindibles para entender la Cuba de antes de 1959: Las Empresas en Cuba: 1958 y Los Propietarios de Cuba: 1958 en la primera de estas obras Jiménez expone del Circuito CMQ S.A: “Era uno de los más florecientes negocios entre los promovidos por capitales cubanos y gozaba de una de las administraciones más eficientes”.  Por si esto no fuera suficiente Bracero Torres expone que los Mestre tenían suficientes recursos para hacer de CMQ “una televisión del primer mundo” (Bracero, 2013) aunque después la periodista apoya otras ideas de Ortega para poder publicar su libro en isla.

Con la intervención de CMQ en septiembre de 1960, empezaba a consolidarse el totalitarismo informativo en la Isla. Es el propio Ortega quien explica el cambio en toda la programación televisiva:

Lo primero que se hizo, desde el mismo instante de la intervención, fue retirar del aire programas que escarnecían al hombre, como “Ace hace de todo” y, sobre todo, ciertas series norteamericanas que propugnaban la ideología imperialista […] Se cambió radicalmente el contenido político de los noticieros, se le suprimieron los anuncios comerciales […] se modificaron a fondo los programas humorísticos, cesaron las bromas sobre las miserias humanas, […] se les aportó un contenido de crítica histórica y social buscando al ridiculizarlos erradicar rezagos del pasado, pésimos hábitos y costumbres (Gregorio Ortega, “La intervención de CMQ”, en Bohemia, 13 de septiembre de 1985).

En los días finales de 1960 un grupo de trabajadores de RadioCentro en desacuerdo con el evidente rumbo hacia el comunismo del proceso revolucionario sabotean el control máster de la emisora y muchos de los equipos transmisores resultan dañados. Esta acción suicida marca el comienzo del definitivo declive y muerte de la más poderosa cadena televisiva de América Latina de aquella época. Y una de las expresiones de la nueva guerra civil que el naciente castrismo desataba.