‘Cumbres Borrascosas’, negocio lucrativo y calenturiento

Desde el siglo V, las ejecuciones por ahorcamiento conformaron la historia de Gran Bretaña. Este método se fue modernizando en los siguientes siglos, pero hubo casos en que los muertos aún respiraban y hubo que volver a colocar la soga. Por eso deviene la sentencia: Ahorcamiento hasta morir

Precisamente con una horrenda escena de ejecución comienza Cumbres borrascosas (2026), el filme de la actriz, guionista, directora y productora, Emerald Fennell (Promising Young WomanSaltburn).

Al hecho, sin venir a cuento, se le agrega la presencia como espectadora de la pequeña Catherine Earnshaw, acompañada de Helen Dean, su sirvienta. Al sentenciado, al expirar, se le nota una erección, dando motivo de risa entre la gente. 

¿En serio a esta directora se le ocurrió poner esta introducción? Confieso que no entendí el significado, aunque luego de un análisis muy personal, quiero pensar que lo hizo por la aceptación de la violencia en la protagonista, la que enseña al niño Heathcliff cómo aplastar una rata con un palo. Y, en otro momento, observa imperturbable cómo descuartizan un cerdo, mientras a ella solo le preocupa no mancharse la falda de sangre cuando tiene que pasar cerca.

Lo excesivo convertido en arte resulta un ejercicio pomposo e inútil. Fennell ha traicionado la pureza de la obra, sustrayendo la esencia misma de su historia. El amor entre Catherine y Heathcliff es una burda representación de un apetito sexual desmedido. Y no es que yo tenga prejuicios con el erotismo per se, sino que en este caso se usa como gancho taquillero para atraer a los más inocentes, supongo que a los que no conocen el libro y ven esta historia de amor milagrosa y moderna, a pesar de que fue escrita en el siglo XIX.

Conozco bien la novela. La leí, por primera vez, antes de los quince años. En mi casa había una biblioteca bastante provista, pues mi padre era adicto a la lectura y consumía un libro en dos días. Así que aquella costumbre también se arraigó en mí. La edición era cubana, posiblemente de Ediciones Huracán, que publicaba autores de literatura universal, y era una de mis favoritas.

Leer el texto constituyó el rompimiento de una estética romántica y experimentar una relación amorosa inconmensurable por el alcance de las pulsiones con que actúan los personajes. 

A través de los años he vuelto al libro y encuentro detalles de interés, algo así como revelaciones a la luz, las que, a veces, por el interés de la trama, pasan desapercibidas. 

Por ejemplo: los sirvientes son deslenguados y mezclan sus opiniones con las de los señores, borrando así la línea entre las clases sociales. Josep, como personaje secundario, cumple una función: es un criado fanático religioso que obliga a los jóvenes a escuchar sus sermones los domingos, censurando la conducta aventurera de los niños y asustándolos con la condena al infierno. Esto, quizás, no parezca importante, sin embargo, es una de las aristas para entender a los jóvenes a quienes, en su rebeldía, les tiene sin cuidado el juicio divino pues para ellos la libertad es el instante de lo terrenal.

Isabella Linton es una posible masoquista que, a pesar de saber que Heathcliff no la ama y mata a su perro antes de la fuga de ambos, se marcha sin pensar en las consecuencias que implica su acto. Linton, el esposo de Catherine, es un hombre amoroso y entrañable, y quizás un personaje poco estimado. Entre Catherine y Heatcliff no existen casi diálogos durante la niñez. Es después de casada con Linton y ya cercana a la muerte, cuando ocurren las escenas más intensas y apasionadas entre ellos. 

Helen (Nelly), la sirvienta principal (mayor que la pareja protagónica), se halla presente en cada suceso, excepto en dos ocasiones. Heathcliff es de tez oscura (tal vez gitano), de físico imponente y carácter vengativo. Odia a todos y solo ama a Cathy. No obstante, con la señora Nelly expresa sus verdaderos sentimientos y la respeta a su manera.

Las adaptaciones que más me gustan son las de William Wyler, de 1939, en blanco y negro. Los roles estuvieron a cargo de Merle Oberon y Laurence Olivier. La pareja tiene un lastre de contención, sobre todo en las escenas de amor, donde ni siquiera hay un leve roce de labios y se soluciona con un fade-out.

Igualmente escojo la de 1992, de Peter Kosminsky, con Juliette Binoche y Ralph Fiennes, que es la más fiel al libro y reúne a la segunda generación, Cathy, Linton y Hareton. Aquí se plasma con acierto la apariencia de las Cumbres y de la Granja de Thrushcross. Además, se retratan los nexos entre los personajes, aunque se suavizan escenas de violencia, las que se describen sin pudor alguno en la novela. La hermosa banda sonora fue compuesta por el músico japonés Ryuichi Sakamoto.

En contraste con los filmes anteriores, Fennell apuesta por las locaciones exteriores, repletas de colores contrastantes; mientras que los interiores ofrecen excesos abrumadores en cuanto a decorados y dimensiones, detalles que desvían las miradas del espectador que no se concentra en las acciones que se desarrollan. La arquitectura de la mansión de Cumbres es tosca y onírica, aunque por dentro luce amplia y cómoda.

Hay anacronismos deliberados en el vestuario de Margot Robbie, en los que se destaca el uso del rojo cuando vive en Cumbres y los trajes plateados con cargada joyería después de su matrimonio.

En las escenas sexuales (coreografiadas, según criterios del actor Jacob Elordi), parece que estamos viendo un videoclip interminable, lleno de posiciones, de cuerpos húmedos y de bocas jadeantes que no se despegan. Punto y aparte merece la masturbación de Cathy en medio de aquellas piedras del páramo, fragmento que seguramente provocaría un infarto en Emily Brontë si se levantara de su tumba.

Se ha visto en las redes sociales las burlas y las críticas profesionales en contra de esta versión, incluso se le ha llamado jocosamente “Barbie en los páramos”.

En definitiva, se obviaron personajes (en particular, Hindley, el hermano de Cathy), trasladando su carácter violento y su alcoholismo al Ernshaw padre. 

Linton es un tipo sin atractivo físico y bastante vulgar. Nelly es como un fantasma de rasgos asiáticos y muchas veces es enemiga de Catherine. En cuanto a los actores, sus edades son disparejas y puede que tengan química entre ellos, pero nunca serán los verdaderos Catherine y Heathcliff.

Pienso que, en realidad, esta cinta solo se hizo para ganar millones, como una especie de negocio lucrativo y calenturiento.