Marcel Villa no viene de la academia, no tiene un título acuñado que le acredite como periodista o fotógrafo. Quizá por eso es hoy uno de los comunicadores más interesantes en la Isla hoy; que no da por sentados los dogmas postmodernistas en la educación superior estatal o en cursos para la prensa independiente. Y eso le ha costado.
De adolescente, se recuerda como un muchacho indisciplinado, “sin mucha proyección de futuro”. A los 21 años examinó e ingresó a la carrera de Derecho por curso para trabajadores. Dice que la tomó “más por influencia familiar que por verdadera vocación”.
En 2018, mientras cursaba el tercer año, su hermano mayor, que vive en España desde hace 20 años, le obsequió una cámara. Casi a la vez había descubierto el mundillo de la prensa no estatal en una Habana que vivió el aperturismo infértil de Barack Obama.
El que escogió no es un oficio sencillo. Ejercer la comunicación independiente en Cuba sigue siendo perseguido como pocos en el hemisferio. El Instituto Cubano por la Libertad de Expresión, afirmó que solo en marzo de 2026 se multiplicaron cortes de internet, detenciones arbitrarias, reclusiones, ataques, amenazas y agresiones psicológicas y físicas.
En la Isla, foco de la atención internacional por un potencial cambio bajo presiones de Donald Trump, Villa cuenta con videoentrevistas, crónicas de viaje y fotoperiodismo el país despedazado que sobrevive pese al socialismo.
¿Cómo comenzaste en el mundo de la prensa independiente?
Fue en 2018, cuando presenté a Play-Off Magazine, una revista cubana independiente de deportes un reportaje. Era sobre un sacerdote dominicano residente en La Habana, que usaba el fútbol cómo herramienta de cambio social.
En aquel entonces, a la par de los estudios yo trabajaba como pizzero en una cafetería en Alamar, ahí pasaba 12 o 13 horas sin parar por diez dólares el día. Era agotador.
Justo estaba en la cafetería cuando recibí la noticia de que Play-Off Magazine había aceptado mi reportaje y que podría colaborar con ellos regularmente. Acto seguido, me inventé un dolor de estómago, colgué el delantal y me fui para no volver. Ese día Play-Off se convirtió en mi trabajo.
Yo aun no era fotógrafo ni pretendía serlo, apenas estaba aprendiendo a usar la cámara.
Mi intención era convertirme en periodista, por lo que me concentraba en escribir los textos, y la fotografía la tenía más bien como un complemento. Al no contar con una formación profesional, tenía lagunas teóricas y errores en la escritura que fui subsanando en la medida que estudiaba manuales de periodismo y los editores me hacían correcciones. Play-Offfue una escuela para mí en ese sentido.
¿Y cuándo y porqué te reenfocaste en la fotografía?
En 2019 vi la película Piratas de Somalia y se me ocurre viajar a Isla de Pinos. Pensé que esa iba a ser mi Somalia. Allí buscaba historias que luego pudiera convertir en reportajes, crónicas, y hasta una investigación me planteé. Yo lo pienso ahora y me río, porque aquello estuvo muy mal preparado. Ni siquiera había coordinado un lugar dónde quedarme.
Llegué a la isla y le toqué la puerta a la primera casa donde vi que alquilaban una habitación. En la ciudad de Nueva Gerona estuve una semana gastándome mis ahorros, y como consecuencia de mis andares periodísticos por la ciudad, me gané un interrogatorio con la Seguridad del Estado (SE, policía política) pocas horas antes de mi regreso.
Al día siguiente de llegar a La Habana, la SE me volvió a contactar, pero esta vez para captarme como su informante en Play-Off. Me negué y durante meses temí que tomaran represalias contra mí.
En esos días la etapa de apertura en Cuba que trajo el deshielo de Obama estaba llegando a su fin, y con ella el boom de los medios independientes. Algunas revistas entraron en pausa, otras muchas no sobrevivieron. El viaje a Isla de Pinos había sido un fiasco. Nunca pude concretar ningún trabajo periodístico durante mi estancia allí. La fotografía como arte y oficio me iba enamorando cada vez más.
Todo eso, sumado al temor que me había dejado chocar con la SE, condujo a dedicarme a tiempo completo a la fotografía. Aunque me convertí en fotógrafo profesional y me enfoqué en géneros más comerciales, seguí colaborando ocasionalmente con Play-Off.
Abandoné Derecho, porque sabía que era una carrera que nunca iba a ejercer, y me dediqué a tiempo completo a estudiar y a practicar con mi cámara. Pasé un curso básico en una escuela privada muy buena que se llamaba Escuela de Fotografía Creativa de La Habana. El resto lo he aprendido de forma autodidacta, mediante libros, artículos y videos.
Desde entonces y hasta 2023 hice fotos de quinceañeras, video clips, fotografía de still, de teatro, moda, eventos, en bares, etc. Para vivir de la fotografía en Cuba debes ser muy versátil porque el mercado es bastante reducido.
Luego volviste a los medios independientes y no ya como colaborador, sino que fundaste uno…
Sí. En 2022 fundé junto a tres amigos POB Magazine, una revista independiente de fotografía. La mantuvimos activa durante un año con nuestros propios recursos. La línea editorial en buena parte se inspiraba en Play-Off; usábamos la fotografía y los testimonios de fotógrafos cómo una ventana a la realidad cubana.
Unos ciberataques al sitio web a pocos días de cumplir el año nos obligaron a parar de publicar. Decidimos retomar el proyecto cuando consiguiéramos los fondos necesarios. La revista tuvo muy buena aceptación en el mundo de la fotografía cubana mientras estuvo activa, y al ser su cofundador y director me dio visibilidad en medios independientes.
El mismo año en que se detiene POB Magazine, regreso de lleno al mundo del periodismo, ya cómo fotógrafo y realizador audiovisual. Me alejo gradualmente de los géneros más comerciales de la fotografía y el video; y voy girando hacia el fotoperiodismo y la fotografía documental.
Desde entonces he colaborado con la mayoría de las revistas y diarios cubanos independientes que existen en la actualidad, casi siempre de forma anónima. También colaboro regularmente con El País y en un par de ocasiones he colaborado con El Confidencial, ambos de España.
¿Cuándo y por qué comenzaste a producir contenido en tu canal de YouTube?
Mi incursión en YouTube se dio tras el congelamiento de fondos destinados a la ayuda exterior por parte de la administración Trump en 2025. Durante esos meses toda la prensa independiente cubana se vio afectada. Muchos seguimos informando sobre Cuba sin cobrar, pero al mismo tiempo tuvimos que buscar otras fuentes de ingreso.
Crear un canal de YouTube en el cual pudiese contar la realidad cubana bajo mis propios términos era una idea que ya venía rondándome la cabeza, y decidí que era el momento adecuado para lanzarme. Me pareció también que existía un nicho para contar Cuba, en toda su extensión y complejidad, con un enfoque periodístico y documental.
Aplico mis conocimientos como fotógrafo para mis videos —eso me distingue un poco de otros creadores. Siempre trato de integrarles la fotografía de diversas maneras, ya sea en la forma en que compongo la imagen, incluyendo fotos fijas o compartiendo la experiencia desde mi perspectiva de fotógrafo documental.
Y dio frutos más rápido de lo que esperaba. A los dos meses de empezar ya estaba monetizando el canal, cuando el promedio mundial es de unos seis.
Hay mucho usuario ávido de ver contenido sobre Cuba que sea auténtico y de primera mano. Aunque el cubano en la Isla no consume mucho YouTube, debido a la lenta conectividad y el encarecimiento de los paquetes de datos móviles, hay un interés por este contenido en otros sectores.
En primer lugar, los cubanos que están fuera, pero también muchos extranjeros que les interesa Cuba y desconfían de la información que sobre la Isla circula en los medios de prensa, ya sean oficialistas, independientes o del mainstreaminternacional.
Existe demanda, pero la oferta se ha reducido en tanto muchos youtubers han emigrado como parte del éxodo actual. Si ofreces un material de calidad, tienes el éxito asegurado.
Recuerdo un video tuyo sobre el grupo de los “acuáticos”[1] en la Sierra de los Órganos. Llegó a mí porque usaste una crónica mía que publiqué a inicios de 2015. ¿Por qué te has embarcado en la crónica de viaje, lo exótico, más allá de la capital?
Los extranjeros, y también muchos cubanos, suelen tener una percepción distorsionada sobre lo que es Cuba, y creen que la pueden reducir a ciertos barrios de La Habana.
Hace poco hice un ensayo fotográfico titulado Cuba no es La Habana Vieja. Esta percepción distorsionada y tan extendida es producto de que todos los focos en Cuba están concentrados en su capital y más específicamente en un par de municipios. Sin embargo, si salimos de esos barrios, nos encontramos una realidad diferente, en cuanto a temas que van desde la raza, la religión, la estética, la forma de vida y la idiosincrasia. Es la suma de toda esa diversidad de aspectos la que conforma la identidad del cubano y no el estereotipo marginal que suelen explotar los medios de comunicación.
Podría decirse que me propongo reivindicar la cubanía en su mejor versión. Además, existen muchísimas historias en Cuba por contar, problemas por visibilizar y gente a la cual dar voz, que pasan inadvertidos por encontrarse fuera del epicentro que representa La Habana. Una de las primeras cosas que tiene que cambiar en Cuba cuando sea libre es ese centralismo capitalino que ha ido en detrimento del resto del país y que ha terminado distorsionando la percepción sobre nuestra propia identidad.
Lo rural y la religión son de las temáticas que más me interesan en lo personal. La historia de los Acuáticos que mencionas encaja en ambas y es además muy cubana —podemos considerarlos una religión autóctona. Desde que escuché sobre ellos en 2024, fue un tema que me obsesionó. Durante un año investigué y averigüé cómo llegar a esta peculiar gente.
Visité primero a los de Viñales, en la Sierra de los Órganos, donde me fue relativamente fácil llegar. Mucho se ha escrito sobre estos Acuáticos, hay algún que otro video también, aunque ningún videorreportaje a excepción del mío, pero muy poco se sabe de los otros, los que están en la Sierra del Rosario.
A diferencia de los de Viñales, estos otros acuáticos se las han arreglado para sobrevivir como comunidad. Una de las razones es que se encuentran en un lugar muy intrincado entre las montañas, de difícil acceso. Para llegar, luego de hacer escala en varios pueblos, debes caminar diez kilómetros de lomas por un pedraplén. El viaje de vuelta me resultó más duro, ya que fue loma arriba y estuve sin agua la mitad de camino. Por suerte estaba nublado y pude resistir el cansancio y la sed antes de encontrarme una casa y pedir agua.
Los dos videos que realicé sobre los acuáticos representan una gran dicha para mí, en especial el segundo, el que trata sobre los de la Sierra del Rosario. Tanto por la experiencia de conocer y documentar a esta gente tan especial como por el éxito que tuvieron —el segundo video es el que más vistas ha tenido de cuantos he subido.
¿Cuáles son los principales retos para un comunicador como tú en la Isla?
El principal reto son las entrevistas. En un país donde la gente vive con miedo a expresarse y cualquier opinión ciudadana es en sí un acto político, conseguir que alguien te dé una entrevista se vuelve una tarea difícil e incómoda. En especial, si vas por la calle y preguntas a personas al azar su opinión sobre alguna noticia en desarrollo. La mayoría se niega, mirándote con cara de pocos amigos. Los que acceden, en su mayoría, te dan respuestas escuetas y tibias.
La gente sabe que una declaración que las autoridades consideren contrarrevolucionaria les puede costar el trabajo, la carrera o hasta la libertad. A veces, la autocensura llega a niveles absurdos. En especial, en las generaciones de mayores de cuarenta años. Puede suceder que una persona elija callarse cuando le preguntas por problemas que le afectan directamente y que ni siquiera son “políticos” en sí.
El año pasado publiqué un video denunciando el robo de ganado, un mal que está azotando gravemente a los campos cubanos, y lo retiré por presiones de los entrevistados.
El video ponía sobre la mesa, a modo de contexto, cómo se había destruido la industria ganadera cubana desde 1959. También dejaba entrever que el robo de ganado se extendía por Cuba ante la indiferencia de las autoridades. Eso, sumado a que se viralizó en muy poco tiempo (en solo tres días alcanzó 15 mil vistas), fue suficiente para que algunos campesinos entrevistados se alarmaran, aun cuando les había informado previamente sobre el tipo de video que haría y siendo ellos los afectados por el robo de ganado.
Decidí que lo mejor era retirarlo. Se estaban generando conflictos entre estos campesinos y la familia que me acogió en el lugar del reportaje, un batey en Villa Clara. Perdí todo el dinero y tiempo invertidos en el video (que, por lo demás, hubiese sido el más exitoso de todos).
En los últimos años ha habido un enjambre de influencers de todas partes aterrizando en Cuba para narrar el caos, algunos con una visión realista, otros con la venia del régimen como Hassan Piker…
Algo que me molesta de la gran mayoría de youtubers extranjeros que vienen a Cuba es que no tienen en cuenta este aspecto que te contaba cuando entrevistan a los cubanos.
Si llegas a un lugar donde la gente teme expresarse, debes, primero que todo, entender el contexto y explicarlo a tus espectadores. No puedes pretender hacer preguntas de corte político en las calles a personas al azar, para luego mostrar sus respuestas como una muestra del sentir general de la ciudadanía, como si estuvieras en un país libre.
Es lo primero que les explico a los periodistas extranjeros con los que he trabajado: por lo general, los entrevistados se van a autocensurar en la medida en que una pregunta tenga connotación política o deban revelar su identidad al responder. Que, si quieren saber lo que piensa la gente, deben ganarse su confianza y conversar con ellos fuera de cámara.
También te encuentras excepciones a la regla, gente que no tiene miedo o simplemente nada que perder. En estos casos, siempre les pregunto si están seguros de que quieren que publique todo lo que dijeron o si prefieren que corte alguna parte.
Como realizador y documentalista, también tienes la responsabilidad de cuidar a los entrevistados. El alcance de un video no puede ser más importante que su libertad o su seguridad. Tienes derecho a ponerte en riesgo, pero no a poner en riesgo a los demás.
Sigamos con los retos de ser un comunicador independiente en la Cuba socialista…
Al ser un país empobrecido, debo lidiar con muchas dificultades en cuanto al transporte y la conectividad.
El primero es el mayor problema ahora mismo, por la escasez crónica de combustible que estamos viviendo. En estos momentos, la mayor parte del territorio de Cuba es inaccesible. Existen cientos de pueblos y comunidades rurales que están literalmente aislados, quizás hasta miles.
No hace mucho intenté llegar al pueblo de Minas de Matahambre, Pinar del Río, y no hubo modo. A los pocos que puedes llegar, debes hacerlo pagando pasajes carísimos.
En cuanto a la conexión a Internet, en Cuba es cara, lenta e inestable, en especial en los últimos meses, por el agravamiento de los apagones.
Para subir un video a mi canal debo ir al hotel Habana Libre y comprar una hora de Internet por un dólar, porque allí es mucho más rápido. Si subiera un video dependiendo de la conexión por datos móviles probablemente demoraría un día entero o más.
Y, por supuesto, existe también un peligro al que te expones, porque no hay forma segura de hacer un trabajo periodístico o documental como Dios manda en un régimen totalitario. Incluso, si no haces un contenido propiamente político, el simple hecho de mostrar la realidad tal cual se convierte en un acto político. Y que conste: la política no es de los temas que me interesan, ni como persona ni como documentalista, pero sí tengo un compromiso por contar la realidad de la forma más honesta posible.
Puedes tomar alguna que otra medida para protegerte o cubrirte las espaldas de varias maneras, pero en última instancia tu libertad e integridad física están en las manos del oficial de la SE “encargado” de vigilarte. Este es un país sin ley.
Puede suceder que un día acabes en un calabozo porque ese oficial se levantó de mal humor. Supongo que el hecho de colaborar con medios internacionales me protege un poco. Aunque desde mi regreso al periodismo en 2023 he tratado de moverme discretamente, en estos últimos meses me he expuesto bastante a causa del encarcelamiento de algunos amigos y a la posibilidad real de un cambio.
¿Te refieres a tu video sobre Ernesto Ricardo Medina y Kamil Zayas Pérez, fundadores del proyecto audiovisual independiente El4tico, hoy presos?
Sí. Y tengo también un amigo preso político, Denis Hernández Ramírez.
En Cuba, además de los conocidos ataques a comunicadores independientes por parte del Estado, hay otras fuerzas que castigan a creadores de contenido que no se atienen a ciertas narrativas. En 2026 tu canal de Youtube fue suspendido tras una entrevista que contradecía un dogma político y legal que introdujo el castrismo…
Todo fue a raíz de una entrevista que realicé a un muchacho que destrancisionó. Es decir, pasó de ser transexual a volver a identificarse con su sexo. Una destransición, dicho sea de paso, motivada por una conversión al cristianismo.
Me pareció un tema interesante y del que se habla muy poco, un testimonio que bien podía ayudar a personas que estuvieran pasando por situaciones similares. Fue una entrevista que causó mucho revuelo en su momento. Activistas LGBT cubanos no la tomaron muy bien, tildándola incluso como discurso de odio.
La aversión que generó no fue tanto por la destransición en sí, sino por declaraciones del entrevistado que podrían calificarse cómo políticamente incorrectas, como su oposición explícita al matrimonio homosexual.
La entrevista fue reportada y la plataforma determinó penalizar mi canal. A partir de entonces, mis videos dejaron de ser sugeridos y ni siquiera a los suscriptores le aparecían. Por eso determiné crear un canal nuevo, lo nombré Sírvete un café.
No tenía previsto lanzarlo tan pronto, porque quería acumular contenido antes de arrancar. Sucedió que, a principios de febrero, encarcelaron a los muchachos de El4tico, a quienes había entrevistado en octubre de 2025. En ese video quedaba claro que eran falsas las acusaciones bajo las cuales fueron encarcelados, así como toda la campaña de difamación que la dictadura montó en su contra.
En el video también mostraban su lado más humano, las personas que eran fuera del contenido político y antisistema que producen y por el que son tan conocidos en Cuba. Eso hizo que mucha gente empatizara aún más con ellos. Por eso decidí en esos días inaugurar el nuevo canal lo antes posible con ese video como el primer estreno.
A excepción de un reportaje que realicé sobre el pueblo de Gibara, todas estas semanas he estado subiendo por Sírvete un café los videos que estaban en el canal que fue penalizado. Es proceso de reedificar desde cero.
También tengo que volver a pasar por el proceso de verificación de identidad que YouTube exige para activar la monetización. Esto último es bastante engorroso para los que vivimos en Cuba, ya que debes anclar tu canal a una cuenta bancaria en el extranjero. Por lo tanto, debes contar con algún familiar o amigo que te ayude en todo ese proceso.
¿Cuál es la situación del país hoy? ¿Qué vives en la Isla y qué ves a otros vivir?
La situación del país es catastrófica.
La Habana parece una zona de guerra de lo destruida y desolada que está. Al paisaje de las ruinas y las avenidas vacías, se le suma la humareda de los vertederos de basura ardiendo y los ancianos que caen desfallecidos en las aceras. Regularmente salgo a caminar la ciudad para hacer fotos y muchas pudieran pasar por imágenes de un barrio de Gaza.
Como periodista, cubrir la realidad cubana en estos momentos es realmente desgastante a nivel emocional. Todo el tiempo estás en contacto con verdaderas tragedias y eso termina pasándote factura. Si estuviera en cualquier otro lugar no me afectara tanto, pero se trata de mi país y de mi propia gente.
En Cuba existe una crisis humanitaria en toda regla: se sufren apagones de veinte horas o más, la gente debe caminar kilómetros cargados de recipientes para acceder a un poco de agua potable, el sistema de salud no tiene insumos ni medicinas, el salario mínimo no representa ni una décima parte del precio de la canasta básica y la represión mantiene en las cárceles a más de mil presos políticos, algunos de ellos adolescentes.
Creo que, como la gran mayoría de los cubanos, tengo sentimientos encontrados de rabia, desesperación, impotencia y esperanza. Nuestro país está secuestrado por una mafia que lo ha llevado a la bancarrota total y no tendrá futuro a menos que ocurra pronto un cambio drástico.
[1] Los Acuáticos son un movimiento de religiosidad popular campesina surgido en Pinar del Río en los años 1930, alrededor de Antoñica Izquierdo, una curandera que afirmaba sanar enfermedades mediante agua, oración y fe. Sincretizaban elementos de catolicismo, visiones marianas y espiritismo.

















