Cosas que la civilización tiende a enclaustrar en la privacidad.
🔞 (Advertencia: esta galería contiene imágenes que pueden dañar su sensibilidad).
Cosas que la civilización tiende a enclaustrar en la privacidad.
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Guionistas, productoras y directoras de porno piensan este género como un lenguaje para empoderarse, superar los cuestionamientos de la industria, los insultos y atreverse a hablar del sexo.
El audiovisual pornográfico propiamente dicho continúa relegado a los márgenes del discurrir histórico, estético y discursivo del Séptimo Arte.
El cine pornográfico ‘mainstream’ está conformado pensando en la figura del ‘masturbador imbécil’. Pero, ¿qué pasa si dentro de esas estadísticas se encuentran masturbadoras?
Cuba y pornografía se perciben como términos antónimos, casi antitéticos, inconciliables, a pesar de que Cuba se cuenta entre los pioneros del cine pornográfico mundial.
“He visto cosas bastante osadas en París, pero en La Habana es espantoso. París es una escuela dominical comparada con la capital cubana”.
La pornografía expone de la manera más explícita y prosaica posible el terror al cuerpo y al sexo, injertado en la médula de la civilización occidental por la religiosidad judeo-cristiana desde hace más de dos milenios.
“Trabajo en esto: erotismo y pornografía cubana, la imagen de las putas cubanas, de mujeres prosexo. Me encantaría poder hacer redes de putas. He pensado en hacer, junto con mi novia, un podcast de y para putas. Quisiera poder hacer videos posporno, porno cubano hecho por mujeres. Quiero que perdamos los miedos”.
¿Por qué aparece el cine porno con el cine? Por las mismas razones por las que, cuando le regalas un celular a un joven, enseguida ya está queriendo probar la eficacia de la cámara y filmar sus desempeños sexuales.