El presidente Jimmy Carter acaba de morir. Parte de su legado es haber elevado la importancia del respeto a los derechos humanos.
El presidente Jimmy Carter acaba de morir. Parte de su legado es haber elevado la importancia del respeto a los derechos humanos.
Sentí aquel aroma, tan suyo, a flores y sudor. Me enloquecía, pues lo imaginaba trepando desde el interior de su vagina.
David Beckham elogia el fichaje de Lionel Messi por el Inter de Miami como un regalo para el fútbol estadounidense.
“El opio es el mejor desayuno para no sentir el impulso de llorar por la luz que no ha llegado”.
“Al siguiente día de mi primer encuentro y conversación con Reinaldo Arenas, llegué a la casa de la doctora Elia Calvo de Stalin”.
La victoria de Donald Trump ha dejado consternado a muchos que, desde distintas zonas del espectro político, lo denunciamos como un agitador con irreprimible vocación autoritaria.
Oscar Grandío Moráguez es historiador y politólogo. Autor, entre otros, del libro, ‘Mejor no me callo. Notas ante una transición en Cuba’ (Hypermedia, 2024).
“Puede que no nos dirijamos hacia un colapso general, sino hacia una época tan horriblemente estable como los imperios esclavistas de la antigüedad”.
“Hoy sí se acaba esto. Tiene que ser el día”. Ese era el sentimiento general en el Versailles, lugar siempre catalogado desde Cuba como el “epicentro de la gusanera”. Si lo que hace falta para ser un gusano top, es ir ahí, que nos vayan poniendo la medalla.
Una actriz (Lynn Cruz) ha sufrido un trauma debido al internamiento involuntario y la posterior pérdida de su padre. Paradójicamente, su propio internamiento en una institución para enfermos mentales, ahora, también es involuntario.
Hay supositorios muy efectivos para esta dolencia eufemística “progre” de izquierda: #lackofreedom, #cubandictatorship, #politicalrepression, #DíazCanelsingao.
Se siente bien sentir que los mambises están de vuelta, que ya no hay que importarlos, y que no hay quien los detenga.