Esa chica sería yo en los sesenta, una piedra rasposa y contestataria. Lástima que nací en el lugar equivocado.
Esa chica sería yo en los sesenta, una piedra rasposa y contestataria. Lástima que nací en el lugar equivocado.
En el poderío de la desnudez no sólo existe esa sinceridad acogedora, sino también el hilo del deseo, la hebra recóndita de la que uno tiraría de forma distinta.
Susan Eckstein sabe que, en un terreno clientelista, donde su peregrinación política ha cumplido función, no enfrentará la más velada crítica, sino que será alabada y aplaudida.
La mayoría de las películas proponen episodios de incomprensión entre los humanos y la inteligencia artificial.
El álbum es un manifiesto sobre la permanencia: la importancia de quedarse, de mirar alrededor y entender que el lugar que habitas también te habita a ti.
En la decadente y glamurosa Habana de los años 50, el único lugar donde había que estar era Tropicana.
Aplaudir ya es un acto intrínsecamente de izquierda. Como debatir. Como dialogar. Como cualquier tipo de cónclave o congreso. Como cualquier organización pública que involucre a más de un individuo.
Comprender por qué ha surgido esta crisis existencial para la ayuda estadounidense a la democracia es clave para evaluar si existe una vía para superarla.
Sentarse a dialogar desde el poder implica estar dispuesto a cambiar en cierto grado el rumbo. No es simplemente hablar, ni es oír con paciencia las quejas y reclamos que alguien hace para luego seguir por donde se iba.
Al final de una mañana de 1966 Calvert Casey llegó, probablemente desde Budapest, a la estación de trenes de Ginebra donde lo esperaba su amigo Juan Arcocha. Calvert iniciaba un último exilio que, como es sabido, terminaría con su suicidio en Roma.
Hay días, como hoy, en que me pesa más que otros la omnipresencia de mi Sombra. Esa mirada fría posada perennemente sobre mí. Ese atentado constante a mi intimidad.
Fragmento de la novela inédita ‘La sombra romana’, de Juan Arcocha (1927-2010).
Últimamente tengo el cuerpo cubierto de morados, heridas, postillas, dolor de huesos torcidos. Mientras estuve contigo no tuve ni un solo morado que mostrar. Un dolor tan profundo y ni huella en la superficie. Nada.