“Ciento setenta y dos años parecen ser mucho tiempo para mantener vivo el recuerdo de una persona”.
“Ciento setenta y dos años parecen ser mucho tiempo para mantener vivo el recuerdo de una persona”.
Gustavo Rodríguez, “Garrincha” (La Habana, Cuba, 1962) es periodista gráfico, caricaturista y artista visual. Vive exiliado en Miami.
La superestrella puertorriqueña Bad Bunny muestra su influencia en un exclusivo recorrido por su imperio en la música, la moda y los deportes.
Sólo dos detalles han impedido que el presidente cubano Miguel Díaz-Canel sea un invitado de honor en el Congreso estadounidense.
Deberíamos dejar a los basureros que nos gobiernen: peor que la actual dirigencia del país no lo van a hacer.
Esperar que a partir del 20 de enero las aguas vuelvan a su nivel y la retórica de perros ladrándose patio de por medio vuelva a ser lo corriente.
Me digas lo que me digas, baile contra quien baile, yo siempre voy a subir la apuesta y a trastocar la lógica del juego, maldita sea.
Una movida hueca, que sólo refuerza el trágico ciclo de las relaciones EUA-Cuba.
Capítulo del libro ‘Historia de la música popular cubana. De las danzas habaneras a la salsa (1829-1976)’, de Antonio Gómez Sotolongo (Hypermedia, 2024).
Deseo explorar lo que comúnmente llamamos apoyo al castrismo. El análisis conductista que propongo requiere que el comportamiento del individuo hable por sí mismo. Indudablemente, hay expertos cubanólogos que leen mentes. ¿Pero quién que se respete concibe semejante lectura?
“El teatro nos permite redescubrirnos y enfrentarnos a una sociedad que necesita cuestionarse y sobrevivir. Ese intercambio en el ahora, con lo que existe en cuerpo presente, y el viaje que se nos ofrece a partir de motivaciones, impulsos, reacciones, asociaciones e imágenes, solo es posible en el teatro”.
Siempre me han atraído esos coleccionistas relativamente jóvenes que atesoran obras que yo quisiera tener o que vi algún día en proceso. Ese tipo de colección me retrata. Así que esta entrevista François Vallée es un doble selfie. Los coleccionistas, con su olfato entre anárquico y romántico, casi siempre se adelantan a los críticos.
Las películas que buscan naturalizar los intercambios sexuales explícitos entre actores son poco difundidas, relegadas a circuitos especiales, encasilladas en nichos de culto o experimentales, o simplemente prohibidas. Como sucede con varias de las cintas recogidas en la lista que ofrezco a continuación.