“Mana, me voy del país. Venderé la casa con todo adentro. Haré la travesía hacia los Estados Unidos. Ya no resisto más…”.
“Mana, me voy del país. Venderé la casa con todo adentro. Haré la travesía hacia los Estados Unidos. Ya no resisto más…”.
El alto el fuego entre Israel y Hamás gana terreno con la liberación de rehenes y prisioneros, ofreciendo una frágil pausa en el conflicto más mortífero de las últimas décadas.
Vivimos en un limbo sin derechos legales, con condenas más duras en muchos casos que las impuestas a los asesinos.
Roxanna Marte es una narradora, catedrática y estratega cultural dominicana. Es directora del colectivo literario CUENTARD, creado en 2018. ‘País imposible’ es su primera novela.
Apocalipsis y singularidad representan dos absolutos: nuestro futuro tendrá que situarse en algún punto dentro de ese amplio espectro.
¿En qué época estoy viviendo? ¿En qué época estamos viviendo? ¿Y cuál es la época que ahora vive el Estado cubano?
El ODC vuelve a llamar la atención sobre el sistemático secuestro de las instituciones culturales cubanas bajo una fachada democrática.
En la Cuba real, cualquier alegría tiene que ver más con un deseo que con un estado mental donde existan motivos comprobables para el júbilo.
El castrismo y su continuidad están colimados por una crisis poblacional equivalente a un golpe demográfico.
El garrote y la mordaza no son la salida, como no lo son una insurrección o una intervención extranjera que aquí casi nadie desea. De modo que se hace indispensable aprender a convivir, a construir consensos; y reservar palabras como “enemigo”, “mercenario” y “traidor” para quien de veras las merezca.
“La vida en Cuba es muy chata. Aunque, ojo, tan chata como puede ser la de una familia cubana en Miami, solo que por razones diferentes. En la isla hace décadas que se impuso la grisura, hace rato que se acabó el relato. Lo que prevalece a nivel político, social e incluso doméstico, es una ausencia total de imaginación”.
“El teatro es sinónimo de libertad total. Los parlamentos estarán justificados mientras se defiendan con bomba y corazón. El teatro te da la fuerza para desinhibirte y decir todo lo que te has reprimido por muchísimo tiempo. Encima de las tablas es donde te lanzas sin medir las consecuencias, porque sabes que estarás a salvo”.
Fui pueblo, fui juventud, fui disidencia y viví bajo un trauma tal que hoy puedo ponerme en la piel de cualquiera de esos “oficiales operativos” y de sus víctimas. De mi experiencia han pasado más de diez años; sin embargo, ni un bando ni otro han cambiado.